

Dionisio de Corinto, Santo
Obispo, 8 de abril …
- Hoy también se festeja a:
- • Herodión, Asíncrito y Flegón, Santos
- • Ágabo, Santo
- • Amancio de Como, Santo
- • Domingo del Santísimo Sacramento (Iturrate Zubero), Beato
- • Clemente de Ósimo, Beato
Nos manda para llevar la luz
Santo Evangelio según san Mateo 28, 1-10. Sábado Santo – Vigilia Pascual
Por: Balam Loza, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
«Alégrese la tierra inundada de tanta luz, y brillando con el resplandor del Rey eterno, se vea libre de las tinieblas que cubrían al mundo entero» (Pregón pascual). Hoy no podemos hacer otra cosa más que contemplar, conmocionados, a nuestro Dios y Señor que se levanta victorioso para declarar que Él reina. En el silencio de la noche brilla el amor que vence sobre el odio. Cantemos con gozo este gran prodigio.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 28, 1-10
Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. De pronto se produjo un gran terremoto, pues el Ángel del Señor bajó del cielo y, acercándose, hizo rodar la piedra y se sentó encima de ella. Su rostro brillaba y sus vestiduras eran blancas como la nieve. Los guardias, atemorizados ante él, se pusieron a temblar y se quedaron como muertos. El Ángel se dirigió a las mujeres y les dijo: «No teman. Ya sé que buscan a Jesús, el crucificado. No está aquí; ha resucitado, como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde lo habían puesto. Y ahora, vayan de prisa a decir a sus discípulos: ‘Ha resucitado de entre los muertos e irá delante de ustedes a Galilea; allá lo verán’. Eso es todo». Ellas se alejaron a toda prisa del sepulcro, y llenas de temor y de gran alegría, corrieron a dar la noticia a los discípulos. Pero de repente Jesús les salió al encuentro y las saludó. Ellas se le acercaron, le abrazaron los pies y lo adoraron. Entonces les dijo Jesús: «No tengan miedo. Vayan a decir a mis hermanos que se dirijan a Galilea; allá me verán».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
El corazón de estas dos mujeres estaba inquieto, querían ver al Señor. Corriendo de mañana, y a toda prisa, van buscarlo. El corazón del hombre está inquieto, pues tiene sed de Dios. Y no lo encontrará a menos de que se ponga en marcha, a menos de que lo busque. Estas mujeres salen la primeras y lo encuentran resucitado, ahí encuentran la paz. Pero esta alegría no es para ellas, pues quien se ha encontrado con el Señor tiene la misión de llevarlo a los demás; de guiarlos y de conducirlos por el verdadero camino.
Los apóstoles, unos se habían quedado en casa, sentados, en la oscuridad, acongojados por la tristeza. Otros habían partido en busca de nuevas aventuras, como los discípulos de Emaús. Y es a ellos a quienes el Señor manda sus mensajeras para sacarlos de la tristeza y de la oscuridad. Ellas hubieran preferido quedarse ahí, adorando al Señor, contemplando su gloria, pero el Señor las envía con una misión muy grande. Llevar la luz a los necesitados. Hoy, el mundo está inquieto buscando la felicidad por todas partes. Unos al no encontrarla se quedan sentados en la oscuridad, otros la buscan en mil aventuras por caminos equivocados y con vanas esperanzas. Pero he ahí que nosotros la hemos encontrado y hemos contemplado el amor. Tal vez, porque hemos sido un poco más madrugadores y hemos tenido un poco de valentía. Pero sin duda, la hemos encontrado porque es Jesús quien ha salido a nuestro encuentro. Y es Él quien nos pide llevarlo a las periferias, donde falta el amor y donde se busca la felicidad equivocadamente en el placer o en el dinero. Es ahí donde nos manda para llevar la luz.
