
Blas, Santo
Memoria Litúrgica. 3 de febrero …
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Hablando en silencio
Santo Evangelio según san Marcos 6, 14-29. Viernes IV del Tiempo Ordinario
Por: Iván Yoed González, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, creo en ti. Tú me ofreces el don de creer en ti. Yo lo acepto y creo en ti. Vengo a ti. Quiero aprender de ti.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Marcos 6, 14-29
En aquel tiempo, como la fama de Jesús se había extendido tanto, llegó a oídos del rey Herodes el rumor de que Juan el Bautista había resucitado y sus poderes actuaban en Jesús. Otros decían que era Elías; y otros, que era un profeta, comparable a los antiguos. Pero Herodes insistía: «Es Juan, a quien yo le corté la cabeza, y que ha resucitado». Herodes había mandado apresar a Juan y lo había metido y encadenado en la cárcel. Herodes se había casado con Herodías, esposa de su hermano Filipo, y Juan le decía: «No te está permitido tener por mujer a la esposa de tu hermano». Por eso Herodes lo mandó encarcelar. Herodías sentía por ello gran rencor contra Juan y quería quitarle la vida; pero no sabía cómo, porque Herodes miraba con respeto a Juan, pues sabía que era un hombre recto y santo, y lo tenía custodiado. Cuando lo oía hablar, quedaba desconcertado, pero le gustaba escucharlo. La ocasión llegó cuando Herodes dio un banquete a su corte, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea, con motivo de su cumpleaños. La hija de Herodías bailó durante la fiesta y su baile gustó mucho a Herodes y a sus invitados. El rey le dijo entonces a la joven: «Pídeme lo que quieras y yo te lo daré». Y le juró varias veces: «Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino». Ella fue a preguntarle a su madre: «¿Qué le pido?». Su madre le contestó: «La cabeza de Juan el Bautista». Volvió ella inmediatamente junto al rey y le dijo: «Quiero que me des ahora mismo, en una charola, la cabeza de Juan el Bautista». El rey se puso muy triste, pero debido a su juramento y a los convidados, no quiso desairar a la joven, y enseguida mandó a un verdugo que trajera la cabeza de Juan. El verdugo fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una charola, se la entregó a la joven y ella se la entregó a su madre. Al enterarse de esto, los discípulos de Juan fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Maestro, heme aquí una vez más ante ti. ¿No es hermoso poder venir ante mi Creador, simplemente a conversar? Esto es nada menos que imposible siquiera de imaginar para muchos que una criatura se siente, literalmente, a charlar con la Verdad, con el Inicio y el Fin de todo cuanto existe. Ya incluso estos mismos conceptos me abisman. Tengo la opción de caer en miedo o en sublimación. Yo opto por escucharte.
Tú, Señor, habitas en lo más profundo de nuestro ser, más aún: eres todo en nosotros. Por ti vivo, me muevo, respiro, parpadeo. Me donas la existencia y me regalas la conciencia de reconocerte. No hay mayores dones, en verdad, que los que me dirigen hacia ti.
Herodes era un hombre. Tenía una conciencia también. Como ser humano percibía en su interior una llamada a acogerte, Dios suyo y mío. Pero libremente, quizás movido en parte por el miedo a su séquito, optó por no atender tu voz. Eso es lo que veo en este pasaje. No puedo juzgar a este hombre, pero puedo aprender de él.
¿Decapitó a Juan el Bautista como aplacamiento de su conciencia? Es probable. Desconocemos el paradero final de este hombre, pero esperamos lo mejor de él. Lo que sabemos es que Cristo se encontró con él una vez más poco antes de ser crucificado y que decidió guardar silencio ante un rostro ambicioso de curiosidad y de placer.
¿Quisiste con tu silencio gritar a su conciencia?… Tantas palabras, tantos consejos, tantas amonestaciones había recibido este hombre en su vida; poco o nada le moverían unas cuantas más. Pero quizás tu silencio, Señor, quizás ver tu silencio sería su salvación.
¡Un silencio de Dios que puede significar tanto! ¡Y cuánto los sufro en ocasiones! Pero, cuánto puedo escucharte en ellos… yo opto por escucharte.
