
Elena, Santa
Reina, 18 de agosto …
Hoy también se festeja a:
- • Alberto Hurtado Cruchaga, Santo
- • Floro, Lauro y compañeros, Santos
- • Reinaldo de Concorégio, Beato
- • Ángel María (José Sánchez Rodríguez), Beato
- • Rosario Ciércoles Gascón, Beata
El proyecto de amor que Dios quiere
Santo Evangelio según San Mateo 19,3-12. Viernes XIX de Tiempo Ordinario.
Por: H. Cristian Gutiérrez, L.C. | Fuente: missionkits.org

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Creo en Ti, Señor. Confío en Ti y pongo en tus manos todo lo que soy y lo tengo. Sé que Tú nunca me vas a fallar y que contigo todo lo puedo. Te amo porque quiero amarte y no sólo porque me lo pides. Quiero amarte más y mejor. Ayúdame a serte fiel en todos los momentos del obrar cotidiano y concédeme aquellas gracias que más necesito en este momento. Te pido por todos los miembros del Movimiento que, en cualquier parte del mundo, nos unimos a Ti en esta oración y ayúdanos a ser tus apóstoles incansables.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 19,3-12
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y, para ponerle una trampa, le preguntaron: «¿Le está permitido al hombre divorciarse de su esposa por cualquier motivo?».
Jesús les respondió: «¿No han leído que el Creador, desde un principio los hizo hombre y mujer, y dijo: ‘Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre, para unirse a su mujer, y serán los dos una sola cosa?’ De modo que ya no son dos, sino una sola cosa. Así pues, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».
Pero ellos replicaron: «Entonces ¿por qué ordenó Moisés que el esposo le diera a la mujer un acta de separación, cuando se divorcia de ella?».
Jesús les contestó: «Por la dureza de su corazón, Moisés les permitió divorciarse de sus esposas; pero al principio no fue así. Y yo les declaro que quienquiera que se divorcie de su esposa, salvo el caso de que vivan en unión ilegítima, y se case con otra, comete adulterio; y el que se case con la divorciada, también comete adulterio».
Entonces le dijeron sus discípulos: «Si ésa es la situación del hombre con respecto a su mujer, no conviene casarse». Pero Jesús les dijo: «No todos comprenden esta enseñanza, sino sólo aquellos a quienes se les ha concedido. Pues hay hombres que, desde su nacimiento, son incapaces para el matrimonio; otros ha sido mutilados por los hombres, y hay otros que han renunciado al matrimonio por el Reino de los cielos. Que lo comprenda aquel que pueda comprenderlo».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
En este pasaje me das algunas lecciones sobre el amor. Amor es una palabra demasiado utilizada en el mundo de hoy. Pero se queda en eso, en palabra. El amor es lo más genérico que puede mencionarse. Para muchos, Señor, el amor es sentimiento, es emoción, es gusto, es placer, es actividad, es mariposeo en el estómago, es rubor en las mejillas, es poesía, es literatura, es novela, es letra de canciones. Pero ¿qué es el verdadero amor? ¿Cuál es el amor que pensaste para el hombre?
En efecto, estas descripciones del amor son demasiado pobres para expresar tan sublime realidad. Tan pobres, que por ello encuentro a tantos que «amando» se sienten infelices, insatisfechos, vacíos, pobres. Se sienten objetos, no personas. Se descubren utilizados más que amados. Se hallan en arenas movedizas más que en suelo firme. Buscador de amor podría ser una definición del hombre. Hecho para el amor, pero un amor verdadero, fuerte, fiel, generoso, sincero, duradero, desinteresado, libre, real. No para ése contaminado, pobre, mezquino, falso, ilusorio, irreal, pasajero, que el mundo pone a la venta en cualquier lugar.
Es desde la perspectiva del amor verdadero desde donde se mira el matrimonio y la virginidad. «Que lo comprenda aquel que pueda comprenderlo» es lo que dices al final del pasaje. Ambos son dones que Tú das para salvaguardar el verdadero amor. Son como los cofres que lo conservan, las cajas fuertes que lo protegen, las bóvedas que los mantienen frescos.
