Juan XXIII, Santo
Memoria litúrgica, 11 de ocubre…
Hoy también se festeja a:
- • Bruno I de Colonia, Santo
- • Cánico o Kenneth, Santo
- • Felipe el Diácono, Santo
- • Gumaro, Santo
- • Juan XXIII, Santo
El plan de Dios y el combate espiritual
Por: H. Abraham Cortés, LC | Fuente: www.somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria(para ponerme en presencia de Dios)
Señor, que invocando tu nombre pueda llenarme de tu gracia porque sé que de ti proviene toda bendición. Ayúdame a tomar consciencia de que estoy en un combate espiritual contra el maligno y que debo saber responder a tu amor con mi vida.
Evangelio del día(para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 11, 15-26
En aquel tiempo, cuando Jesús expulsó a un demonio, algunos dijeron: “Este expulsa a los demonios con el poder de Belzebú, el príncipe de los demonios”. Otros, para ponerlo a prueba, le pedían una señal milagrosa.
Pero Jesús, que conocía sus malas intenciones, les dijo: “Todo reino dividido por luchas internas va a la ruina y se derrumba casa por casa. Si Satanás también está dividido contra sí mismo, ¿cómo mantendrá su reino? Ustedes dicen que yo arrojo a los demonios con el poder de Belzebú. Entonces, ¿con el poder de quién los arrojan los hijos de ustedes? Por eso, ellos mismos serán sus jueces. Pero si yo arrojo a los demonios con el dedo de Dios, eso significa que ha llegado a ustedes el Reino de Dios.
Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros; pero si otro más fuerte lo asalta y lo vence, entonces le quita las armas en que confiaba y después dispone de sus bienes. El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama.
Cuando el espíritu inmundo sale de un hombre, anda vagando por lugares áridos, en busca de reposo, y al no hallarlo, dice: ‘Volveré a mi casa, de donde salí’. Y al llegar, la encuentra barrida y arreglada. Entonces va por otros siete espíritus peores que él y vienen a instalarse allí, y así la situación final de aquel hombre resulta peor que la de antes”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
¿Quién es Jesús para mí? Al hacernos esta pregunta cuestionamos de qué manera nos relacionamos con Dios, porque podemos no creer que Él nos ayuda o pensar que solo podemos pedirle cosas y no nos sirve para más, pero Él es algo más. El poder de Cristo viene de su unión con el Padre porque es un poder que puede hacer lo impensable con su sabiduría divina; a veces no comprendemos cómo es que actúa Dios y para esto necesitamos pedir su gracia la cual nos hace más como Él. Aceptar su plan de salvación es difícil pero no imposible, si no creemos que Él quiere nuestro bien nos podemos perder y pensar que no necesitamos de Dios, pero es en esos momentos en los que lo necesitamos más.
Este Evangelio nos recuerda que el demonio existe y puede actuar de muchas maneras, la forma más sutil es a través de otras personas. Sabemos que Cristo, siendo el hombre más fuerte, ya lo ha vencido, pero su influencia sigue molestándonos; en este combate entre las fuerzas del mal y el bien debemos elegir un lado porque nada es indiferente en este combate espiritual del que ninguno se escapa.
La forma en la que podemos luchar contra el demonio y sus fuerzas del mal es reconocer la presencia de Dios en nuestra vida, que primeramente está en nosotros mismos por su gracia, invocar a Cristo durante el día para que nos proteja y nos dé su bendición y visitarlo en la Eucaristía.
«Hacer todas las noches el “examen de conciencia” como una oración, para identificar si lo que nos ha movido en la jornada ha sido el Espíritu de Dios o el espíritu del mundo, es un ejercicio decisivo en nuestro combate espiritual que nos lleva a entender el corazón y el sentido de Cristo. El corazón del hombre es como un campo de batalla donde se enfrentan continuamente el espíritu de Dios, que nos lleva a las buenas obras, a la caridad, a la fraternidad, y el espíritu del mundo que sin embargo nos lleva hacia la vanidad, el orgullo, la suficiencia, el chismorreo.
(SS Papa Francisco, homilía 4 de septiembre de 2018, en santa Marta).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Invitar a alguien a ir a una iglesia para hace una visita al Santísimo.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Por qué debemos confesarnos antes de comulgar?
Por: P. Miguel A. Fuentes, IVE | Fuente: TeologoResponde.org

Pregunta:
Padre. Si Dios nos ama a todos y nos acepta tal y como somos. ¿por qué para tomar la sagrada Hostia se supone que debemos estar sin pecado alguno?. Todos los días pecamos, y Dios es un ser misericordioso que se alegra cuando sus ovejas regresan. No creo que Dios te rechace por esto. ¡Expliqueme!
Respuesta:
El Catecismo (n. 1384) nos recuerda que ‘El Señor nos dirige una invitación urgente a recibirle en el sacramento de la Eucaristía: ‘En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros’ (Jn 6, 53)’.
Pero también nos dice a continuación (n. 1385): ‘Para responder a esta invitación, debemos prepararnos para este momento tan grande y santo. San Pablo exhorta a un examen de conciencia: ‘Quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examínese, pues, cada cual, y coma entonces del pan y beba del cáliz. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo’ (1 Co 11, 27-29). Quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar’.
Usted dice que Dios nos ama a todos, y en esto tiene razón. Pero añade a continuación ‘y nos acepta tal y como somos’, y en esto se equivoca. Dios nos quiere santos. Jesucristo no comenzó su predicación diciendo ‘quédense como están porque yo los acepto así’, sino: ‘convertíos y creed en el Evangelio’. Y dio su vida por nosotros en la Cruz para que cambiásemos de vida. Si Dios nos quiere a todos tal como somos, debemos respetar a los ladrones y a los homicidas porque Dios los quiere tal como son, ¿quiénes somos nosotros para obligarlos a cambiar o para meterlos en la cárcel?
San Pablo mismo dice (y está citado en el texto del Catecismo) que quien come el Cuerpo o la Sangre de Cristo ‘indignamente’ será reo y come y bebe su propio castigo.
Por esta razón añade el Catecismo (n. 1386): ‘Ante la grandeza de este sacramento, el fiel sólo puede repetir humildemente y con fe ardiente las palabras del Centurión: ‘Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme’. En la Liturgia de san Juan Crisóstomo, los fieles oran con el mismo espíritu: A tomar parte en tu cena sacramental invítame hoy, Hijo de Dios: no revelaré a tus enemigos el misterio, no te daré el beso de Judas; antes como el ladrón te reconozco y te suplico: ¡Acuérdate de mí, Señor en tu reino!’.
