Martín de Tours, Santo
Memoria Litúrgica, 11 de noviembre …
Hoy también se festeja a:
- • José Alberich Lluch, Beato
- • Vicente Eugenio Bossilkov, Beato
- • Julio Alameda Camarero y compañeros, Beatos
- • Vicenta María (Luisa) Poloni, Beata
- • Marina Omura, Santa
No vivir la vida a la carrera
Por: H. Balam Loza LC | Fuente: www.missionkits.org

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Jesús, quiero escuchar tu voz. Cuántas veces mi corazón está preocupado por muchas cosas. Cuántas veces voy corriendo de un lado a otro. Y en el fondo te busco a Ti. Cuando me quedo delante en silencio, delante de Ti, en la Eucaristía, experimento esa paz profunda que me permite maravillarme de tu amor silencio. Por eso vengo a tus pies, me meto en el fondo de tu corazón y permanezco en silencio.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 17, 26-37
En aquellos días, Jesús dijo a sus discípulos: «Lo que sucedió en el tiempo de Noé también sucederá en el tiempo del Hijo del hombre: comían y bebían, se casaban hombres y mujeres, hasta el día en que Noé entró en el arca; entonces vino el diluvio y los hizo perecer a todos.
Lo mismo sucedió en el tiempo de Lot: comían y bebían, compraban y vendían, sembraban y construían, pero el día en que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y los hizo perecer a todos. Pues lo mismo sucederá el día en que el Hijo del hombre se manifieste.
Aquel día, el que esté en la azotea y tenga sus cosas en la casa, que no baje a recogerlas; y el que esté en el campo, que no mire hacia atrás. Acuérdense de la mujer de Lot. Quien intente conservar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará.
Yo les digo: aquella noche habrá dos en un mismo lecho: uno será tomado y el otro abandonado; habrá dos mujeres moliendo juntas: una será tomada y la otra abandonada».
Entonces, los discípulos le dijeron: «¿Dónde sucederá eso, Señor?» Y él les respondió: «Donde hay un cadáver, se juntan los buitres».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
¿Cuándo llegará el día de mi muerte? Sin duda que algunas veces escuchamos mensajes apocalípticos anunciados en las carteleras del cine. O podríamos leer innumerables libros que describen el fin del mundo. Pero si vamos un poco más a fondo nos podemos dar cuenta de que algunas veces pensamos en cómo nos gustaría morir. Lo hablamos con los amigos y al mismo tiempo escuchamos sus propias expectativas.
Unos dicen a mí me gustaría vivir muchos años, otros, por el contrario, prefieren aprovechar al máximo los primeros años de la juventud y después pasar a mejor vida. También escucharemos que algunos prefieren una muerte rápida y otros una agonía lenta pero sin dolor. Pero cuántas veces escuchamos también de aquel chico que murió repentinamente, aquel familiar que en un momento le dio un infarto y, cada uno, puede darse cuenta que la muerte llega de un momento a otro sin llamar a la puerta.
Una vez le preguntaron a santo Domingo Savio, que haría si supiese que ese mismo día muriese. Él, con su sencillez infantil, dijo que seguiría jugando. Y he ahí el secreto. Este pequeño santo vivía preparado para el encuentro con Dios. Tenía la puerta abierta y no tenía un calendario. Vivía los acontecimientos más ordinarios con amor. A veces se puede vivir la vida a la carrera sin disfrutar cada momento. Podemos pasar por un parque sin disfrutar de la flor que ha nacido. Podemos visitar muchos países sin pararnos a contemplar una pintura. Podemos ser cristianos sin ser amigos de Jesús.
«¡Cuánta gente buena hemos conocido y conocemos!, y decimos: «esta persona es un santo». Lo decimos, nos viene espontáneamente. Estos son los santos de la puerta de al lado, los que no están canonizados pero viven con nosotros. Imitar sus gestos de amor y de misericordia es un poco como perpetuar su presencia en este mundo. Y, en efecto, esos gestos evangélicos son los únicos que resisten a la destrucción de la muerte: un acto de ternura, una ayuda generosa, un tiempo dedicado a escuchar, una visita, una palabra buena, una sonrisa… Ante nuestros ojos estos gestos pueden parecer insignificantes, pero a los ojos de Dios son eternos, porque el amor y la compasión son más fuertes que la muerte.»
