Abad, 7 de junio…
Hoy también se festeja a:
- • Colmán de Dromore, Santo
- • Antonio María Gianelli, Santo
- • María Teresa de Soubiran, Beata
- • Ana de San Bartolomé, Beata
- • Roberto de Newminster, Santo
¿Cuál es hoy la mirada de Jesús sobre mí?
Por: H. Pedro Cadena Diaz, L.C. | Fuente: www.somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Jesús, gracias por permitir que pueda estar aquí y dialogar contigo. Te necesito, Señor. Ayúdame a amarte cada día más.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 21, 15-19
En aquel tiempo, le preguntó Jesús a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?” Él le contestó: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis corderos”.
Por segunda vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” Él le respondió: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Pastorea mis ovejas”.
Por tercera vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?” Pedro se entristeció de que Jesús le hubiera preguntado por tercera vez si lo quería, y le contestó: “Señor, tú lo sabes todo; tú bien sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis ovejas. Yo te aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías la ropa e ibas a donde querías; pero cuando seas viejo, extenderás los brazos y otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras”. Esto se lo dijo para indicarle con qué género de muerte habría de glorificar a Dios. Después le dijo: “Sígueme”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
¿Qué sentirías si hubieras abandonado a tu mejor amigo cuando más te necesitaba? Pensar esto nos ayuda a entender a san Pedro en el Evangelio de hoy. Él quería mucho a Jesús, incluso lo defendió con la espada en el huerto de Getsemaní (Jn 18,10). Pero los hombres somos débiles: Pedro tuvo miedo y abandonó a Jesús en su pasión y muerte. ¡Qué culpable y miserable se sentiría el pobre Pedro en los días siguientes!
Después de resucitar, Jesús se aparece a sus discípulos, Pedro incluido. Luego les hace una pesca milagrosa y hasta los invita a desayunar (Jn 21, 1-14). ¿Qué pensaría Pedro cuando estaba desayunando pescado asado frente a Jesús? Tal vez ni le habló ni lo miró a los ojos. Es entonces cuando sucede lo que leemos hoy en el Evangelio: después de desayunar, le preguntó Jesús a Simón Pedro…
Tal vez tú también tienes alguna situación de la que no te atreves a hablar con Jesús. Es normal, es más, es bueno que nos duela haber ofendido a alguien que murió por nosotros. Pero Jesús no quiere que nos quedemos hundidos en nuestra vergüenza. Él quiere decirte, en silencio, que Él vino a morir precisamente para que ese pecado, esa situación, ya no te pesara más en el alma. Para que tengas vida, y la tengas en abundancia (Jn 10,10). Pon todo en sus manos, y deja que Él te alimente con su Palabra, con su perdón en la confesión y su cuerpo en la Eucaristía, con la luz del sol y el abrazo de un buen amigo… Jesús, Tú que aceptaste el amor imperfecto pero sincero de san Pedro, acepta también el mío y ayúdame a aceptar el tuyo. Jesús, confío en Ti.
«De alguna manera, podemos decir que todos hemos sido llamados a la vida de fe, hemos sido elegidos por Dios, pero también por el pueblo, para servirlo fielmente, y en este servicio, quizás, hayamos cometido errores, algunos más pequeños, otros más grandes. El Señor Jesús, sin embargo, siempre perdona los errores del que se arrepiente y siempre renueva su confianza, pidiéndonos, a nosotros en particular, una total dedicación a la causa de su pueblo. Queridos hermanos y hermanas, la mirada de Jesús se posa también, aquí y ahora, en cada uno de nosotros. Es muy importante cruzarse con ella en nuestro interior preguntándonos: ¿Cuál es hoy la mirada de Jesús sobre mí? ¿A qué me llama? ¿Qué quiere perdonarme el Señor y qué me pide que cambie en mi actitud? ¿Cuál es mi misión y la tarea que Dios me confía para el bien de su pueblo?»
(Discurso de S.S. Francisco, 11 de abril de 2019).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Jesús, confío en tí, o al menos quiero confiar y creer que eres bueno, me amas, que no hay situación que tú, Dios omnipotente, mi amigo, puedas resolver. Aumenta mi confianza. María, enséñame a confiar en Dios como tú, en horas felices y al pie de la cruz. Haz que, como tú, yo me deje amar por Jesús.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Haré una visita a Jesús Eucaristía y le pediré que me perdone por las veces que he rechazado su amor.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
¿Qué rezar en un velorio?
