Un poco de humor en estos tiempos de «Redes Sociales»… más de alguno se sentirá identificado…
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Cosme y Damián, Santos
Memoria Litúrgica, 26 de septiembre…
Hoy también se festeja a:
- • María del Refugio Rosat y María del Calvario Romero, Beatas
- • María Teresa Couderc, Santa
- • Lucía de Caltagirone, Beata
- • Gaspar Stanggassinger, Beato
- • Gedeon, Santo
Curando en todas partes
Por: H. Alexis Montiel, L.C. | Fuente: missionkits.org
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, que tus palabras sean fuente de consuelo, alegría y paz para los demás y que yo sea capaz de amar y alegrarme en tu presencia.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 9, 1-6
En aquel tiempo, Jesús reunió a los Doce y les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades. Luego los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar a los enfermos, diciéndoles: «No llevéis nada para el camino: ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero; tampoco llevéis túnica de repuesto. Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si alguien no os recibe, al salir de aquel pueblo sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa».
Ellos se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando la Buena Noticia y curando en todas partes.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
De pequeño siempre me han llamado la atención los médicos. Veía cómo ayudaban a las personas, sabían dar buenos consejos, consolar, e inclusive si algo dolía daban algún remedio. Algunas veces recetaban inyecciones para los niños, pero era mucho mejor sufrir por el remedio a seguir enfermo.
Ahora veo como en la antigüedad, con la medicina tan rústica, no se podían hacer grandes avances en el tratamiento de una enfermedad. Por eso Jesús era muy buscado porque sabían que Él era capaz de sanar todos los problemas, todas las aflicciones, todos los conflictos. Ver a alguien ayudar a los demás algo que nadie se podía perder.
El día de hoy, el Señor no nos envía a vivir y predicar simplemente, nos pide vivir en actitud de servicio, en actitud de escucha, en actitud de sanación. Hoy la herida más grande que tiene el hombre es la del corazón, que ha sido atacado y mutilado a lo largo de los años, mucho más en la época actual. Ese corazón no se sana con los instrumentos del quirófano o del laboratorio, necesita de personas que sepan llevar el mensaje del Evangelio en donde no se ha escuchado, a dar caridad y amor para los demás.
Pensad que la mayor parte de la vida pública de Jesús ha pasado en la calle, entre la gente, para predicar el Evangelio, para sanar las heridas físicas y espirituales. Es una humanidad surcada de sufrimientos, cansancios y problemas: a tal pobre humanidad se dirige la acción poderosa, liberadora y renovadora de Jesús. Así, en medio de la multitud hasta tarde, se concluye ese sábado. ¿Y qué hace después Jesús? Antes del alba del día siguiente, Él sale sin que le vean por la puerta de la ciudad y se retira a un lugar apartado a rezar. Jesús reza. De esta manera quita su persona y su misión de una visión triunfalista, que malinterpreta el sentido de los milagros y de su poder carismático. Los milagros, de hecho, son signos, que invitan a la respuesta de la fe; signos que siempre están acompañados de palabras, que las iluminan; y juntos, signos y palabras, provocan la fe y la conversión por la fuerza divina de la gracia de Cristo.
(Homilía de S.S. Francisco, 4 de febrero de 2018).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Escucharé con paciencia y amor los comentarios que los demás necesiten y buscaré sanar sus corazones.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
La Pureza de María
Por: Pia Hirmas | Fuente: la-oracion.com
Pocos valores en nuestros días tienen menos defensores que la pureza. Es increíble como ya ni a los niños tienen resguardado este valor. Visto así la pureza de María nos sorprende y abruma por lo inimaginable.
Desafortunadamente nuestra cultura pansexista sólo entiende la pureza en materia sexual. No obstante, la pureza de María y a la que estamos llamados todos es una pureza profunda y radical, que abarca todo el ser. Su pureza consiste en que la obra creadora de Dios en Ella se trasluce perfectamente en toda su belleza original. Es un don ciertamente, pero es necesario pedirlo y corresponderlo. Así que también tiene mucho mérito.
Es necesario no poner el ego, la rebeldía humana a buscar otras formas de ser, vivir y ver distintas de las que Dios quiere. La pureza no sólo trata de evitar las situaciones que puedan mancharnos, sino que positivamente busca la luz de Dios en todo. Es así que es muy lógica la bienaventuranza que dice “bienaventurados los limpios de corazón porque verán a Dios”. Y es que el limpio, el puro, no lo es sólo o principalmente en la piel, sino en el corazón.
Busca con todo su ser a Dios. cuando actúa trata de tener pureza de corazón poniéndose en un segundo plano, para que la voluntad de Dios sea realizada. Busca ver a las personas y a las cosas como Dios las ve, por eso no juzga, no se burla, no cosifica a nadie. Mira con ternura y verdadero interés, como nos ve Dios. El limpio de corazón, es aquel que en su corazón sólo tiene un amor y ese es Dios.
Por todo esto, es clarísimo que Santa María es purísima, pues ella como nadie ama a Dios y a nosotros como Dios nos ama. Eso la llevó a un comportamiento corporal irreprochable, pero es que ya era irreprochable en el corazón.
María ya alcanzó la meta de modo pleno y perfecto, pero nos anima a seguirla para alcanzar con ella esta plenitud. Tal vez no podemos imitarla en la pureza como decía un santo, pero podemos imitarla al menos en la humildad, y seguir intentando con paciencia y mansedumbre volver a empezar la ardua tarea de realizar el plan de Dios en nuestras vidas y poder reflejar y servir con la mejor versión de nosotros mismos.
Imitar a María en su pureza implica muchos sacrificios, pues el mundo justo ofrece lo contrario. Será necesario salirse de ciertos ambientes, no estar al ritmo de ciertas modas, ser modestos y no buscar tener los reflectores encima. Habrá que cuidar lo que se ve y se escucha en los medios. Implicará cierto martirio porque nos expondremos a ser ridiculizados, a veces por envidia. Sin embargo, al final de la vida Dios retribuirá al que trata de vivir en santidad y justicia y no se alegra en el mal, pero también, podremos gozar de verdaderos encuentros humanos porque la gente va poder sentir la presencia de Dios pasar a través nuestro porque sentirán el amor de Dios en nuestras palabras, en nuestras gestos y miradas y en todas nuestras acciones.
Demos gracias a Dios por habernos dado una mamá tan ejemplar que sólo con verla nos mueve a ser mejores y estar más cerca de Dios.
