
Bibiana (Viviana), Santa
Mártir, 2 de diciembre…
- Hoy también se festeja a:
- • Habacuc, Santo
- • Silverio, Santo
- • Iván Slezyuk, Beato
- • Rafael Chylinski, Beato
- • Juan Ruysbroeck (Rusbroquio), Beato
Perseverar en la oración
Santo Evangelio según san Mateo 9, 27-31. Viernes I de Adviento
Por: Cristian Gutiérrez, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Creo, Señor, que estás presente en este momento. Sé que quieres estar conmigo y yo también deseo acompañarte. Señor, enséñame a orar. Gracias por todos los dones que me concedes siempre sin yo merecerlo. Aumenta mi fe, mi esperanza y mi caridad. Permíteme en este rato conocerte y amarte un poco más. Llena mi corazón de celo por la salvación de las almas y la extensión de tu Reino.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 9, 27-31
Cuando Jesús salía de Cafarnaúm, lo siguieron dos ciegos, que gritaban: «¡Hijo de David, compadécete de nosotros!». Al entrar Jesús en la casa, se le acercaron los ciegos y Jesús les preguntó: «¿Creen que puedo hacerlo?». Ellos le contestaron: «Sí, Señor». Entonces les tocó los ojos, diciendo: «Que se haga en ustedes conforme a su fe». Y se les abrieron los ojos. Jesús les advirtió severamente: «Que nadie lo sepa». Pero ellos, al salir, divulgaron su fama por toda la región.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
Antes de meditar en el pasaje de hoy conviene recordar que estoy ya en el periodo de preparación para tu venida a mi alma. Las recomendaciones que me das en la Liturgia son los mejores medios para prepararme bien. Al fin y al cabo nadie puede prepararte mejor el lugar que quieres sino Tú mismo, claro que con mi ayuda y por ello pones a mi disposición estos consejos.
Puedo tomar un medio para seguir en este camino de adviento. Es el medio de la oración. Una oración perseverante y con fe.
Contemplo a estos dos ciegos que sin verte te siguen e insisten en su petición. Es una muy buena imagen de la oración. Esa oración en la que a veces me tengo que lanzar a ciegas pues no te veo ni te siento. Una oración sacudida por una desgracia familiar, una rutina incrustada en mi vida o incluso un buen momento de bienestar en el que me olvido de ti. Sin embargo, dame la gracia de continuar siguiéndote aunque me cueste y no te vea. Creer que sigues allí y me puedes obtener lo que pido.
Este Evangelio es imagen de la oración perseverante. Los ciegos insisten y no se cansan de gritar todo el camino la misma frase. Que tampoco yo me canse de hacer mis peticiones, aunque sean las mismas y pareciera que no escucharas. Sí me escuchas pero quieres que te siga con perseverancia. Perseverar en la oración es un buen medio en este adviento.
Señor, que mi oración este llena de fe en Ti para que te permita actuar en mi vida. Pero la fe no es sólo creer en ti y saber que existes. La fe no es algo inerte que Tú me das y basta. La fe es reconocer tu poder y tu amor y dejarte actuar según este amor y este poder. La fe es una virtud que se ejercita en actos concretos, por eso, Señor, te pido que aumentes mi fe.
«Qué fácil y equivocado es creer que la vida depende de lo que se posee, del éxito o la admiración que se recibe; que la economía consiste sólo en el beneficio y el consumo; que los propios deseos individuales deben prevalecer por encima de la responsabilidad social. Mirando sólo a nuestro yo, nos hacemos ciegos, apagados y replegados en nosotros mismos, vacíos de alegría y vacíos de libertad. ¡Es algo tan feo!».
(Homilía de S.S. Francisco, 4 de marzo de 2016).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy procuraré repetir esta jaculatoria durante el día: «Señor creo en Ti, pero aumenta mi fe».
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Si creo en la ciencia ¿puedo creer en Dios?
Ciencia sin religión está coja, religión sin ciencia está ciega. Albert Einstein
Por: Nacho Alpizar | Fuente: New Fire

Durante mucho tiempo ha existido la popular idea que la ciencia y la fe no encajan. Se habla sobre los límites de la fe en el campo científico y seguramente has oído cosas como que a la Iglesia Católica “no le gusta la ciencia”. Pero, ¿es esto cierto? ¿Qué tan compatibles son la ciencia y la fe? ¿Se contradicen o se complementan? ¿Qué dice la Iglesia de las ciencias naturales?
Es común escuchar tanto en los jóvenes como en los adultos decir que la ciencia y la fe no son compatibles. Inclusive, es más común oír que se oponen. Incluso muchos afirman que la ciencia puede ser “nublada” por la religión o hasta que los “mejores científicos” son ateos. Pero esto realmente no es así y un vistazo a la historia nos lo demuestra.
