
Luisa de Marillac, Santa
Patrona de la Asistencia Social, 15 de marzo …
Hoy también se festeja a:
- • Menigno, Santo
- • Sisebuto, Santo
- • Pío Conde Conde, Beato
- • Zacarías, Santo
- • Plácido Riccardi, Beato
Prudencia y libertad
Santo Evangelio según San Juan 7, 1-2. 10. 25-30. Viernes IV de Cuaresma.
Por: César Yali Molina Flores, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Concédeme, Señor, poder actuar con prudencia en cada momento.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 7, 1-2. 10. 25-30
En aquel tiempo, Jesús recorría Galilea, pues no quería andar por Judea, porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba ya la fiesta de los judíos, llamada de los Campamentos. Cuando los parientes de Jesús habían llegado ya a Jerusalén para la fiesta, llegó también él, pero sin que la gente se diera cuenta, como incógnito. Algunos, que eran de Jerusalén, se decían: «¿No es éste al que quieren matar? Miren cómo habla libremente y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que es el Mesías? Pero nosotros sabemos de dónde viene éste; en cambio, cuando llegue el Mesías, nadie sabrá de dónde viene». Jesús, por su parte, mientras enseñaba en el templo, exclamó: «Con que me conocen a mí y saben de dónde vengo… Pues bien, yo no vengo por mi cuenta, sino enviado por el que es veraz; y a él ustedes no lo conocen. Pero yo sí lo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado». Trataron entonces de capturarlo, pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
El Evangelio del día te invita a ser prudente. Jesús mismo da ejemplo pues, sabiendo que «los judíos trataban de matarlo», salió hacia Jerusalén para las fiestas y, como dice la Escritura, «lo hizo sin que la gente se diera cuenta, como incógnito.» Y este modo de actuar no le impidió hablar con libertad.
El actuar con libertad va de la mano con la prudencia. Cuántas veces te has expuesto al peligro por falta de reflexión, solamente por satisfacer tus caprichos, por ejemplo: salir a un evento – fiesta, reunión, concierto, etc., y has regresado a casa a horas poco convenientes. Puedes notar que Jesús salió a celebrar la fiesta de los campamentos, pero lo hizo con prudencia; a ti te invita a disfrutar de la vida saliendo con tus amigos y personas de confianza o realizando cualquier actividad que sea de provecho en todos los ámbitos de tu vida, pero actuando con prudencia.
Aprende a cuidar tu relación, sea matrimonial o de noviazgo o amistad. Si eres padre y madre, cuida a tus hijos, conversa con ellos, muéstrales y dales amor más que tecnologías y cosas superficiales; recuerda que los hijos necesitan el calor de sus papas, más que la compañía de las institutrices – nanas -, necesitan de tus palabras no de tus mensajes de texto. Si eres hija(o) y sientes la lejanía de tus padres, comprende que probablemente ellos no lo hacen por mal, simplemente no saben cómo acercarse a ti y, en el fondo, llevan heridas que deben de sanar. Jesús cuidó a su familia y a sus discípulos, dejó que ellos fuesen antes y luego llegó para seguir enseñando.
Tal vez te preguntas qué tiene que ver el cuidar a tu familia con la prudencia en tu forma de actuar. La respuesta es simple, nuestro comportamiento es un reflejo de lo que vivimos en nuestro círculo familiar y, cuanto más fuerte sea el lazo familiar, el comportamiento con los amigos, en el colegio o universidad – si eres joven -, en el trabajo o proyectos que realices – si eres soltera(o) o casada(o) -, será el de una persona prudente que sabe vivir la vida siendo libre en su actuar.
«La libertad no es poder hacer siempre lo que se quiere: esto nos vuelve cerrados, distantes y nos impide ser amigos abiertos y sinceros; no es verdad que cuando estoy bien todo vaya bien. No, no es verdad. En cambio, la libertad es el don de poder elegir el bien: esto es libertad».