Por: n/a | Fuente: DiocesisdeCelayaMX.blogspot.com
En los velorios hemos de preocuparnos de actuar con sentido común y, quienes tenemos fe en Dios, también con sentido sobrenatural.
Cuando se habla de sentido común nos referimos a que debemos ser prudentes con los dolientes. La prudencia invita a dar consuelo de palabra y de obra. Y más que las palabras lo más importante es transmitir compañía en algo que todos conocen pero que resulta difícil asumir y describir. Un corazón cuando está de luto tiene que ser ungido con el aceite de la caridad. En definitiva, hemos de procurar transmitir la empatía que nos permite sufrir con ellos.
El sentido sobrenatural se refiere a que quienes tenemos fe, sabemos que Dios escucha las oraciones por los difuntos. En este sentido, los cristianos están llamado a la esperanza y por esto la acción más apropiada en relación con los que mueren es la oración, en estos casos de manera especial la oración que va desde el momento de la muerte hasta el entierro.
La oración también es un medio para dar consuelo a los que quedan y, de paso, ofrecer un verdadero acompañamiento.
El día anterior, antes de la misa exequial, qué oportuno resulta rezar ya sea en la casa del difunto o en la sala de velación.
Y aunque probablemente la falta de práctica en la oración pudiera, por ejemplo, hacer pensar a alguien “¿pero qué oración conviene rezar?”, la respuesta es sencilla: las oraciones que se sepan, con máxima libertad. Cualquier oración, incluso las oraciones espontáneas tienen valor para Dios.
En estas circunstancias, aparte de la participación activa como miembros del pueblo de Dios, las personas más experimentadas en la oración o más conocedoras de la misma, pueden desempeñar un papel importante para el correcto desarrollo de la oración comunitaria.
En ausencia del ministro ordenado, las oraciones en la casa del difunto y en el cementerio deben ser dirigidas por laicos. Alguno de los allegados al difunto también puede dirigir, en el cementerio, algunas palabras de despedida a los asistentes.
Una de las oraciones que se pueden hacer se llama responso. Un responso es una oración dialogada en sufragio por el difunto. No hay que confundir un responso con una misa por el difunto, misa que se puede celebrar antes del funeral. Todo responso es sin misa.
Otras oraciones que se pueden hacer son el Santo Rosario (intercalando alguna jaculatoria a favor de la persona difunta) y la Liturgia de las Horas (el Oficio de los Difuntos).
Ahora bien, el hecho de que se haga una vigilia de oración en casa o en la sala de velación, donde se haya preparado la capilla ardiente, no excluye, si se quiere, la posibilidad de tener también momentos en los que se pueda rendir un “homenaje” (algunas palabras de elogio, exhibición de fotos, videos,…) a la persona difunta, realizar algún canto no litúrgico en su honor y finalmente unas palabras de agradecimiento a las personas que se han hecho presentes (cosas que hay que evitar en la iglesia).
Ambas acciones no hay que fusionarlas, sino que es mejor distanciarlas, sin importar el orden de las mismas.
A continuación presento un modelo de responso que, vista la escasez de sacerdotes, está pensado para ser dirigido por fieles laicos.
(La letra A/ significa “Animador” (el que dirigela celebración). T/ significa “Todos”. L/ significa “Lector”. R/. Respuesta. N. es para decir el nombre del difunto).
A/. Bendigamos al Señor que, por la resurrecciónde su Hijo, nos ha hecho nacer para una esperanza viva, por Cristo nuestroSeñor.
A/. Aunque el dolor por la pérdida de un ser querido llena de pena nuestros corazones, avivemos en nosotros la llama de la fe, para que la esperanza que Cristo ha hecho nacer en nosotros dirija ahora nuestra oración para encomendar a nuestro(a) hermano(a) N. en las manos delSeñor, Padre misericordioso y Dios de todo consuelo.
Señor, escucha en tu bondad nuestras súplicas ahora que imploramos tu misericordia por tu siervo(a) N., a quien has llamado de este mundo: dígnate llevarlo(a) al lugar de la luz y de la paz, para que tenga parte en la asamblea de tus santos. Por Jesucristo nuestro Señor.
