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Señor, si quieres, puedes limpiarme
Milagros
Por: P Juan Pablo Menéndez | Fuente: Catholic.net

Del santo Evangelio según san Lucas 5, 12-16
Y sucedió que, estando en una ciudad, se presentó un hombre cubierto de lepra que, al ver a Jesús, se echó rostro en tierra, y le rogó diciendo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme». El extendió la mano, le tocó, y dijo: «Quiero, queda limpio». Y al instante le desapareció la lepra. Y él le ordenó que no se lo dijera a nadie. Y añadió: «Vete, muéstrate al sacerdote y haz la ofrenda por tu purificación como prescribió Moisés para que les sirva de testimonio». Su fama se extendía cada vez más y una numerosa multitud afluía para oírle y ser curados de sus enfermedades. Pero él se retiraba a los lugares solitarios, donde oraba.
Oración introductoria
Señor, vengo ante Ti como el leproso del Evangelio. Estoy necesitado de tu gracia. Tócame y sáname de todas mis lepras, de mi egoísmo, de mi soberbia, de mi vanidad. Conviérteme en un verdadero cristiano.
Petición
Señor, que pueda corresponder a tu gracia amando a los demás.
Meditación del Papa Francisco
La lepra era una condena de por vida y sanar a un leproso era tan difícil como resucitar a un muerto. Y por eso eran marginados. Sin embargo, Jesús tiende la mano al excluido y demuestra el valor fundamental de una palabra: cercanía.
No se puede hacer comunidad sin cercanía. No se puede hacer paz sin acercarse, ni se puede hacer el bien sin acercarse. Jesús podía decirle: ¡sánate! Pero no, se acercó y le tocó. Es más, en el momento que Jesús tocó al impuro se convierte en impuro.
Este es el misterio de Jesús, tomar consigo nuestras suciedades, nuestras cosas impuras. Pablo lo explica bien: “Siendo igual a Dios, no estimó esta divinidad un bien irrenunciable, se aniquiló a sí mismo. Jesús se hace pecado. Jesús se excluye, ha tomado consigo la impureza por acercarse a nosotros”.
Muchas veces pienso que es, no digo imposible, pero muy difícil hacer el bien sin mancharse las manos. Y Jesús se manchó. Cercanía. Y después va más allá. Le dijo: “Ve donde los sacerdotes y haz lo que se debe hacer cuando un leproso es sanado”. Al que era excluido de la vida social, Jesús lo incluye: lo incluye en la Iglesia, lo incluye en la sociedad… “Ve para que todas las cosas sean como deben ser”. Jesús no marginaba nunca a nadie. Se marginaba a sí mismo, para incluir a los marginados, para incluirnos a nosotros, pecadores, marginados, con su vida. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 26 de junio de 2015, en Santa Marta).
Reflexión
Nadie hubiera pensado que curarse de la lepra fuera tan fácil. Lo único que precisó este enfermo, fue acercarse humildemente a Cristo y pedírselo. Él sabía que Cristo bien podía hacerlo. Además, cree con todo su corazón en la bondad del Maestro. Quizá por esto, es que se presenta tan tímido y sencillo a la vez: «Maestro, si quieres, puedes curarme». La actitud denota no sólo humildad y respeto, revela además, confianza…
La vida de muchas personas, y a veces la nuestra, se ve llena de enfermedades y males, sucesos indeseados y problemas de todos los tipos, que nos podrían orillar a perder la confianza en el Maestro, Buen Pastor. Quizá alguna vez, hemos pensado que Él nos ha dejado, que ya no está con nosotros; pues sentimos que nuestra pequeña barca ha comenzado a naufragar en el mar de la vida… Pero de esta forma, olvidamos que el primero en probar el sufrimiento y la soledad fue Él mismo, mientras padecía su muerte en la cruz. Y así, nos quiso enseñar que Dios siempre sabe sacar bienes de males, pues por esa muerte ignominiosa, nos vino la Redención.
La lección de confiar en Cristo y en su infinita bondad, no es esperar que nos quitará todos los sufrimientos de nuestras vidas. Sino que nos ayudará a saber llevarlos, para la purificación de nuestra alma, en beneficio de toda la Iglesia.
Propósito
Tener presente la preparación de mi siguiente confesión, no posponerla, decidirme.
Diálogo con Cristo
Señor, cuántas veces me creo sano y no me doy cuenta de que estoy enfermo espiritualmente. ¡Cúrame Jesús! Que a semejanza del leproso del Evangelio, la experiencia de tu amor, me dé toda la luz para hacer un buen examen de conciencia y un firme propósito de enmienda al acercarme al sacramento de la reconciliación.
¿Dios sí, Religión no?
