Abad y Obispo, 10 de enero …
Hoy también se festeja a:
- • María de la Inmaculada Concepción, Beata
- • Pedro Orseolo (Urséolo), Santo
- • Pablo de Tebas, Santo
- • María Dolores Rodriguez Sopeña, Beata
- • Francisca de Sales (Leonia Aviat), Santa
El encuentro
Por: H. Jorge Alberto Leaños García, LC | Fuente: www.somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria(para ponerme en presencia de Dios)
En medio de mis preocupaciones, mis intereses y mi vida ordinaria, quiero darte un pequeño momento, estar a tu lado y crear conciencia de lo que has hecho por mí. Dame la gracia, Señor, de saber escucharte, contemplarte y enamorarme de la misión que me tienes preparada.
Evangelio del día(para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 5, 12-16
En aquel tiempo, estando Jesús en un poblado, llegó un leproso, y al ver a Jesús, se postró rostro en tierra, diciendo: «Señor, si quieres, puedes curarme». Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero. Queda limpio». Y al momento desapareció la lepra. Entonces Jesús le ordenó que no lo dijera a nadie y añadió: «Ve, preséntate al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que Moisés prescribió. Eso les servirá de testimonio».
Y su fama se extendía más y más. Las muchedumbres acudían a oírlo y a ser curados de sus enfermedades. Pero Jesús se retiraba a lugares solitarios para orar.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
La lepra provoca el rechazo. El leproso se aleja, se esconde del mundo, no puede sentir la compañía, especialmente si es el único en tal estado. La tendencia es encerrarse en su dura realidad. No puede ni quiere aceptar su enfermedad. La vida de un leproso no proyecta un futuro, solo espera un final en la soledad.
Nuestro trabajo, nuestras relaciones, el ambiente en donde nos movemos… pueden provocar en nosotros tanto sentimientos de satisfacción como de insatisfacción, tanto de alegría como de frustración. Estos dos sentimientos, si no los sabemos controlar, pueden ser dañinos desde el momento que nos encerramos en nosotros mismos. Esta puede ser la lepra del siglo XXI cuando nos fijamos solamente en el momento presente, en «mi presente», «mi estado», «mis sentimientos» … No salimos de nuestro pequeño mundo, nos auto-limitamos en los proyectos y deseos personales.
No importan las situaciones que nos rodean, sean buenas o malas, lo que importa es no encerrarnos en nosotros mismos, pues provoca la lepra. Si estoy feliz puedo caer en el peligro de permanecer en mi alegría. Si estoy triste tengo el peligro de ahogarme en la soledad. Hay poca importancia, en lo que nos suceda en el momento presente, en las circunstancias actuales; lo que importa es no estar solos.
Pidamos a Cristo la gracia de salir de nosotros mismos, pues estamos hechos para salir al encuentro de los demás; estamos llamados a compartir nuestra alegría. Antes de pensar en mi presente hay que hacer el esfuerzo de formar la conciencia de nuestro presente, pues nunca estamos solos. Salir de nosotros mismos es la gracia que Dios nos da para formar relaciones que nos acompañen en las buenas y en las malas. Es la medicina que Dios nos da.
«El Señor nunca perdió este contacto directo con la gente, siempre mantuvo la gracia de la cercanía, con el pueblo en su conjunto y con cada persona en medio de esas multitudes. Lo vemos en su vida pública, y fue así desde el comienzo: el resplandor del Niño atrajo mansamente a pastores, a reyes y a ancianos soñadores como Simeón y Ana. También fue así en la Cruz; su Corazón atrae a todos hacia sí: Verónicas, cireneos, ladrones, centuriones… No es despreciativo el término “multitud”. Quizás en el oído de alguno, multitud pueda sonar a masa anónima, indiferenciada… Pero en el Evangelio vemos que cuando interactúan con el Señor —que se mete en ellas como un pastor en su rebaño— las multitudes se transforman. En el interior de la gente se despierta el deseo de seguir a Jesús, brota la admiración, se cohesiona el discernimiento. Quisiera reflexionar con ustedes acerca de estas tres gracias que caracterizan la relación entre Jesús y la multitud. La gracia del seguimiento Dice Lucas que las multitudes “lo buscaban” y “lo seguían”, “lo apretujaban”, “lo rodeaban” y “se juntaban para escucharlo”. El seguimiento de la gente va más allá de todo cálculo, es un seguimiento incondicional, lleno de cariño».
(Homilía de S.S. Francisco, 18 de abril de 2019).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy buscaré compartir con alguien mi estado de tristeza o felicidad.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Se le quitó la lepra y quedó limpio
Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato |
I Samuel 4, 1-11: “Derrota de Israel y captura del Arca”
Salmo 43: “Redímenos, Señor, por tu misericordia
San Marcos 1, 40-45: “Se le quitó la lepra y quedó limpio”
Hoy el libro de Samuel nos narra un acontecimiento que nos parecería lejano pero que puede resultar muy actual. El pueblo de Israel sentía de una manera muy especial la presencia de Dios por medio del Arca de la Alianza. En sus batallas, en sus traslados, en las dificultades y problemas, al acercarse al Arca se sentían seguros y aliviados. Pero en el pasaje de este día sucede algo escandaloso para la fe del pueblo: después de una derrota, llevan el Arca hasta el campo de batalla con la seguridad de que Dios les otorgará el triunfo.
Los mismos filisteos, sus eternos enemigos, al darse cuenta de la presencia del Arca se llenan de temor reconociendo los prodigios que por medio de ella se han realizado. Sin embargo, los israelitas son derrotados estrepitosamente y es apresada el Arca. ¿Falló la presencia del Señor? ¿No es eficaz su poder? Lo que falla es la fe y la fidelidad de los israelitas que no cumplen los mandamientos de Dios y quieren utilizar el Arca como amuleto de buena suerte pero sin compromiso serio con el Señor. Esto me lleva a pensar en muchas situaciones nuestras en que aparentamos una religiosidad y en que utilizamos símbolos religiosos pero sólo externamente y no nos comprometemos de corazón. Pienso en las oraciones o en las medallas que solamente llevamos externamente y no corresponden a una actitud interior.
¿Estará mal entonces una devoción a un santo o llevar su imagen u ofrecer veladoras? No estaría mal si esto nos impulsa a ser fieles al Señor. Si la medalla que yo llevo en el pecho me recuerda mi promesa de fidelidad, si la veladora que prendo ante el Señor es señal de que quiero vivir en su presencia, son señales muy ricas de nuestra religiosidad. Pero si los utilizo como amuletos y no comprometen mi vida y mi fidelidad, sino que quedan en adornos externos, pueden esconder una falsa concepción de Dios. Él está cerca de nosotros para acompañarnos, pero no podemos manipularlo. Como el mismo evangelio de este día nos muestra a Cristo hace sus prodigios pero ante quien tiene verdadera fe.
Que hoy reconozcamos esa presencia de Dios en medio de nosotros y nos comprometamos a vivir en su presencia.