L/. Lectura del libro de la Sabiduría (3, 1-6.9)
“La vida de los justos está en manos de Dios y no los tocará el tormento. La gente insensata pensaba que morían, consideraba su tránsito como una desgracia y su partida de entre nosotros como una destrucción; pero ellos están en paz. La gente pensaba que cumplían una pena, pero ellos tenían total esperanza en la inmortalidad; sufrieron pequeños castigos, recibirán grandes favores, porque Dios los puso a prueba y los halló dignos de sí; los probó como el oro en el crisol, los recibió como sacrificio de ofrenda. Los que confían en Él comprenderán la verdad, los fieles a su amor seguirán a su lado; porque Dios ama a sus devotos, se apiada de ellos y mira por sus elegidos”. Palabra de Dios.
(Se canta o se recita el salmo 129 con larespuesta que se propone). R/. : Mi alma espera en el señor, espera en su palabra.
L/. Lectura de la carta del apóstol san Pablo alos romanos (14, 7-9. 10c-12) Hermanos: “Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; en la vida y en la muerte somos del Señor. Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos. Todos compareceremos ante el tribunal de Dios, porque está escrito: “Por mi vida, dice el Señor, ante mí se doblará toda rodilla, a mí me alabará toda lengua”.Por eso, cada uno dará cuenta a Dios de sí mismo”. Palabra de Dios.
“En aquel tiempo, cuando Jesús llegó a Betania, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Betania está como a tres kilómetros de Jerusalén; y muchos judíos habían venido a ver a Marta y a María para darles el pésame por la muerte de su hermano. Cuando Marta supo que Jesús venía en camino, salió a su encuentro mientras que María permaneció en casa. Y Marta dijo a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá”. Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará”. Marta respondió: “Yo sé que resucitará en la resurrección de los muertos en el último día”. Jesús le dijo: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí no morirá para siempre. ¿Crees esto? Ella le contestó: “Sí, Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”.
(Si quien preside el responso es un ministro ordenado se puede dirigir a los presentes una breve homilía. De lo contrario se guardará un momento de silencio. Luego todos hacen la Profesión de fe).
A/. Con la esperanza puesta en la resurrección y en la vida eterna que en Cristo nos ha sido prometida, profesemos ahora nuestra fe, luz de nuestra vida cristiana.
T/. Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el EspírituSanto, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.
A/. Oremos, hermanos, a Cristo el Señor,esperanza de los que vivimos aún en este mundo, vida y resurrección de los quehan muerto; llenos de confianza digámosle:
R/ Tu que eres la resurrección y la vida,escúchanos.
1.- Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas, y no te acuerdes de los pecados de nuestro(a) hermano(a) N., roguemos al Señor.
2.- Señor, por el honor de tu nombre, perdónale todas sus culpas y haz que viva eternamente feliz en tu presencia, roguemos alSeñor.
3.- No rechaces a tu siervo(a) N., ni lo(la) olvides en el reino de la muerte, sino concédele gozar de tu dicha en el país de la vida.
4.- Acuérdate, Señor, de los familiares y amigos a quienes entristece esta muerte y auméntales la fe para que encuentren consuelo y paz, roguemos al Señor.
5.- Acoge en tu Reino de vida a todos nuestros seres queridos que han muerto con la esperanza de la resurrección, roguemos al Señor.
6.- Señor, sé tú el apoyo y la salvación de los que acudimos a ti: sálvanos y bendícenos porque somos tu pueblo, roguemos al Señor.
A/. El mismo señor, que lloró junto al sepulcro de Lázaro y que, en su propia agonía acudió conmovido al Padre, nos ayude a decir la oración que Él nos enseñó:
T/. Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.
A/. Escucha, Señor, nuestras súplicas y ten misericordia de su siervo(a) N. para que no sufra castigo por sus pecados, pues deseó cumplir tu voluntad; y ya que la verdadera fe lo (la) unió aquí en la tierra al pueblo fiel, que tu bondad divina lo (la) una al coro de los ángeles y elegidos. Por Jesucristo nuestro Señor.
T/. Y brille para él (ella) la luz perpetua.
A/. Su alma y las almas de todos los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz.
Se puede terminar con un canto.
(La anterior celebración ha sido tomada del “Ritual de Exequias” de la Comisión Episcopal Española de Liturgia -2ª edición 1989-).
