Regina, Santa
Mártir, 7 de septiembre …
Hoy también se festeja a:
- • Luis Victorio (Eusebio Angulo Ayala), Beato
- • Junián Alberto (Alberto J. Larzábal Michelena), Beato
- • Melchor Grodziecki, Santo
- • Esteban (István) Pongracz. Santo
- • Marco Crisino (Krizevcanin), Santo
Vino nuevo, odres nuevos
Por: H. Rubén Tornero, L.C. | Fuente: missionkits.org
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Jesús, gracias por este momento de intimidad que podemos tener. Te agradezco por todo el amor que me has tenido al elegirme, ya desde antes de la creación del mundo para ser tu hijo, y llegar un día a gozar contigo en la eternidad. Tú conoces mi miseria y sabes cuánto necesito de tu ayuda para lograr el fin para el cual me has creado: ser feliz. Dame las gracias que necesito, en la medida en que las necesito.
Te pido que no me dejes caer en las tentaciones que el día de hoy tendré, y te suplico que acrecientes en mí el fuego de tu amor, de manera que lleve a los demás a encontrarse contigo y llegar así, todos juntos, a la felicidad eterna que nos tienes preparada. Amén.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 5, 33-39
En aquel tiempo, los fariseos y los escribas le preguntaron a Jesús: «¿Por qué los discípulos de Juan ayunan con frecuencia y hacen oración, igual que los discípulos de los fariseos, y los tuyos, en cambio, comen y beben?».
Jesús les contestó: «¿A caso pueden ustedes obligar a los invitados a una boda a que ayunen, mientras el esposo está con ellos? Vendrá un día en que les quiten al esposo, y entonces sí ayunarán».
Les dijo también una parábola: «Nadie rompe un vestido nuevo para remendar uno viejo, porque echa a perder el nuevo, y al vestido viejo no le queda el remiendo del nuevo. Nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino nuevo revienta los odres y entonces el vino se tira y los odres se echan a perder. El vino nuevo hay que echarlo en odres nuevos y así se conservan el vino y los odres. Y nadie, acabando de beber un vino añejo, acepta uno nuevo, pues dice: ‘El añejo es mejor’ «.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Jesús, hoy te preguntan por qué tus discípulos no ayunan ni oran a menudo… y Tú les respondes diciéndoles que es porque el novio está con ellos. Tú eres el novio… ¡Y también estás conmigo!
Cuántas veces, Jesús, he pasado por alto tu presencia. He vivido en una Cuaresma sin Pascua, en un constante círculo de humo que no me permite alegrarme por tu presencia. Me he dejado llevar por las dificultades, por los proyectos, alegrías, lágrimas y desilusiones, olvidando que siempre, y en todo momento, has estado a mi lado. Jamás me has dejado solo y nunca lo harás.
Me das el vino que es capaz de causar la mayor alegría de mi corazón: el vino de tu presencia en mi alma. Gracias, Jesús, por este inigualable don. Dame el odre de un rostro nuevo, alegre y radiante, que sea faro para este mundo tantas veces inmerso en la tristeza y el pesimismo o en las alegrías desechables, y ayúdame a vivir de tal manera, que las personas que me vean, puedan encontrar al menos un pálido reflejo de la felicidad que Tú nos tienes preparada.
Dios continúa poniendo en circulación el «vino nuevo» de su viña, es decir, la misericordia: este es el vino nuevo de la viña del Señor: la misericordia. Hay solo un impedimento frente a la voluntad tenaz y tierna de Dios: nuestra arrogancia y nuestra presunción, ¡que se convierte en ocasiones en violencia!
(Homilía de S.S. Francisco, 8 de octubre de 2017).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy buscare vivir alegre por la presencia de Jesús en mi alma.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Se puede dejar de ser sacerdote?
Por: n/a | Fuente: ACI Prensa
Tras el revuelo causado por el famoso Padre Alberto Linero, al anunciar que dejará el sacerdocio, muchos católicos se han preguntado si un ministro ordenado puede dejar de serlo para siempre.
En sus diferentes documentos la Iglesia Católica deja claro que un sacerdote nunca dejará de serlo, pero sí podrá decidir si le destituye del “estado clerical” o se suspenden sus obligaciones sacerdotales, como por ejemplo la facultad de impartir los sacramentos.
Carácter indeleble del sacerdocio
La Iglesia Católica tiene una respuesta teológica en varios documentos pontificios sobre el “carácter indeleble” del sacramento del sacerdocio, especialmente en el Catecismo de la Iglesia Católica y el Código de Derecho Canónico, que a su vez tienen sustento bíblico
El canon 1582 del Código de Derecho Canónico establece que quien recibe el bautismo, la confirmación y el sacramento del orden sacerdotal, permanece unido para siempre a estos sacramentos.
“Como en el caso del Bautismo y de la Confirmación, esta participación en la misión de Cristo es concedida de una vez para siempre. El sacramento del Orden confiere también un carácter espiritual indeleble y no puede ser reiterado ni ser conferido para un tiempo determinado”, indica.
El canon 290 establece asimismo que “una vez recibida válidamente, la ordenación sagrada nunca se anula”.
Pérdida del estado clerical
No obstante, lo que sí puede hacer la Iglesia es otorgar una suspensión de las obligaciones sacerdotales o la destitución del estado clerical.
“Un sujeto válidamente ordenado puede ciertamente, por causas graves, ser liberado de las obligaciones y las funciones vinculadas a la ordenación, o se le puede impedir ejercerlas, pero no puede convertirse de nuevo en laico en sentido estricto porque el carácter impreso por la ordenación es para siempre. La vocación y la misión recibidas el día de su ordenación, lo marcan de manera permanente”, indica el numeral 1583 del Catecismo de la Iglesia Católica.
Por lo tanto, un sacerdote que pierde su estado clerical ya no puede actuar como un ministro de Cristo, es decir, no puede celebrar la Eucaristía, confesar o impartir otros sacramentos.
“El clérigo que, de acuerdo con la norma de derecho, pierde el estado clerical, pierde con él los derechos propios de ese estado, y deja de estar sujeto a las obligaciones del estado clerical”, precisa el Código de Derecho Canónico en el canon 292.
El 24 de octubre de 1967, al concluir el Concilio Vaticano II, el Beato Papa Pablo VI publicó la encíclica Sacerdotalis Coelibatus, en la que explicó los motivos por los cuales la Iglesia considera digno “laicizar” a algunos sacerdotes, dispensándolos de la obligación de observar el celibato.
“La Iglesia quiere que, especialmente en estos casos, se tienten todos los medios persuasivos, con el fin de inducir al hermano vacilante a la calma, a la confianza, al arrepentimiento, a la recuperación, y solo cuando el caso ya no presenta solución alguna posible, se aparta al desgraciado ministro del ministerio a él confiado”, indica el documento.
Sin embargo, un sacerdote que ha perdido el estado clerical sí puede confesar “válida y lícitamente a cualquier penitente que esté en peligro de muerte”, según establece el Código de Derecho Canónico en el canon 976.
Esta última licencia ayuda a aclarar cómo el carácter sacerdotal y el poder de la ordenación acompañan al sacerdote a lo largo de su vida, sea cual sea el camino que haya tomado.