“Ciencia sin religión está coja, religión sin ciencia está ciega.” –Albert Einstein
Desde la invención del método científico hasta la genética moderna y la astronomía, muchos científicos han llevado sus investigación de la mano con la fe. Tales son los casos de Antoine Lavoisier (padre de la química moderna), Nicolás Copérnico (padre del heliocentrismo), Francis Bacon (padre del método científico) e Isaac Newton (padre del cálculo matemático). Y así como ellos, muchísimos más que, a pesar de haber vivido en momentos diferentes en la historia, tenían algo en común: su amor por las ciencias nacían de su amor a Dios y sus descubrimientos en los distintos campos científicos los acercaban más a Él.
Esta idea no es nueva. Desde sus inicios, la ciencia ha funcionado como herramienta para observar, comprender y estudiar el universo que nos rodea. Pero los más grandes científicos han reconocido la ciencia no sólo como una herramienta sino también, como un don de Dios; para de igual forma observar y admirar su creación.
La Fe me lleva a la Ciencia
Muy probablemente te sorprenda saber que Georges Lemaître (padre de la teoría del Big Bang) era sacerdote jesuita, o que Gregor Mendel (padre de la genética moderna) era monje agustino. Y es que la fe ha llevado a estos hombres y a muchísimos más a querer conocer más de Dios a través de su creación. El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) nos lo dice bastante claro:
“La Santa Madre Iglesia, mantiene y enseña que Dios, principio y fin de todas las cosas, puede ser conocido con certeza mediante la luz natural de la razón humana a partir de las cosas creadas” (CIC 36).
Es por esto que reconocemos que la fe en Dios nos lleva a querer conocer más de Él y una de las muchas formas es observando y admirando con el don de la ciencia su perfecta creación.
La Ciencia me lleva a la Fe
Ya sabes entonces que la fe naturalmente me lleva a la ciencia. Pero ¿funciona también viceversa? ¿La ciencia me puede llevar a la fe? La respuesta no es tan simple como la primera. El físico alemán Werner Heinsenberg, famoso por formular el principio de la incertidumbre, nos lo dice de esta forma: “El primer trago de la copa de las ciencias naturales te volverá ateo; pero en el fondo de esa copa te espera Dios.”
¿Qué quiere decir esto?
Pues fácil, la ciencia a primera vista puede parecer contradecir mucho la existencia de Dios. Por esta razón, las ciencias que usualmente recibimos en la primaria o en el colegio son tan básicas que muchas veces nos hacen dudar o nos hacen escoger entre 2 opciones, por ejemplo: Génesis vs. Big Bang. (Ya que como vimos antes, ignorábamos quien teorizó el Big Bang). Pero el estudio más profundo y verdadero de las ciencias revela un universo cuya perfección y complejidad se le puede atribuir (al final) únicamente a Dios.
Tal es el caso del genetista ateo estadounidense Francis Collins cuyo profundo estudio del genoma humano y su asombro por la complejidad de este lo llevaron a la fe. El cual es ahora cristiano y tiene una fundación de científicos creyentes llamada BioLogos Foundation. O bien, el caso de Anthony Flew denominado el “ateo más famoso del mundo” quien tras muchísimos años de estudio y a través de un conocimiento profundo de la filosofía y de la ciencia se convirtió del ateísmo al deísmo.
Estos son solo un par de casos que ayudan a entender que también el estudio profundo del universo que nos rodea y de su complejidad es uno de los muchos caminos que nos pueden llevar a Dios.
Y a todo esto ¿la Iglesia Católica qué?
Pues como vimos, desde los primeros y varios capítulos más del Catecismo de la Iglesia Católica se habla de las ciencias naturales y su complementariedad con la fe. Pero no se queda ahí. La iglesia católica ha ayudado y apoyado en muchos estudios en pro de la ciencia. Por ejemplo, el Observatorio Astronómico Vaticano es uno de los más antiguos observatorios en el mundo y aún trabaja. ¡El mismo Papa Francisco es técnico en química y amante de la ciencia!
También, la Santa Sede actualmente posee dos grandes instituciones científicas:
La Pontificia Academia de las Ciencias la cual “tiene como objetivo la promoción de los avances de la matemática, física y ciencias naturales, y los relacionados con el estudio de las cuestiones epistemológicas.”(Estatutos de 1976, art. 2) Quien, dentro de sus miembros ha incluido reconocidos científicos, entre ellos más de 30 premios Nobel en áreas como química, física, economía y fisiología.
Y también, la STOQ Foundation (Science, Theology and the Ontological Quest). Un proyecto del Consejo Pontificio de la Cultura que promueve el diálogo entre la ciencia, la filosofía y la teología en las instituciones del Vaticano.
En fin, tanto ahora como a lo largo de su historia la Iglesia Católica ha entendido la complementariedad entre la fe y la ciencia y sus aportes a esta última han cambiado el mundo. Muchos santos como San Alberto Magno (doctor de la iglesia y patrono de los científicos) o San Juan Pablo II han abogado siempre por el diálogo entre ambas. La ciencia y la fe se complementan muchísimos y una lleva a la otra. Al contrario de lo que se cree popularmente, no son enemigas sino más bien ¡son perfectamente compatibles! Como lo dijo el papa San Juan Pablo II en una de sus cartas encíclicas más famosas:
“La fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad.” (Fides et Ratio, 1998)