Juan de la Cruz, Santo
Memoria Litúrgica, 14 de diciembre …
Hoy también se festeja a:
- • Buenaventura de Pistoya, Beato
- • Francisca Schervier, Beata
- • Espiridión de Tremitunte, Santo
- • Nimattullah Al-Hardini, Santo
- • Venancio Fortunato, Santo
La sabiduría de Dios
Por: H. Hans Candell, L.C. | Fuente: missionkits.org
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor Jesús, te entrego este momento de mi vida; dispón de él para hablarme y mostrarme tu voluntad para mí.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 11, 16-19
- aquel tiempo, Jesús dijo: «¿Con qué podré comparar a esta gente? Es semejante a los niños que sientan en las plazas y se vuelven a sus compañeros para gritarles: ‘Tocamos la flauta y no han bailado; cantamos canciones tristes y no han llorado’.
Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dijeron: ‘Tiene un demonio’. Viene el Hijo del hombre, y dicen: ‘Ese es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y gente de mal vivir’. Pero la sabiduría de Dios se justifica a sí misma por sus obras».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
El Evangelio comienza con esta pregunta de Jesús: «¿A quién se parece esta generación?», porque en su sentir se parece a los chiquillos que sentados en las plazas se gritan unos a otros: «Tocamos la flauta, y no han bailado, hemos entonado canciones tristes, y no han llorado». Y es que vino Juan, que ni comía ni bebía, y dijeron: «tiene un demonio». Luego vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: «Ahí tienen a un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores». Aunque esta acusación se desvirtúa con la Sabiduría de Dios que se justifica a sí misma por sus obras.
Es claro que, a los líderes, a los sabios o los que tienen el poder no les gusta que alguien los critique o desafíe y, obviamente, no aceptan a esa persona. Pero también existen personas que se apegan a lo que siempre han vivido y no aceptan otro modo de explicar y vivir la fe; entonces, inventan motivos y pretensiones para no aceptarlo. Por estas razones, Jesús se queja por la falta de coherencia, pues hay quienes inventan cualquier pretexto para no aceptar el mensaje de Dios anunciado por Él. Por eso reacciona y demuestra la incoherencia, pero no sólo del pueblo judío, sino también de la humanidad actual, ya que algunos se consideran sabios, pero son como niños que quieren divertirse en la plaza y se rebelan cuando la gente no se mueve según la música que ellos tocan.
Otros se consideran sabios sin serlo y aceptan solamente a aquellos que tienen sus mismas ideas, pero se condenan por su actitud incoherente. La Sabiduría Divina ha intentado atraer al ser humano de diversas maneras y este tiempo de Adviento es propicio para entrar en la sintonía de entablar una relación profunda y sana con Dios. Pero vale interrogarse: ¿Sigo el camino de Dios o el mío? ¿Mi actuar es coherente con la fe que profeso? Jesús ha sido quien ha dado sentido a la vida del ser humano al redimirlo y salvarlo, pero ¿será que de corazón puedo decir: ¡Jesús en Ti confío!? Es decir, ¿hago la Voluntad de Dios?
Esta es la elección que tenemos delante: vivir para tener en esta tierra o dar para ganar el cielo. Porque para el cielo no vale lo que se tiene, sino lo que se da, y «el que acumula tesoro para sí» no se hace «rico para con Dios». No busquemos lo superfluo para nosotros, sino el bien para los demás, y nada de lo que vale nos faltará. Que el Señor, que tiene compasión de nuestra pobreza y nos reviste de sus talentos, nos dé la sabiduría de buscar lo que cuenta y el valor de amar, no con palabras sino con hechos.
(Homilía de S.S. Francisco, 19 de noviembre de 2017).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Poner especial atención a mis actitudes durante el día, asegurándome que sean coherentes con mi ser de cristiano.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
La Guadalupana en tiempos difíciles
Por: P. Luis-Fernando Valdés | Fuente: Revista Vive!