(S.S. Francisco, Homilía, 24 de abril de 2016).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Analizaré en qué circunstancias tengo que actuar con más prudencia y procuraré hacerlo.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
La ideología de género, una amenaza para la humanidad y la vocación
La vida de cada uno de nosotros, sin excepción, no es un accidente; nuestra existencia en el mundo no es un mero fruto del azar.
Por: Redacción | Fuente: Catholic.net

El encuentro entre hombres y mujeres
Es muy importante que exista este encuentro, este encuentro entre hombres y mujeres, porque hoy «el peligro más feo es la ideología de género, que anula las diferencias. Esta ideología pretende borrar las distinciones naturales y complementarias entre el hombre y la mujer, y hacer que todo sea igual. Pero borrar la diferencia es borrar la humanidad. El hombre y la mujer, sin embargo, se encuentran en una fructífera “tensión” que los enriquece y los llama a una comunión de amor».
Una novela profética
Estas palabras son del Papa Francisco, que en una reciente audiencia general recordó haber leído una novela de principios del siglo XX, escrita por el hijo del arzobispo de Canterbury: El Señor del Mundo. La novela habla del futuro y es profética, porque muestra esta tendencia a borrar todas las diferencias. Es interesante leerla, si tienes tiempo, porque existen estos problemas de hoy; ese hombre era un profeta.
La vida como vocación
El Papa también invitó en esa audiencia a los participantes de la conferencia internacional: «Hombre-Mujer imagen de Dios», a redescubrir la belleza de la vida del ser humano como una vocación. No lo olvidemos: la dimensión antropológica, que subyace a toda llamada en el seno de la comunidad, tiene que ver con una característica esencial del ser humano como tal: es decir, que el hombre mismo es vocación. Cada uno de nosotros, tanto en las grandes elecciones que atañen a un estado de vida, como en las numerosas ocasiones y situaciones en las que se encarnan y toman forma, se descubre y se expresa como llamado, como vocación, como persona que se realiza en escuchar y responder, compartir el propio ser y los propios dones con los demás para el bien común.
La identidad en relación
Este descubrimiento nos saca del aislamiento de un ego autorreferencial y nos hace mirarnos como una identidad en relación: existo y vivo en relación con quien me generó, con la realidad que me trasciende, con los demás y con el mundo que me rodea, en relación con el cual estoy llamado a abrazar con alegría y responsabilidad una misión específica y personal. Esta verdad antropológica es fundamental porque responde plenamente al deseo de realización y felicidad humana que vive en nuestros corazones.
El riesgo de la reducción materialista
En el contexto cultural actual tendemos a veces a olvidar u oscurecer esta realidad, con el riesgo de reducir al ser humano a sus únicas necesidades materiales o primarias, como si fuera un objeto sin conciencia y sin voluntad, simplemente arrastrado por la vida como parte de un engranaje mecánico. Y en cambio el hombre y la mujer son creados por Dios y son imagen del Creador; es decir, llevan en sí un deseo de eternidad y de felicidad que Dios mismo ha sembrado en sus corazones y que están llamados a realizar mediante una vocación específica.
La sana tensión interna
Por eso vive en nosotros una sana tensión interna que nunca debemos sofocar: estamos llamados a la felicidad, a la plenitud de vida, a algo grande a lo que Dios nos ha destinado. La vida de cada uno de nosotros, sin excepción, no es un accidente; nuestra existencia en el mundo no es un mero fruto del azar, sino que somos parte de un proyecto de amor y estamos invitados a salir de nosotros mismos y hacerlo realidad, para nosotros y para los demás.
La misión como naturaleza
Por eso, si es cierto que cada uno de nosotros tiene una misión, es decir, estamos llamados a ofrecer nuestra propia contribución para mejorar el mundo y configurar la sociedad, siempre me gusta recordar que no es una tarea externa encomendada a nuestras vidas, sino de una dimensión que involucra nuestra propia naturaleza, la estructura de nuestro ser hombre-mujer a imagen y semejanza de Dios: no sólo se nos ha confiado una misión, sino que todos y cada uno de nosotros somos una misión.