El matrimonio es un regalo tuyo para aquellos que han sabido acoger tu amor y desde él, amar al otro. Entonces el motivo de la unión no es sólo el amor de un hombre por una mujer o al contrario, sino que será tu mismo amor que los ha unido y los quiere mantener así. El uno es instrumento de tu amor por el otro. Tú te encargarás de custodiar ese amor. Porque el amor del matrimonio implica fidelidad, responsabilidad por el otro, cuidado de la pareja, atención a los detalles, frescura en el trato, sinceridad y verdad a toda prueba; saber perdonar y pedir perdón; acoger al otro como es y no como yo quiero que sea; implica renuncia a sí mismo, entrega al otro, desinterés, cariño, sacrificio, ternura. ¡Éste es amor verdadero! No lo que me vende el mundo actual.
Señor, si el matrimonio ya es un don difícil de entender, más lo es el don de la virginidad o la castidad consagrada. Pero ambos son dones tuyos, y por ello ambos son valiosos, hermosos, buenos, santos. Son los que renuncian al matrimonio por entregarse de lleno al servicio del Reino, no porque el matrimonio sea algo malo, sino porque simplemente das a cada uno el tesoro que le corresponde. La castidad o la virginidad no es un «no» al amor. (Así lo ve el mundo de hoy). Por el contrario, es un «Sí» al amor verdadero. Porque así como los esposos se entregan al otro y el motivo de su unión es tu amor por los dos, de igual manera el consagrado se entrega a Ti, y a los demás, movido por el amor que le das y que quiere transmitir.
Amar verdaderamente, en ambos casos, es saberse amado por Ti y ser capaz de amar al otro. Es saberse amado por Ti y entregarse, sacrificarse, donarse para que el otro sea feliz, se sepa amado, se realice, sacie su sed de amor que lleva dentro.
De hecho, sólo a la luz de la locura de la gratuidad del amor pascual de Jesús será comprensible la locura de la gratuidad de un amor conyugal único y usque ad mortem. Para Dios, el matrimonio no es una utopía de adolescente, sino un sueño sin el cual su creatura estará destinada a la soledad. En efecto el miedo de unirse a este proyecto paraliza el corazón humano. Paradójicamente también el hombre de hoy -que con frecuencia ridiculiza este plan- permanece atraído y fascinado por todo amor auténtico, por todo amor sólido, por todo amor fecundo, por todo amor fiel y perpetuo. Lo vemos ir tras los amores temporales, pero sueña el amor autentico; corre tras los placeres de la carne, pero desea la entrega total.»
(Homilía de S.S. Francisco, 4 de octubre de 2015).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy viernes, rezaré el vía crucis para meditar sobre la gratuidad del amor de Dios y procuraré hacer un balance sobre la calidad de mi amor.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Se pueden salvar los no bautizados?
Sí, pero aún así es mediante la unión sacramental a Cristo
Por: P.J. Ginés | Fuente: Religión en Libertad
Cada vez hay más personas sin bautizar en los países occidentales. Muchas veces padres que fueron bautizados de niños pero nunca desarrollaron la fe deciden no bautizar a sus hijos. Otras veces se debe a que llegan a Occidente personas de culturas no cristianas (de países islámicos, excomunistas o asiáticos).
Estas personas son amigos y vecinos de los cristianos y recordamos las palabras de Jesús: “El que crea y se bautice se salvará” (Mc 16,16). También gracias a las nuevas tecnologías podemos tratarnos con socios, amigos o conocidos en Singapur o Dakar, en una cultura muy distinta a la nuestra, que estén sin bautizar.
Por supuesto, el cristianismo es una religión misionera y Jesús ordenó «id y anunciad el Evangelio, bautizad y haced discípulos, enseñar a guardar lo que os he enseñado».
Pero ¿es posible que la gracia del bautismo llegue a las personas que están sin bautizar? Este es uno de los temas más interesantes que trata José Granados García en su nuevo manual Tratado general de los sacramentos (BAC, 2017), una completa exploración de la eficacia de los sacramentos en 350 páginas. Granados, profesor de Dogmática en el Instituto Juan Pablo II de la Universidad Lateranense en Roma, insiste en la importancia de lo corporal en la fe católica… eficaz incluso cuando no es aparente.
El Buen Ladrón: al Paraíso sin bautizarse
“La Iglesia entenderá que el bautismo es necesario para la salud [salvación], pero sabrá también que cuando el bautismo no se puede realizar por razones ajenas al sujeto, Dios lo cuenta por hecho. San Agustín pone el ejemplo del Buen Ladrón, que llegó al paraíso sin bautismo. Aunque más adelante duda si se bautizó o no (¿le salpicaría el agua derramada del costado de Cristo?) opina que, aún no bautizado, alcanzaría la salud”, escribe Granados, citando la catequesis “De Baptismo” XXII, 29 del santo de Hipona.