«Es el desconcierto que, frente a la novedad que revoluciona la historia, se encierra en sí mismo, en sus logros, en sus saberes, en sus éxitos. El desconcierto de quien está sentado sobre la riqueza sin lograr ver más allá. Un desconcierto que brota del corazón de quién quiere controlar todo y a todos. Es el desconcierto del que está inmerso en la cultura del ganar cueste lo que cueste; en esa cultura que sólo tiene espacio para los “vencedores” y al precio que sea. Un desconcierto que nace del miedo y del temor ante lo que nos cuestiona y pone en riesgo nuestras seguridades y verdades, nuestras formas de aferrarnos al mundo y a la vida. Y Herodes tuvo miedo, y ese miedo lo condujo a buscar seguridad en el crimen».
(Homilía de S.S. Francisco, 6 de enero de 2017).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Ante una crítica o comentarios negativos sobre una persona, buscaré decir algo positivo y/o desviaré la plática a otro tema, sin importar lo que los demás piensen o digan
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Deberes del abogado católico frente a un caso de solicitud de divorcio
El abogado católico debe ser altamente profesional y realizar su función secular iluminado por los principios de la fe
Por: Roberto Aspe | Fuente: .

1. El abogado católico debe ser altamente profesional y realizar su función secular iluminado por los principios de la fe y apegando su actuación personal y profesional a un comportamiento intachable.
2. Debe ser un punto de referencia en la profesión que desarrolla, de manera que adquiera un liderazgo en ella, de lo contrario, no podrá irradiar sus principios y convicciones en su propio ámbito laboral. Recuerden que tenemos la misión de iluminar las realidades humanas con los criterios del evangelio.
3. En el campo matrimonial el matrimonio civil no es equiparable de ninguna manera al sacramento del matrimonio, ya que el vínculo sacramental no tiene paragón con el contrato civil matrimonial y su naturaleza es bien distinta. El matrimonio sacramental permanece aunque haya un divorcio civil. El matrimonio rato y consumado es indisoluble intrínseca y extrínsecamente, es decir, no puede ser disuelto ni por voluntad de los cónyuges ni por alguna potestad humana. El divorcio civil no tiene ninguna ingerencia en el matrimonio religioso, de modo que los cónyuges siguen siendo esposos ante Dios y no pueden acceder a nuevas nupcias.
4.El papel de un abogado católico debería ser tratar de salvar, en la medida de lo posible, la unión matrimonial, de manera que ayude a los cónyuges a reflexionar y poner los medios para salvar el matrimonio. En ocasiones, se necesita un poco más de diálogo, comprensión, paciencia, sacrificio y tiempo para salvar a un matrimonio que está en problemas. Muchas veces la relación puede estar tan desgastada que no es posible salvarlo y por eso el bien de los esposos y de la familia aconseja una separación. La separación permaneciendo el vínculo se contempla en el derecho canónico.
5. Para formalizar la separación ante la Iglesia para tener una mayor tranquilidad de conciencia y no tener la obligación de volver a establecer la vida matrimonial se puede solicitar al Obispo diocesano el decreto de separación (c. 1692 § 2), presentándole los motivos legítimos que han hecho imposible la vida común (cfr. c. 1153 § 1). Por la naturaleza pública del matrimonio y su relevancia social y religiosa, se requiere la intervención de la autoridad competente (obispo diocesano) para evitar, en cuanto posible, que la separación no haya sido una decisión arbitraria o tomada a la ligera por los esposos y no se reduzca a un hecho privado entre ellos. Ahora bien, este decreto de separación no disuelve el vínculo matrimonial y, por tanto, no se permite tener acceso a nuevas nupcias.
6. En estos casos es conveniente formalizar también el divorcio civil, pues será la manera de proteger a la familia de una acción arbitraria y dañina de una de las partes, en el simple hecho de ayudarles jurídicamente a proteger el patrimonio familiar o evitar una acción jurídica o una acción injusta por parte de una de las partes. De esta manera el derecho civil también protege a la familia de una acción injusta.
7. En definitiva, el abogado católico debe buscar la defensa de la institución familiar con su acción y la protección de los cónyuges y los hijos de un matrimonio que ha fracasado y está expuesto a sufrir una injusticia o nuevos abusos. De esta manera, el abogado no actúa a favor de una mentalidad divorcista, sino actúa buscando proteger y tutelar el bien sagrado del matrimonio y de la familia (que se realiza en personas concretas, no lo olvidemos).
8. Ahora bien, el campo del abogado católico es muy amplio, pienso como botón de muestra en la dura pelea que actualmente están dando aquellos que quieren equiparar el matrimonio con la unión de parejas del mismo sexo o con uniones de hecho o con cualquier tipo de unión que no corresponde con la naturaleza de la institución matrimonial. Creo que el abogado católico tiene aquí una gran responsabilidad de hacer ver a la ciencia jurídica el camino equivocado que está tomando.