XCVI Papa, 12 de junio…
Hoy también se festeja a:
- • Esquilo de Strängnäs, Santo
- • Plácido de Amiterno, Beato
- • Guido (Guy) de Cortona, Beato
- • Florida Cevoli, Beata
- • Gaspar Luis Bertoni, Santo
Vengan a mí
Por: Iker Trillas, LC | Fuente: www.somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Espíritu Santo, fuente de luz, ilumíname. Ayúdame a ser dócil a tus inspiraciones.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 11, 25-30
En aquel tiempo, Jesús exclamó: «¡Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien.
El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo les daré alivio. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga ligera».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
«Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.» (Jn 17,3). La vida eterna es conocer a Dios. Lo que quiere Jesús con nosotros es que conozcamos al Padre en Él. ¿Cómo se conoce una persona? Por ejemplo, cuando vamos a casa de un amigo y tiene fotos de su papá, podemos decir que ya por lo menos lo identificamos. O cuando un amigo nos habla de su papá, es otro tipo de conocimiento. Pero cuando realmente queremos conocer a una persona tiene que ser de cara a cara; escuchando sus palabras, sus pensamientos; lo que piensa, lo que le gusta, lo que ama, lo que reprueba, sus reacciones. Haciendo una experiencia de la otra persona es la mejor manera de conocerlo.
Jesús vino al mundo para que podamos hacer esta experiencia de Dios, para conocer a Dios en Jesús. Antes de la Encarnación no se podía conocer a Dios. Conocemos a través de los sentidos. Cómo íbamos a poder conocer a Dios si no tenía cuerpo si no lo veíamos, si no lo escuchábamos. Y habiendo tomado cuerpo, nuestros sentidos lo pueden captar, lo pueden experimentar. Esta es la grandeza de la Encarnación.
Jesús nos dejó su Evangelio en el cual expresa su mente y su corazón. Si lo queremos conocer, necesitamos leer, escucha su Palabra. Observemos cómo actúa, cómo reacciona, cómo ama. Y lo mejor de todo es que sigue vivo, ¡está vivo! Y quiero que vayamos a Él. Pero al parecer mucha gente no se da cuenta o se olvida que está vivo; y que, además, quiere hablar con cada uno de nosotros para decirnos cuánto nos ama. La oración es por donde Jesús nos habla. Es su Whatsapp, o su Zoom. Pero realmente nos habla con su presencia.
¡Gracias, Jesús, por haberte encarnado!
«La vida es toda una salida: del seno materno para venir a la luz, de la infancia para entrar en la adolescencia, de la adolescencia hacia la vida adulta y así sucesivamente, hasta la salida de este mundo. Hoy, mientras rezamos por nuestros hermanos Cardenales y Obispos, que han salido de esta vida para ir al encuentro del Resucitado, no podemos olvidar la salida más importante y más difícil, que da sentido a todas las demás: la de nosotros mismos. Sólo saliendo de nosotros mismos abrimos la puerta que lleva al Señor. Pidamos esa gracia: “Señor, deseo ir a Ti, a través de los caminos y de los compañeros de viaje de cada día. Ayúdame a salir de mí mismo, para ir a tu encuentro, tú que eres la vida”».
(Homilía de S.S. Francisco, 4 de noviembre de 2019).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Leer un capítulo del Evangelio y platicarlo con Él, sabiendo que me escucha.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Se puede ser buena persona sin Dios?
Por: n/a | Fuente: Religión en Libertad
Uno de los argumentos que desde el ateísmo se utiliza para defender sus tesis y para convencer a creyentes tibios es que se puede ser bueno sin necesidad de Dios.
Es verdad que hay buenas personas que hacen obras extraordinarias sin ser creyentes, pero el profesor de Filosofía en la Universidad de Texas, J. Budziszewski, reflexiona sobre este argumento y encuentra siete argumentos que ponen en duda esta afirmación.
Este profesor sabe de lo que habla y sabe por propia experiencia la dificultad que para muchos jóvenes, universitarios en su caso, supone este ambiente a la hora de mantener la fe. Sus alumnos se enfrentan a este debate interno al igual que le pasó a él. Perdió la fe en los años 60 debido al influjo que tuvo el radicalismo ideológico en la universidad.
De ateo a católico tras una gran crisis juvenil
En su infancia y adolescencia era un baptista sincero, aunque no especialmente virtuoso. Estudiando en la universidad dejó «primero a Cristo, luego a Dios, luego la distinción entre el bien y el mal«, explicó en una entrevista en inglés. «Yo era ateo práctico y nihilista práctico«. Ya como profesor, volvió a Cristo a través del anglicanismo y en 2004 entró en la Iglesia Católica.
Los siete problemas que encontrará el ateo
A raíz de su experiencia propia y profesional, Budziszewski habla en Mercatornet de siete obstáculos a los que se enfrenta el ateo en su intento de ser bueno sin Dios:
1.El ateo no reconoce a Dios como el bien supremo por el cual todo lo creado existe y está ordenado. Y al igual que ciertos actos pueden dirigirse al bien supremo, él considera que otros no pueden. En consecuencia, al ateo le resultará difícil entender cómo un acto puede ser intrínsecamente malo. Él se inclinará a pensar que para conseguir un resultado bueno se puede hacer cualquier cosa.
2. Como el ateo no reconoce la Divina Providencia, la idea de que él debería hacer lo correcto y dejar que Dios se ocupe de las consecuencias le parecerá insensato. Le parecerá que si no hay Dios, entonces él debe jugar a ser Dios mismo.
3. Como no reconoce a Dios como creador, considera la conciencia como el resultado de un proceso sin sentido y sin propósito que él no tenía en mente. Debido a que será difícil creer que una colección heterogénea de impulsos e inhibiciones dejadas por los accidentes de la selección natural pueda tener algo que enseñarle, estará tentado a pensar que la autoridad de la conciencia es una ilusión.
4. Como no tiene fe, es probable que vea sus dilemas morales como inevitables. Porque si no hay Dios, ¿cómo puede creer en la seguridad que da la fe de que ‘Dios es fiel y no le dejará ser tentado más allá de sus fuerzas’, y no más bien en que la tentación le proporcionará la vía de escape para que pueda soportarlo?
5. Como no cree en la Gracia divina, no podrá valerse de esta ayuda. Ciertamente, podrá realizar actos naturalmente buenos. Sin embargo, cuando se tope con los muros que se van presentando, cuando se dé cuenta de que está haciendo el mal que no quiere y no el bien que desea, no podrá pedir ayuda.
6. Como no cree para su propia existencia en las virtudes espirituales que dependen de la gracia, el ateo no podrá practicarlas en absoluto. Por ejemplo, aunque pueda amar a su esposa con amor natural, fallará en esa caridad sobrenatural que le permite ver, que, dado que ella está hecha a imagen de Dios, la única manera verdadera de amarla por su propio bien es amarla por el amor de Dios.
7. Finalmente, dado que una sola persona puede perdonar, la ley moral le parecerá un acusador severo con un corazón de piedra. Cuando haya hecho algo malo, como todos hacemos alguna vez, querrá apagar la voz de esta conciencia. Tendrá la tentación de decirse a sí mismo que la ley es una fantasía, que no hay nada que perdonar, que la solución al problema de la culpa es que no existe tal cosa. O tal vez tratará de convencerse a sí misma.
Para Budziszewski todas estas razones, algunas más lógicas y otras psicológicas, el ser humano necesita a Dios.