Por: Romualdo Olazábal y Noemí Cotto | Fuente: TengoSedDeTi.org

Cuando hablamos de “religión” nos referimos a una serie de creencias y prácticas sobre lo que el hombre considera divino o sagrado… estas creencias pueden ser de tipo existencial, moral o sobrenatural… hay religiones que están organizadas y otras carecen de toda estructura formal… hay las que agrupan millones de personas y hay las que tienen unos pocos adeptos o seguidores…
Hay religiones que creen en uno solo dios… estas se llaman monoteístas y entre ellas se encuentra el Cristianismo, el Judaísmo y el Islam… también hay religiones que creen en más de un dios, estas se dividen en politeístas (una jerarquía de dioses) y dualistas (dos divinidades opuestas)… también existen religiones que equiparan el concepto de “dios” al universo o a la naturaleza (Panteísmo)… e inclusive, hay aquellas que rechazan totalmente el concepto de dios o dioses, como el Budismo y el Taoísmo…
De esto se desprende que una persona puede ser “religiosa” -creer en “algo” y/o pertenecer a una “religión”- y no necesariamente creer en “dios” de la manera que nosotros, los cristianos, lo entendemos… por otra parte, si una persona cree en “dios” -independientemente del concepto de “dios” que elija creer-, por definición ya es una persona “religiosa” bien sea que se adhiera a una religión formalmente establecida o tenga su propia religión particular…
Después de esta no tan breve introducción, les explico que este artículo responde a varios comentarios existentes en las redes sociales… y que en cierta medida parecen estar “inspirados” por un video que se ha propagado en forma “viral” por las redes sociales…
El video en cuestión es un poema en el cual su autor presenta las razones por las cuales “odia la religión, pero ama a Jesucristo”… como explicaba al comienzo, esto es una contradicción pues el mero hecho de amar y pretender seguir a Jesús es, de por sí, un acto religioso… además, la contradicción aumenta cuando vemos que el joven cambia indistintamente entre los conceptos “religión” e “Iglesia” durante su poema con el fin último de probar que Jesús es más que Iglesia/Religión… tampoco podemos dejar de notar que los “argumentos” que presenta son una serie de medias verdades sacadas fuera de contexto… lo que hace que me cuestione la honestidad de su intención…
Iglesia significa “asamblea” y se refiere al grupo de creyentes que comparten unas mismas creencias religiosas o una misma religión… la Iglesia son los fieles, la religión es lo que los une bajo una fe común… son realidades complementarias, pero no intercambiables… de hecho, para un católico Cristo e Iglesia representan una misma realidad… Cristo es la Cabeza y los fieles conforman su Cuerpo, pero todos juntos forman la Iglesia… así que no es posible amar a Uno (Cristo) y odiar la otra (Iglesia)…
Es interesante todo este concepto de pretender ser cristiano y seguir a Jesucristo sin su Iglesia… en realidad lo que se busca es quitar las normas y cánones… para, de esta forma, fabricar una iglesia hecha a la medida y según las conveniencias particulares de cada cual… pero, ¿es eso lo que quería Jesús…?
La meta de todo discípulo de Jesús debería ser parecerse al Maestro… y Jesús fue un hombre religioso… recordemos sus palabras:
«No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una letra o una tilde de la Ley sin que todo suceda» (Mateo 5, 17-18)…
La vida de Jesús no puede limitarse a su Sacrificio en la Cruz… ese fue el acto supremo de Amor de Dios por el cual Cristo redimió a la humanidad… con éste “se inicia la nueva Creación, en la cual todo hallará de nuevo su pleno sentido y cumplimiento” (CIC 349)… pero toda su vida, desde que la Anunciación marcó el momento de la Concepción de Jesús en el seno de María… hasta su Ascensión a los Cielos… toda palabra, todo gesto y toda enseñanza… todo iba encaminado a preparar a sus discípulos para que continuaran su Misión de llevar el anuncio de Salvación a todas las gentes…
Decir que Jesús no quería una Iglesia es erróneo y contrario a las Escrituras… recordemos que en las cercanías de Cesarea de Filipo, Jesús le pregunta a los Apóstoles quién dicen ellos que es Él… y ante la confesión de Simón Pedro, Jesús le responde: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos» (Mateo 16, 13-19)… Después de leer este pasaje, ¿cómo puede negarse la intención de Jesús de formar una Iglesia…?
El Evangelio también nos muestra el deseo de Jesús de que esa Iglesia fuera “una”, como Él y el Padre son uno… y que en esa unidad, diera testimonio de Él… Jesús le entrega el poder de retener y perdonar pecados, un poder que solamente le corresponde a Dios y que Él seguirá ejerciendo a través de ellos… a Pedro le da la encomienda especial de confirmar a los demás Apóstoles en la fe… y de apacentar a sus ovejas… finalmente, promete que estará con ellos, con su Iglesia, todos los días hasta el fin del mundo… y envía al Espíritu Santo para guiarlos… ¿Cómo puede alguien considerarse seguidor de Jesús si no respeta sus deseos y sigue sus enseñanzas…?
El libro de los Hechos y las Cartas de los Apóstoles nos muestran cómo era la Iglesia primitiva… y observamos una Iglesia jerárquica, donde se acudía a los Apóstoles para la toma de decisiones… vemos cómo la celebración cristiana se establece en torno a la Fracción del Pan… y cómo Pablo advierte de no acercarse a esta “Cena” indignamente… esa es la Iglesia que preservó las Tradiciones que los Apóstoles recibieron de Jesús… y las transmitió a las siguientes generaciones… es en esa Iglesia donde nació la Biblia… y es esa Iglesia la que le confiere la autoridad para considerarla “Palabra de Dios”… sin ella no conoceríamos a Jesús… y fuera de ella no somos verdaderos discípulos suyos…
Seguir a Dios -al Dios de los cristianos- sin su Iglesia es una tarea difícil… pretender seguirlo sin ninguna iglesia o sin una religión no sólo es imposible, sino que carece de todo sentido y razón… solamente una cosa tengo clara al ver el éxito aparente de este video en las redes sociales: la superficialidad con la que las gentes reciben el mensaje del Evangelio… y la ignorancia que impera en los “cristianos” sobre el Dios que dicen seguir…
