
Sixto I, Santo
VII Papa, 3 de abril…
Hoy también se festeja a:
- • Roberto Middleton y Thurstan Hunt, Beatos
- • María Teresa Casini, Beata
- • Francisco Solís Pedrajas, Beato
- • Nicetas de Medikion, Santo
- • Juan de Penna de San Giovanni, Beato
El discernimiento en mi vida
Por: H. Francisco J. Posada, LC | Fuente: www.somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, que reconozca lo que Tú quieres de mí para que así te pueda ayudar en nuestra misión evangelizadora. Dame la gracia de abrirte mi corazón para que Tú me ayudes en mi día a día.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 10, 31-42
En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar, los judíos cogieron piedras para apedrearlo. Jesús les dijo: “He realizado ante ustedes muchas obras buenas de parte del Padre, ¿por cuál de ellas me quieren apedrear?”.
Le contestaron los judíos: “No te queremos apedrear por ninguna obra buena, sino por blasfemo, porque tú, no siendo más que un hombre, pretendes ser Dios”. Jesús les replicó: “¿No está escrito en su ley: Yo les he dicho: Ustedes son dioses? Ahora bien, si ahí se llama dioses a quienes fue dirigida la palabra de Dios (y la Escritura no puede equivocarse), ¿cómo es que a mí, a quien el Padre consagró y envió al mundo, me llaman blasfemo porque he dicho: ‘Soy Hijo de Dios’? Si no hago las obras de mi Padre, no me crean. Pero si las hago, aunque no me crean a mí, crean a las obras, para que puedan comprender que el Padre está en mí y yo en el Padre”. Trataron entonces de apoderarse de él, pero se les escapó de las manos.
Luego regresó Jesús al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había bautizado en un principio y se quedó allí. Muchos acudieron a él y decían: “Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan decía de éste, era verdad”. Y muchos creyeron en él allí.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
A veces nos preguntamos si Dios está presente en nuestra vida porque parecería que no. Esta pregunta nos surge de los momentos en los que hemos necesitado de Él y, de algún modo, no nos ha respondido, o no hemos entendido cómo nos ha respondido. Esta tarea de entender las obras de Dios es difícil porque, para hacerlo, se necesita tener un espíritu de discernimiento. Este espíritu es, con la ayuda de Dios, saber qué cosas vienen de Él y que cosas no; aprender a ver la vida con esta actitud no es algo de un día para otro, sino que toma su tiempo. Por esto la gente se puede confundir como lo estaban los judíos quienes claramente tenían unas ideas fijas y convicciones firmes, pero las acciones de Jesús no entraban en sus esquemas cerrados y esto los llevó a querer matarlo.
No entender a Dios o cómo actúa en nuestra vida es algo normal, pero con el tiempo y pidiendo la gracia podemos llegar a encontrar las pistas de cómo Él nos va guiando de regreso a su regazo, nos va mostrando el camino que nos lleva al puerto de nuestra propia felicidad y el estar con Él.
En este tiempo tan especial pidámosle al Señor que nos siga iluminando para saber qué es lo que nos pide y aprendamos a verlo más en nuestro alrededor, encontrándolo y viéndolo en los lugares y circunstancias menos esperadas.
«¿Por cuál de ellas me apedrearéis? Si tenemos un corazón cerrado», dijo el Papa Francisco, «si tenemos un corazón de piedra, las piedras caen en nuestras manos y estamos dispuestos a tirarlas», por eso debemos abrir nuestro corazón al amor. La Palabra de Dios es «viva y eficaz» y que, como una espada, «penetra hasta la división del alma y del espíritu, hasta las articulaciones y la médula». Si la Palabra es verdaderamente escuchada y acogida, cambia nuestra vida, nos cuestiona, nos mueve y nos empuja hacia lo esencial: la caridad».
(Homilía de S.S. Francisco, 22 de marzo de 2019, en santa Marta).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
En un rato de oración renovaré mi confianza en Dios sabiendo que Él solo quiere mi bien.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Cómo orar en momentos de depresión?
