- • Francisco Fernández de Capillas, Santo
- • Nicolás Gross, Beato
- • Arnoldo Janssen, Santo
- • Mauro, Santo
Levántate, toma tu camilla y anda
Milagros
Por: Vicente David Yanes | Fuente: Catholic.net

Del santo Evangelio según san Marcos 2, 1-12
Entró de nuevo en Cafarnaúm; al poco tiempo había corrido la voz de que estaba en casa. Se agolparon tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio, y él les anunciaba la Palabra. Y le vienen a traer a un paralítico llevado entre cuatro. Al no poder presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo encima de donde él estaba y, a través de la abertura que hicieron, descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados». Estaban allí sentados algunos escribas que pensaban en sus corazones: «¿Por qué éste habla así? Está blasfemando. ¿Quién puede perdonar pecados, sino Dios sólo?» Pero, al instante, conociendo Jesús en su espíritu lo que ellos pensaban en su interior, les dice: «¿Por qué pensáis así en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: «Tus pecados te son perdonados», o decir: «Levántate, toma tu camilla y anda?» Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados – dice al paralítico -: «A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.»» Se levantó y, al instante, tomando la camilla, salió a la vista de todos, de modo que quedaban todos asombrados y glorificaban a Dios, diciendo: «Jamás vimos cosa parecida».
Oración introductoria
Padre y Señor mío, bien conoces mi fragilidad y lo difícil que me es guardar silencio y apartarme de las distracciones durante mi meditación. Permite que tu Espíritu Santo me lleve ante Ti, como lo logró el paralítico, y que sepa ser dócil a tu gracia.
Petición
Señor, ¡sáname!, para que sea tu discípulo y misionero.
Meditación del Papa Benedicto XVI
La misericordia es algo difícil de entender. Alguien podría preguntar: Pero, padre, ¿la misericordia no borra los pecados? No, lo que borra los pecados es el perdón de Dios. La misericordia es la forma como Dios perdona. Porque Jesús podía decir: ‘Yo te perdono. ¡Vete!’, como le ha dicho a aquel paralítico que le habían bajado desde el techo: ¡Tus pecados te son perdonados! Aquí dice: ¡Vete en paz! Jesús va más allá. Le aconseja de no volver a pecar. Aquí se ve la actitud misericordiosa de Jesús: defiende al pecador de sus enemigos; defiende al pecador de una condena justa. También nosotros, cuántos de nosotros, tal vez deberíamos ir al infierno, ¿cuántos de nosotros? Y esa condena es justa… y Él perdona más allá. ¿Cómo? Con esta misericordia.
La misericordia va más allá y transforma la vida de una persona de tal manera que el pecado sea dejado de lado. Es como el cielo: Nosotros miramos al cielo, tantas estrellas, tantas estrellas; pero cuando llega el sol, por la mañana, con tanta luz, las estrellas no se ven. Y así es la misericordia de Dios: una gran luz de amor, de ternura. Dios no perdona con un decreto, sino con una caricia, acariciando nuestras heridas del pecado. Porque Él está involucrado en el perdón, está involucrado en nuestra salvación. Y así Jesús hace de confesor: no la humilla, no le dice: ‘Qué has hecho, dime ¿Y cuándo lo has hecho? ¿Y cómo lo has hecho? ¿Y con quién lo has hecho?’ ¡No! ‘Vamos, vamos y de ahora en adelante ¡no peques más!’. Es grande la misericordia de Dios, es grande la misericordia de Jesús. ¡Nos perdona acariciándonos! (Cf Homilía de S.S. Francisco, 7 de abril de 2014, en Santa Marta).
Reflexión
«El interés tiene pies». «Querer es poder». «El que quiere azul celeste que le cueste». Estas tres sentencias de la filosofía popular fueron aplicadas con éxito por los parientes del paralítico. Jesús estaba en una casa «atrapado» por las multitudes: imposible el acceso por los caminos convencionales. Así que: ¡fuera techo!
Los familiares del paralítico buscaban la salud para el cuerpo de un pariente. Jesús le dio más y le otorgó también la del alma, mucho más valiosa.