«Fue también la [nostalgia] que experimentó María Magdalena la mañana del domingo para salir corriendo al sepulcro y encontrar a su Maestro resucitado. La nostalgia de Dios nos saca de nuestros encierros deterministas, esos que nos llevan a pensar que nada puede cambiar. La nostalgia de Dios es la actitud que rompe aburridos conformismos e impulsa a comprometerse por ese cambio que anhelamos y necesitamos. La nostalgia de Dios tiene su raíz en el pasado pero no se queda allí: va en busca del futuro. Al igual que los magos, el creyente “nostalgioso” busca a Dios, empujado por su fe, en los lugares más recónditos de la historia, porque sabe en su corazón que allí lo espera el Señor. Va a la periferia, a la frontera, a los sitios no evangelizados para poder encontrarse con su Señor; y lejos de hacerlo con una postura de superioridad lo hace como un mendicante que no puede ignorar los ojos de aquel para el cual la Buena Nueva es todavía un terreno a explorar».
(Homilía de S.S. Francisco, 6 de enero de 2017).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy, Señor, voy a dedicar un momento para visitar a alguna persona que esté sufriendo por la tristeza o la enfermedad, para transmitirle el amor mediante pequeños detalles de caridad. Dejaré que tomes mi corazón para que, por mi medio, puedas llevar la alegría y la paz.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
La Hora de la Madre, en el dolor de María la esperanza de la Iglesia
La celebración mariana, que tradicionalmente tiene lugar la mañana del Sábado Santo.
Por: Tiziana Campisi | Fuente: Vatican News

Una liturgia que se repite desde hace más de 34 años: es la que el Sábado Santo, en la Basílica romana de Santa María La Mayor, se dedica a María y que propone y revive su dolor y su gran fe mientras espera la Resurrección de Jesús. Es la «Hora de la Madre», que recuerda ese espacio de tiempo vivido con esperanza por la Virgen, la primera entre todos los discípulos, tras la crucifixión de Cristo.
La celebración, presidida este sábado, 8 de abril, por el cardenal Stanislaw Rylko, Arcipreste de la Basílica de Santa María La Mayor, y enriquecida por los cantos del coro «Jubilate deo», dirigido por sor Dolores Aguirre, se inspira en la liturgia bizantina que, ante el icono de la sepultura de Jesús, recuerda los lamentos de María por su Hijo asesinado y su anhelo de verlo volver vivo de entre los muertos, y está pensada para dar el debido relieve a la presencia de la Virgen en el misterio pascual, según la doctrina de la Iglesia.
El significado de la Hora de la Madre
Si el Viernes Santo es la «Hora» de Jesús, que amó a los hombres hasta la abnegación en el altar de la Cruz, el Sábado Santo es la «Hora de la Madre», culminación del largo y arduo camino de fe de María, que al pie del Crucifijo se asoció al sacrificio de su Hijo, acogiendo como hijos a todos los hombres redimidos por Cristo. El testimonio de la Virgen surgió ya cuando los discípulos, en la tarde del Viernes Santo, depositaron a Jesús en el sepulcro: su fe no decayó, como tampoco su unión indisoluble con su Hijo. En Ella, en esa Hora está la fe de toda la Iglesia, como explicó Juan Pablo II en la Audiencia General del 3 de abril de 1996: «El Sábado Santo la Iglesia, una vez más, se identifica con María: toda su fe se reúne en Ella, la primera creyente. En la oscuridad que envuelve la creación, sólo Ella permanece para mantener viva la llama de la fe, preparándose para acoger el anuncio gozoso y sorprendente de la resurrección».
La celebración de este 8 de abril
La «Hora de la Madre» se celebra en distintas partes del mundo. Los católicos de rito latino, inspirados en el rito bizantino, entrelazan salmos y lecturas con una selección de «tropari» (breves estrofas poéticas cantadas). Un esquema litúrgico ampliamente adoptado es el elaborado en 2006 por el mariólogo Ermanno Toniolo, que se divide en cuatro momentos rituales una parte introductoria, que prepara a la asamblea a revivir, en comunión con María, la espera de la resurrección; un primer momento de escucha de la Palabra, memorial de la fidelidad del Hijo y de la Madre hasta el sacrificio supremo; un segundo momento de escucha de la Palabra, proyectado a la espera de la Pascua cercana, con los sentimientos de la Madre que la vivió anticipadamente; por último, los ritos conclusivos, que conducen con María al encuentro con Cristo resucitado. «En este ‘gran sábado’, la fe de toda la Iglesia, la esperanza de toda criatura está en el corazón de la Madre», reza la introducción que el guía lee a los fieles al comienzo de la celebración mariana, «es ella ‘Iglesia’ que cree contra toda evidencia, que espera contra toda esperanza».