¿Es la enorme devoción guadalupana, una fuga colectiva para evadir la dura realidad social y económica? ¿o hay en ella una esperanza verdadera?
Por la fiesta de la Virgen de Guadalupe, millones de peregrinos abarrotan cada año su Basílica, mientras que en muchos países también la celebran con fervor.
Crisis social global
Si nos limitamos sólo a contemplar la situación de los países latinoamericanos, donde la devoción a la Guadalupana es muy grande, observamos: severos problemas políticos en países como Venezuela o Nicaragua; con una gran crisis humanitaria por la llegada de migrantes a las fronteras sur y norte de México; una inseguridad generalizada causada por la violencia (especialmente en Brasil, Venezuela, El Salvador y México). Además, de la recesión económica que afronta casi toda esta enorme región.
Avistando la esperanza
La historia reciente, con el caso del marxismo, nos muestra que, ante las crisis sociales y económicas, los seres humanos tenemos necesidad de una promesa de que será posible salir superar esos malos momentos.
Sin importar si un sujeto es creyente o no, es un hecho que éste necesita un motivo grande para esforzarse en el presente, con el fin de mejorar su situación en un futuro no tan cercano. El comunismo marxista prometía aquí en la tierra un paraíso que nunca llegó; en cambio, el cristianismo lleva dos milenios ofreciendo una esperanza sobrenatural, que ha ayudado a sobrellevar el dolor físico y moral, y ha transformado poco a poco las condiciones sociales.
Una esperanza muy especial
Ante una crisis social y económica, parece que todos los esfuerzos deberían enfocarse sólo al trabajo y a la justicia social. Sin negar esto, la devoción religiosa a la Virgen de Guadalupe lleva a buscar primero la transformación personal como base para la reforma social.
Así nos lo recordaba el papa Francisco en su viaje a México, en febrero de 2016. Él explicaba que “la ‘Virgen Morenita’ nos enseña que la única fuerza capaz de conquistar el corazón de los hombres es la ternura de Dios”.
Aunque esto suene poco práctico, en realidad, “aquello que encanta y atrae, aquello que doblega y vence, aquello que abre y desencadena, no es la fuerza de los instrumentos o la dureza de la ley, sino la debilidad omnipotente del amor divino, que es la fuerza irresistible de su dulzura y la promesa irreversible de la misericordia de Dios”. (Discurso en la Catedral, 13 feb. 2016)
Necesitamos consuelo
Desafortunadamente, las injusticias sociales y la pobreza conllevan mucho dolor: migración forzada, gente desplazada, trata de personas, homicidios, secuestros, pérdida de bienes, etc. Este dolor necesita ser consolado, pues las meras promesas de justicia o de venganza no confortan un corazón herido. Y es precisamente la devoción a la Virgen de Guadalupe un gran consuelo, justo el que buscan esos millones de personas que no lo han encontrado en este mundo. Eso mismo lo señaló también el papa Francisco en aquella visita apostólica:
| “En aquel amanecer de diciembre de 1531… Dios despertó la esperanza de su hijo Juan, la esperanza de un pueblo… de los pequeños, de los sufrientes, de los desplazados y descartados, de todos aquellos que sienten que no tienen un lugar digno en estas tierras”. |
Y explicó el por qué: “En ese amanecer, Dios se acercó y se acerca al corazón sufriente pero resistente de tantas madres, padres, abuelos que han visto partir, perder o incluso arrebatarles criminalmente a sus hijos”. (Homilía en la Basílica, 13 feb. 2016)
Reflexionemos…
Las palabras de Santa María a Juan Dieguito, “no estoy yo aquí que soy tu Madre”, no son una evasión para nuestro compromiso social. Son más bien, palabras de consuelo y misericordia, que nos permiten sanar nuestro interior lastimado por el dolor y la injusticia, para recuperar la ilusión en trabajar por una sociedad justa y solidaria.