Propósito
En mi oración, pedir a Dios que aumente mi fe.
Diálogo con Cristo
Sólo Tú puedes devolver a nuestras vidas el estado de gracia. Sólo Tú curas nuestras heridas con el bálsamo de tu amor. ¡Qué afortunados somos, pues no tenemos que desmantelar tejados para obtener tu perdón!
Nosotros mismos podemos acudir sin que nadie tenga que llevarnos…
7 maneras de criar hijos infelices
Educación hijos
Por: P. Adolfo Güémez, L.C. | Fuente: Catholic.net

El título de este artículo ya es de por sí ridículo. ¿Qué padre o madre –en su sano juicio– no buscan a toda costa la felicidad de sus hijos? Y sin embargo, su comportamiento denota muchas veces lo contrario.
Voy a mencionar 7 conductas que sin duda harán que el futuro de tus hijos sea infeliz:
1. Dales todo lo que te pidan: los hijos son caprichosos por naturaleza. Siempre lo han
sido. Exigen lo que quieren, y si no… ¡ya saben que palito tirar para que sus papás se
derrumben a sus pies! El problema no son ellos. El problema son los padres, que antes eran capaces de resistir a sus presiones, pero que hoy se doblan ante esos pequeños tiranos con más facilidad que un popote.
2. Evítales toda frustración: el instinto de un papá o mamá es el de proteger a sus hijos de todo peligro. Y eso está bien. Pero una cosa es la protección, y otra la sobreprotección. Cuando se busca que los niños simplemente no tengan ningún contratiempo, estás haciéndoles vivir en un mundo ilusorio. Y tarde o temprano tú no estarás ahí cuando les toque conocer el de verdad. A los niños hay que educarlos. Y esto significa también enseñarles a superar las dificultades, a defenderse de las agresiones, a proteger a los débiles, a compartir con el que no tiene, aunque conlleve una renuncia. No seas fácil en resolverles todos sus problemas. Deja que aprendan. Como dice el viejo proverbio: «No les des el pescado, mejor enséñales a pescar».
3. Sé el primero en romper las reglas: en toda casa deben de existir reglas. Y los primeros obligados a cumplirlas deben ser los padres. Cuando le pides a tu hijo algo que tú mismo no eres capaz de hacer, estás dañando tu propia autoridad. Y viceversa, si eres el primero que cumples lo que dices, entonces generarás una gran admiración y emulación de parte de ellos.
4. Muéstrate perfecto: claro que tú también te equivocas, pero no por eso eres peor
persona. Aprovecha tus errores para enseñarles a tus hijos lo que no deben de hacer. El peor error es esconder con vergüenza los propios errores.
5. Llénalos de cosas: vivimos en un mundo materialista, y esto nos influye fuertemente.
Creemos que el cariño se demuestra sobre todo con regalos. ¡Nada más equivocado! El
verdadero amor es incondicional, y si tú, para expresar amor o sentirte querido siempre lo haces con regalos, entonces tus hijos crecerán pensando que para amar antes tienen que recibir algo. Acostúmbralos a descubrir que hay personas y acciones por las que vale la pena darlo todo, aunque uno no reciba nada a cambio.
6. Confundir inteligencia con madurez: es muy fácil escuchar a papás que dicen: «Es que mi hijo es muy inteligente. Por eso siempre me saca lo que quiere». No puedes permitirte esto. Aunque a veces pareciera que piensan más rápido que tú, que tienen preguntas que no sabes, que sacan conclusiones asombrosas, no confundas esto con la madurez, que es la capacidad de ser responsables, de actuar de acuerdo a la palabra dada. Una pregunta difícil no los hace superiores a ti.
7. Trata a Dios como si sólo existiera los domingos: si tu relación con Dios se limita a la misa dominical y poco más, viviendo el resto de la semana como si no existiera, entonces estrás generando una dicotomía muy fuerte en su alma. Los niños saben que Dios es lo más importante. Que está vivo. Que toca todos los aspectos de la vida. Es por esto que deben ver esto reflejado también en ti: en la manera en que das gracias, en que encomiendas tu día, enque bendices los alimentos, en que te confiesas, comulgas, etc.