Por: Padre Pedro Barrajón, L.C. | Fuente: La-Oracion.com
La depresión es una enfermedad o una situación anímica negativa de la que se habla cada vez más. El ritmo moderno de la vida conlleva exceso en el esfuerzo que luego se puede traducir en un bajón generalizado de nuestra tonalidad anímica. ¿Cómo orar entonces en momentos de depresión, de desánimo, de desesperanzas? ¿Hay algún secreto para orar en estas circunstancias?
Una simplemente una vida competitiva y llena de exigencias múltiples en muchos sentidos hacen difícil la concentración para la oración, crean nuevas ansias y temores, conducen a altibajos emotivos y afectivos que causan si no una verdadera depresión, sí estados anímicos negativos en los que se nos hace difícil y pesada la vida.
Las personas se pueden preguntar si en estos momentos de depresión se puede rezar o el normal esfuerzo que requiere la oración es demasiado elevado para quien parece no tener fuerzas ni siquiera para llevar una vida normal.
San Pablo en la conclusión de la primera carta a los Tesalonicenses, una de las primeras comunidades cristianas europeas, exhorta a estos discípulos de Cristo en esa ciudad griega: «Oren constantemente». (1 Tes 5, 17) Aquí San Pablo pide algo que parecería casi imposible.
Hay que entender esta exhortación como: oren siempre, en toda ocasión, en toda circunstancia. Por lo tanto, también cuando el estado interior está en desánimo, oprimido por un pena o en depresión anímica. Por lo tanto está claro que también hay que orar en momentos de depresión,
¿Cómo orar ante circunstancias de desánimos?
En cada momento de la vida, nuestra oración debe acoplarse a la realidad interior o exterior que tenemos que vivir.
Se puede orar en la alegría o en la tristeza, se puede orar cuando todo marcha viento en popa o cuando todo parece ir contra lo que habíamos planeado, cuando nos sentimos queridos por los demás o abandonados por todos.
También podemos rezar cuando nuestro estado anímico es positivo o, por el contrario, cuando se ve afligido por lo que hoy se llama depresión.
¿Qué podemos orar cuando estamos en un estado negativo?
En primer lugar se puede orar pidiendo al Señor que, si es su voluntad, nos haga salir de ese estado que nos oprime. Se puede pedir que nos ayude a soportar esa prueba que no se había buscado, ni sospechado y que sin embargo hace tan duro y lento el caminar por la vida.
Quizás en estas circunstancias puede nacer espontánea del alma alguna oración parecida a la de Job que en forma dramática maldice el día de su nacimiento (Job 3, 3-4) aunque luego, esclarecido por la revelación divina reconoce: «yo te conocía sólo de oídas, mas ahora te han visto mis ojos» (Job 42, 5)
Cristo oró en la cruz, invocando al Padre para que escuchara su oración y acogiera su espíritu (Lc 23, 46) Los evangelistas nos han dejado también una invocación de Jesús en la cruz que parece desgarradora: «!Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?» (Mt 26, 46) que probablemente es la recitación de un salmo (Salmo 22) que concluye luego lleno de esperanza.
Cómo orar ante la depresión
En la depresión como en cualquier circunstancia de la vida humana, podemos y debemos orar, no del mismo modo como oramos normalmente. No será una oración discursiva o racional, pero no menos intensa y verdadera.
La oración interpreta los deseos de nuestro espíritu. Y nuestro espíritu siempre busca el amor.
También en la depresión podemos amar y por ello podemos orar, podemos implorar el amor y ofrecer el sufrimiento de nuestro ser como parte de nuestra ofrenda de amor al Señor.
Cada uno encontrará las fórmulas o los métodos que más le ayuden a orar, pero no caigamos en la tentación de dejar la oración cuando más la necesitamos para nutrir nuestro espíritu de las fuerzas que le faltan a la parte emotiva y afectiva de nuestro ser.