“El Buen Ladrón se salvaría no por el bautismo de agua, sino por su fe y su conversión. Lo mismo se dirá de los catecúmenos que mueren antes del bautismo y de los mártires no bautizados”, añade Granados.
El judío que se autobautizó: inválido, pero salvífico
En una carta del año 1206, el Papa Inocencio III comenta el caso de un judío que se bautizó a sí mismo. Aunque el Papa considera que como tal bautismo no sería “válido” (el bautismo lo ha de impartir una persona a otra distinta) pero afirma que esta persona iría al Cielo al morir, puesto que aunque no tenía “el sacramento de la fe” tenía “fe en el sacramento”.
Pedro Lombardo, teólogo del siglo XII muy influyente durante muchos siglos por su Libro de Sentencias, ya consideraba que hay quienes sin celebrar el sacramento reciben la gracia (Sent IV, d4, c1, n1). Y San Buenaventura y otros medievales hablaban de que además del bautismo de agua (el habitual), y del de sangre (el de los mártires, aunque no hubieran sido bautizados con agua) está uno «de llama» (flaminis) que se recibe «por tener la caridad o por la contrición del corazón».
Hay que dejar claro que los medievales insisten en que esto es así sólo si queriendo celebrar el sacramento hay imposibilidad de ello. Citaban a San Agustín: «lo que quieres hacer y no puedes, Dios lo computa como hecho» (aunque parece que San Agustín se refería a obras malas, en Enarrationes in Psalmos LVII, 4).
Los sacramentos son necesarios… para el hombre, no para Dios
«En todo caso, el efecto de la gracia pasa por el sacramento, en cuanto se exige el afán por recibirlo. Si tal requisito se rechazara, la gracia no nos alcanzaría. Por eso el Concilio de Trento [en el siglo XVI] definirá que los sacramentos son necesarios para la salvación, al menos ‘in voto’ [en deseo]», añade Granados.
El autor detalla que «cuando se habla de la necesidad de los sacramentos esta se entiende no en cuanto obligación que constriñe a Dios, sino por parte del hombre que debe ser salvado, ‘ex parte subiecti’ [por parte del sujeto]. Son necesarios no solo porque Dios los manda, sino porque son el medio adecuado por el que él transmite su gracia, para salvar al hombre modelado del barro«.
Cuando ni siquiera se conoce a Cristo
Pero, ¿y si no ha habido ni siquiera bautismo de deseo, y si ni siquiera la persona ha llegado a conocer a Cristo ni su bautismo?
Granados afirma que esa gracia podría llegar «también a aquellos que sin culpa de su parte no han encontrado a Cristo ni se han acercado al bautismo y a los demás sacramentos, pero que lo habrían hecho de haberle conocido. Dios les puede salvar al margen de la celebración sacramental, en cuanto se supone que habría existido este deseo si les hubiera llegado noticia del bautismo».
Estar sin rito no estar sin sacramento
Después Granados matiza que «la posibilidad de salvarse sin cumplir el rito no implica que la redención sea extrasacramental. El significado del rito brota del lenguaje del cuerpo de Cristo, al que se incorpora el cristiano. La salvación del hombre no sucede en lo recóndito del alma, sino siempre en modo corporal, es decir, a través de nuestras relaciones con el mundo y los hombres. Puede faltar el rito, lo que no puede faltar es la asimilación corporal a Jesús y a sus hermanos. Si todo hombre de buena voluntad logra salvarse es porque el Espíritu le concede que se vincule de algún modo al misterio pascual para agregarle al Pueblo de Dios» (citando aquí Gaudium et Spes 22).
Unidos al cuerpo de Cristo para entrar al Cielo
Los que entran en el Reino (en el Cielo) lo harán participando en un cuerpo sacramental configurado al de Cristo, dice el autor. «Y ya en esta vida, por tanto, participan en cierta forma del modo de relacionarse de Jesús, presente en semilla en las experiencias originarias de todo hombre y en las diferentes culturas.
Granados detalla luego que «la lógica de los sacramentos, o sea, la comunicación de la gracia por las relaciones arraigadas en la carne de Jesús, es la única escogida por Dios para llevarnos a sí». Es conveniente «para la santidad y justicia del hombre, criatura corporal llamada a la glorificación en su carne. Se trata de una necesidad absoluta por parte del hombre en lo que toca no a la ejecución del rito sino a la entrada en el espacio relacional de Jesús. El rescate de Dios a los suyos, aún sin que ocurra el sacramento, sigue siempre una lógica sacramental«, concluye.