(Ángelus, de S.S. Francisco, 1 de noviembre de 2015).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy Jesús, viviré el día haciendo cada cosa lo mejor posible. Si estoy trabajando pondré todo el esfuerzo en hacerlo bien, si hablo con alguien le prestaré atención,… Viviré cada cosa con sencillez y con pasión.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
El Reino de Dios no es una religión del espectáculo
Homilía de la misa celebrada esta mañana en Santa Marta.
Por: Redaccion Papa Francisco | Fuente: ZENIT Roma / 10 Noviembre 2016

(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- El papa Francisco ha pedido vencer la tentación de una religión del espectáculo que busca siempre nuevas revelaciones, como si fueran fuegos artificiales.
Lo ha hecho durante la homilía de la misa celebrada esta mañana en Santa Marta. De este modo ha recordado que el Reino de Dios “crece si cuidamos la esperanza en la vida de cada día”.
En el Evangelio del día –ha explicado el Santo Padre– Jesús responde a los fariseos que le preguntan con curiosidad cuándo “vendrá el Reino de Dios”. Ya ha venido –dice el Señor– está en medio de vosotros. “Es como una pequeña semilla que está sembrada y crece sola, con el tiempo”. Dios lo hace crecer, ha precisado, pero sin atraer la atención.
Así, el Pontífice ha recordado que el Reino de Dios no es una “religión del espectáculo” que “siempre está buscando cosas nuevas, revelaciones, mensajes”. Por eso ha subrayado que “Dios ha hablado por medio de Jesucristo: esta es la última palabra de Dios”. Lo demás son como “fuegos artificiales” que te iluminan por un momento y después ¿qué queda?, nada. “No hay crecimiento, no hay luz, no hay nada: un instante”.
Por eso, el Santo Padre ha advertido que muchas veces podemos ser tentados por esta religión del espectáculo, de buscar cosas ajenas a la Revelación, a la mansedumbre del Reino de Dios que está en medio de nosotros y crece. Y este desear cosas ajenas “no es esperanza: es el deseo de tener algo a mano”, ha indicado.
Nuestra salvación –ha aseverado el Santo Padre– se da en la esperanza, la esperanza que tiene el hombre que siembra el grano o la mujer que prepara el pan, mezclando levadura y harina: la esperanza de que crezca. Porque esa luminosidad artificial se produce toda en un momento y después se va, como los fuegos artificiales: “no sirve para iluminar una casa, es un espectáculo”, ha advertido.
Por eso, el Santo Padre se ha interrogado sobre qué debemos hacer mientras esperamos que venga la plenitud del Reino de Dios. Y respondió: tenemos que “vigilar”.
“Vigilar con paciencia. La paciencia en nuestro trabajo, en nuestros sufrimientos… Vigilar como el hombre que plantó la semilla y espera la planta y trata que no haya mala hierba cerca, para que la planta crezca”, ha precisado.
De este modo, el Santo Padre ha asegurado que lo que hay que hacer si el Reino está en medio de nosotros es “vigilar”, “crecer en la esperanza”, “vigilar la esperanza”. Porque en la esperanza “hemos sido salvados”.
Este es el hilo, ha explicado el Pontífice en su homilía. “La esperanza es el hilo de la historia de la salvación”. La esperanza de encontrar al Señor definitivamente. El Reino de Dios –ha observado el Santo Padre– se hace fuerte en la esperanza.
En esta línea, el Pontífice ha invitado a preguntarse: “¿Yo tengo esperanza o voy adelante como puedo y no sé discernir el bien del mal, el grano de la cizaña, la luz, la suave luz del Espíritu Santo de esta luminosidad artificial?”
Finalmente, el Santo Padre ha invitado a interrogarse sobre “nuestra esperanza en esta semilla que está creciendo en nosotros” y sobre cómo “vigilamos nuestra esperanza”.
