Pablo de la Cruz, Santo
Memoria Litúrgica, 19 de octubre …
Hoy también se festeja a:
- • Pedro de Alcántara, Santo
- • Frideswide, Santa
- • Inés de Jesús Galand de Langeac, Beata
- • Laura de Córdoba, Santa
- • Felipe Howard, Santo
No tengáis miedo
Por: H. Alejandro Bustos, L.C. | Fuente: missionkits.org
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Jesús, te pido la fuerza necesaria para no tener miedo a ser santo.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 12, 1-7
En aquel tiempo, la multitud rodeaba a Jesús en tan gran número que se atropellaban unos a otros. Entonces Jesús les dijo a sus discípulos:
«Cuídense de la levadura de los fariseos, es decir, de la hipocresía. Porque no hay nada oculto que no llegue a descubrirse, ni nada secreto que no llegue a conocerse. Por eso, todo lo que ustedes hayan dicho en la oscuridad, se dirá a plena luz, y lo que hayan dicho en voz baja y en privado, se proclamará desde las azoteas.
Yo les digo a ustedes, amigos míos: no teman a aquellos que matan el cuerpo y después ya no pueden hacer nada más. Les voy a decir a quien han de temer: Teman a aquel que, después de darles la muerte, los puede arrojar al lugar de castigo. Se lo repito: A él sí tienen que temerlo.
¿No se venden cinco pajarillos por dos monedas? Sin embargo, ni de uno de ellos se olvida Dios; y por lo que ha ustedes toca, todos los cabellos de su cabeza están contados. No teman pues, porque ustedes valen mucho más que todos los pajarillos».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Se agolpaban, se pisaban unos a otros, mientras Jesús empezaba a hablar a la muchedumbre… Se dirige a sus discípulos, a sus amigos, a nosotros para invitarnos a ser muy valientes; a luchar con todas nuestras fuerzas por la santidad.
Nos llama amigos, nos pide no tener miedo a los que matan el cuerpo, sino a los que matan el alma; puede sonar negativo el Evangelio, pero en el fondo nos presenta una oportunidad de decidirnos por Cristo y enamorarnos de Él.
Tomemos conciencia de que nuestra vida es una, que no hay nada oculto que no llegue a conocerse. Lo mejor que se puede conocer de nosotros es que amamos, seguimos a Cristo y luchamos por ser santos.
Pero en medio del torbellino, el cristiano no debe perder la esperanza, pensando en haber sido abandonado. Jesús nos tranquiliza diciendo: «Hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados». Como diciendo que ninguno de los sufrimientos del hombre, ni siquiera los más pequeños y escondidos, son invisibles ante los ojos de Dios. Dios ve, y seguramente protege; y donará su recompensa. Efectivamente, en medio de nosotros hay alguien que es más fuerte que el mal, más fuerte que las mafias, que los entramados oscuros, que quien se lucra sobre la piel de los desesperados, que el que aplasta a los demás con prepotencia… Los cristianos entonces deben hacerse encontrar siempre «en el otro lado» del mundo, el elegido por Dios: no perseguidores, sino perseguidos; no arrogantes, sino dóciles; no vendedores de humo, sino sometidos a la verdad; no impostores, sino honestos.
(Audiencia de S.S. Francisco, 28 de junio de 2017).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy viviré mi vida cristiana con autenticidad, cuando se presente la ocasión contraria.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Padres y madres Millenials
Por: Antonio Maza Pereda | Fuente: Red de Comunicadores Católicos
Hace poco, conociendo una iglesia, pude ver el bautizo de un bebé. El padre y la madre, tal vez de poco menos de 30 años, acompañados por un par de docenas de muchachos de esas mismas edades, casi todos casados, y varios con niños muy pequeños. Algunos abuelos, unos pocos hermanos y algunos novios. El sacerdote, obviamente feliz, trasmitía su alegría a esa pequeña congregación.
No puedo menos que reflexionar sobre este fenómeno de los jóvenes a los que llamamos Millenials, que van llegando a la edad de tener hijos. Mucho se habla de, y se critica a este grupo de edades: que si no se comprometen, que si le tienen temor al matrimonio y mucho más al compromiso que significa criar algunos hijos. Son la segunda o tercera generación después de la rebelión silenciosa contra las directrices de la Iglesia respecto al control natal. También la generación que ha vivido la aceptación del aborto como algo mucho más extendido.
Pero, sin embargo, allí están. Chicos y chicas felices, gozando de su paternidad. Formando grupos que salen juntos, se divierten juntos, y que se apoyan unos a otros en las mil y una pequeñas crisis de la crianza de un bebé.
Jóvenes mamás que se comunican a través de Facebook u otros medios de comunicación para compartir experiencias, darse apoyo, ayudarse mutuamente. Blogs dedicados a transmitir información confiable a las mamás y los papás en aspectos médicos. Grupos de ayuda mutua en la lactancia. En fin, los Millenials están encontrando nuevos modos de ayudarse en la alegre tarea de criar a los hijos.
Creo que hay otro aspecto. Se ha dicho, con razones, que los Millenials están apartados de la Iglesia. Que perciben falta de autenticidad en los que decimos creer en el catolicismo. Que las ceremonias, los rituales que han inspirado a muchas generaciones, ya no les dicen nada. Y creo que es así. Sin embargo, también es claro que el hecho de que la llegada de un hijo pudiera cambiar esa situación. La ternura, la fragilidad de una nueva criatura resuena en el corazón del papá y la mamá. Y ante una tarea que a veces se antoja compleja y difícil, muchos jóvenes matrimonios están regresando a la Iglesia.
Y no sólo para el bautismo: en algunas parroquias, en paralelo a la preparación para la primera comunión, se arman grupos de padres de familia para recibir también una catequesis qué, en muchos casos, no habían recibido desde su primera comunión. Esto, por supuesto, no es nada nuevo. Mi Abuelo fue un hombre radicalmente anticlerical. Tanto así, que se negó a ir a la boda de mi Madre, por no estar donde había sacerdotes. En un ambiente así, mi Madre fue educada sin religión. Mi Padre, sin embargo, sí insistió en que los hijos se bautizaran e hicieran la primera comunión. Y mi Madre, revisando nuestras lecciones del catecismo, encontró la fe que arraigó en ella de una manera profunda.
Sí, los bebés evangelizan a sus Padres. Tal vez por ello a este Mundo no le gusta que existan bebés en las familias. No es sólo la limitación del número de hijos, no es sólo la difusión de las ventajas las familias sin responsabilidades paternas. Se percibe un rechazo a los niños. Ejecutado, desgraciadamente, en hechos tan terribles como el aborto, la trata de menores y la pederastia.
A mí me alegra profundamente ver a estos chicos y chicas Millenials disfrutando de su paternidad. Ellos son, nos guste o no, el futuro de la Iglesia, el futuro de la Patria. Y qué mejor cimiento para ese futuro que la felicidad de sus niños y de sus relaciones de pareja.
¿Qué podemos hacer otras generaciones para ayudarles? Probablemente lo más difícil, pero indispensable, es ganarnos su confianza. Mostrarles nuestra alegría al verlos felices, hacerles notar el amor en la mirada de sus bebes cuando ven a su padre o a su madre. No imponer, no señalar, no criticar. Ser congruentes. No insistir en los errores. Acompañarlos, dice el Papa Francisco, con mucha razón.
