Virgen Terciaria Dominica, 30 de agosto …
Hoy también se festeja a:
- • Ángel Alonso Escribano y 9 compañeros, Beatos
- • Alfredo Ildefonso Schuster, Beato
- • Juan Juvenal Ancina, Beato
- • Tomás Kempis, Beato
- • María Rafols Bruna, Beata
Cuidado de no estar llenos de hipocresía y maldad
Por: Misael Cisneros | Fuente: Catholic.net
Del santo Evangelio según san Mateo 23, 27-32
En aquellos días, dijo Jesús: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, pues sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen bonitos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia! Así también vosotros, por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad. «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, porque edificáis los sepulcros de los profetas y adornáis los monumentos de los justos, y decís: «Si nosotros hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no habríamos tenido parte con ellos en la sangre de los profetas!» Con lo cual atestiguáis contra vosotros mismos que sois hijos de los que mataron a los profetas.¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!
Oración introductoria
¡Oh! Espíritu Santo, Espíritu de Verdad, dirige mi corazón para actuar siempre de cara a la verdad. ¡Oh! Espíritu de santidad, ven y renueva mi intención. Ven, Espíritu de amor, enséñame a orar.
Petición
Jesús, dame la gracia de buscar siempre la verdad.
Meditación del Papa Francisco
En este grupo están los cristianos que no dan testimonio. Son cristianos de nombre, cristianos de salón, cristianos de recepciones, pero su vida interior no es cristiana, es mundana. Uno que se dice cristiano y vive como un mundano, aleja a los que piden ayuda a gritos a Jesús.
Luego están los rigoristas, a quienes Jesús regaña porque que cargan mucho peso sobre los hombros de la gente. Jesús les dedica todo el capítulo 23 de san Mateo. Hipócritas, explotáis a la gente, les dice Jesús. Y en vez de responder al grito que pide salvación alejan a la gente.
Y finalmente está el tercer grupo de cristianos, los que ayudan a acercarse a Jesús. El grupo de cristianos que tienen coherencia entre lo que creen y lo que viven, y ayudan a acercarse a Jesús, a la gente que grita, pidiendo salvación, pidiendo la gracia, pidiendo la salud espiritual por su alma. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 28 de mayo de 201, en Santa Marta).
Reflexión
Jesús sigue fustigando el pecado de hipocresía. Aparentar por fuera lo que no se es por dentro, como había condenado los árboles que sólo tienen apariencia y no dan fruto. Aquí desautoriza a las personas que cuidan su buena opinión ante los demás, pero dentro están llenos de maldad.
¿Se nos podría achacar algo de esto a nosotros? ¿No estamos también preocupados por lo que los demás piensan de nosotros, cuando en lo que tendríamos que trabajar es en mejorar nuestro interior? Sabemos que Dios conoce nuestro interior y no podemos engañarle, por ello vale más ser transparentes ante Dios que aparentar lo que no somos ante los hombres. ¿Sería muy exagerado tacharnos de sepulcros blanqueados?
También conviene evaluarnos en el otro aspecto que Jesús denuncia. ¿Somos personas que de palabra se distancian de los malos como los fariseos de sus antepasados, pero en realidad somos tan malos o peores que ellos, cuando se nos presenta la ocasión? Puede ser que emitamos juicios temerarios contra nuestro prójimo, considerándoles inferiores a nosotros, cuando en realidad lo que Cristo nos pide es perdonar y no pensar mal de nadie. En este caso, Cristo poseía la autoridad para denunciar la actitud hipócrita de los fariseos, sin embargo sabemos por el mandato de Cristo, el de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, a nosotros, no nos compete este derecho.
Diálogo con Cristo
Padre bueno, dame la gracia de salir de esta oración decidido a vivir siempre con autenticidad venciendo el miedo al qué dirán, la rutina o ley del menor esfuerzo, para aspirar a ser tu discípulo y misionero. Aumenta mi generosidad para aportar todas mis cualidades, mi ingenio e incluso mis recursos materiales para llevarte a los demás.
Propósito
Ante las dificultades del día de hoy, recitar la jaculatoria: Cristo, en Ti confío.
Todos somos pecadores… pero no corruptos
Por: SS Francisco | Fuente: Catholic.net

Pecadores, sí. Corruptos, no
Pecadores, sí. Corruptos, no
El que no se arrepiente y simula ser cristiano hace tanto mal a la Iglesia. Es cuanto afirmó el Papa Francisco en la Misa del lunes (11 de noviembre de 2013) celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. El Papa reafirmó que todos debemos decirnos «pecadores», pero debemos estar atentos a no convertirnos en «corruptos». Quien es benefactor de la Iglesia pero roba al Estado, añadió Francisco, es un injusto que conduce una doble vida.
Jesús no se cansa de perdonar y nos aconseja que hagamos lo mismo. El Papa se detuvo en su homilía sobre la exhortación del Señor a perdonar al hermano arrepentido, del que habla el Evangelio. Cuando Jesús pide que se perdone siete veces al día, observó el Obispo de Roma, «hace un retrato de sí mismo». Jesús, prosiguió, «perdona» pero en este pasaje evangélico también dice: «Atención a quien causa escándalos». No habla de pecado, sino de escándalo, que es otra cosa. Y añade que «es mejor para él que se le ponga una piedra de molino al cuello y se lo arroje al mar, antes de que escandalice a uno de estos pequeños». De ahí que el Papa se preguntara qué diferencia hay entre «pecar y escandalizar»:
«La diferencia es que quien peca y se arrepiente, pide perdón, se siente débil, se siente hijo de Dios, se humilla, y pide precisamente la salvación de Jesús. Pero de aquel otro que escandaliza, ¿qué cosa escandaliza? Que no se arrepiente. Sigue pecando, pero finge ser cristiano: la doble vida. Y la doble vida de un cristiano hace tanto mal, tanto mal. ´¡Pero, yo soy un benefactor de la Iglesia! Meto la mano en el bolsillo y doy a la Iglesia´. Pero con la otra mano, roba: al Estado, a los pobres… roba. Es un injusto. Ésta es doble vida. Y esto merece – lo dice Jesús, no lo digo yo – que le pongan en el cuello una muela de molino y sea arrojado al mar. No habla de perdón, aquí».
Y esto, subrayó el Pontífice, porque «esta persona engaña», y «donde está el engaño, no está el Espíritu de Dios. Ésta es la diferencia entre pecador y corrupto». Quien «conduce una doble vida – dijo – es un corrupto». Diverso es quien «peca y quisiera no pecar, pero es débil» y «va a lo del Señor» y pide perdón: «¡a ese el Señor lo quiere! Lo acompaña, y está con él»:
«Y nosotros debemos decirnos pecadores, sí, ¡todos, aquí, eh!, todos lo somos. Corruptos, no. El corrupto está fijo en un estado de suficiencia, no sabe qué cosa es la humildad. Jesús, a estos corruptos, les decía: La belleza de ser sepulcros blanqueados, que parecen bellos, por afuera, pero dentro están llenos de huesos muertos y de putrefacción. Y un cristiano que se vanagloria de ser cristiano, pero que no hace vida de cristiano, es uno de estos corruptos. […] Todos conocemos a alguien que está en esta situación, ¡y cuánto mal hacen a la Iglesia! Porque no viven en el espíritu del Evangelio, sino en el espíritu de la mundanidad».
El Santo Padre recordó que San Pablo lo dice claramente en su Carta a los cristianos de Roma: «No se uniformen a este mundo». Es más, precisó, el «texto original es más fuerte» porque afirma que no hay que «entrar en los esquemas de este mundo, en los parámetros de este mundo». Esquemas, reafirmó, que «son esta mundanidad que te lleva a la doble vida»:
«Una podredumbre barnizada: ésta es la vida del corrupto. Y Jesús no les decía sencillamente «pecadores» a estos, les decía: «hipócritas». Y qué bello, aquel otro, ¿no? Si cometiera una culpa siete veces al días contra ti y siete veces viniera a ti diciendo: «Estoy arrepentido, soy pecador», tu lo perdonarás. Es lo que Él hace con los pecadores. Él no se cansa de perdonar, sólo con la condición de no querer hacer esta doble vida, de ir a Él arrepentidos: «¡Perdóname, Señor, soy pecador!». ´Pero, vas adelante, vas adelante: yo lo sé´. Y así es el Señor. Pidamos hoy la gracia al Espíritu Santo que huye de todo engaño, pidamos la gracia de reconocernos pecadores: somos pecadores. Pecadores, sí. Corruptos, no».
