Apóstol, 24 de agosto …
Hoy también se festeja a:
- • Emilia de Vialar, Santa
- • María Encarnación Rosal, Beata
- • Fortunato Velasco Tobar, Beato
- • Miroslav Buleić, Beato
- • Audeno de Rouen, Santo
El encuentro de Jesús con Natanael
Solemnidades y Fiestas
Por: P Clemente González | Fuente: Catholic.net

Del santo Evangelio según san Juan 1, 45-51
En aquel tiempo, Felipe encuentra a Natanael y le dice: Aquel de quien escribieron Moisés y la Ley y los Profetas lo hemos encontrado: a Jesús, hijo de José, de Nazaret. Natanael le replicó: ¿De Nazaret puede salir algo bueno? Felipe le contestó: Ven y verás. Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño. Natanael le contesta: ¿De qué me conoces? Jesús le responde: Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi. Natanael respondió: Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel. Jesús le contestó: ¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores. Y le añadió: Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del Hombre.
Oración introductoria
Jesús, eres el hijo de Dios, el rey de mi vida y mi mejor amigo, maestro y pastor. Me tomas de la mano y me conduces al Padre. Me insistes en la conversión, pues sólo un corazón decidido puede a orar en la fe. Ayúdame a orar disponiendo mi corazón para hacer la voluntad del Padre.
Petición
Señor, concédeme buscar la santidad en la coherencia y en el cumplimiento de tu voluntad.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
Cadena de encuentros
«Ven y lo verás». Cada uno de nosotros ha llegado a conocer a Cristo gracias a otra persona. Un sacerdote nos bautizó y nos da los demás sacramentos; en casa o en la parroquia nos enseñaron el catecismo; seguramente algún amigo o amiga en concreto nos ha atraído más hacia la fe… En cada cristiano, a lo largo de los siglos, se repite el evento de Felipe, Natanael y Jesús.
Gracias, Señor, por todos aquellos que me han llevado a Ti. ¿Qué sería de mí sin la ayuda de mis papás, de los sacerdotes, de mis amigos y hermanos en la fe? Gracias, Jesús, porque entraste en mi vida gracias a las personas que amo y sé que me aman; gracias por ser ese tesoro que he recibido de otros. Gracias, por la oportunidad de venir y verte, de conocerte más de cerca y de descubrir tu amor. Gracias porque, siendo el Hijo de Dios, has querido vivir entre nosotros.
Quien ha conocido a Cristo, ha recibido el mayor don de esta vida. Pero con el don viene una responsabilidad. ¡Cuánta gente no ha escuchado hablar de Cristo! ¡Cuántos saben de Él, pero no lo conocen en realidad, y por eso no lo aman! Y cuántos de ellos viven a nuestro lado, trabajan junto a nosotros, pasan por nuestras mismas calles. No podemos guardarnos el mayor tesoro de la humanidad para nosotros mismos. Tenemos que compartirlo, transmitir la gran noticia: ¡hemos encontrado a Aquél que tanto anhela el corazón humano!
Jesucristo, Tú tienes el gran deseo de que todos te conozcan, para que encuentren el verdadero Amor del Padre. Pero has querido hacerte necesitado de mi boca para hablar de Ti. Cuenta conmigo. Aquí mismo donde vivo, en mi puesto de trabajo, entre mis amigos, sé que algunos no te conocen. Dame ese fuego misionero, la gracia de transmitir el encuentro contigo.
«Dios nos ha escogido y bendecido con un propósito: “Para que fuésemos santos e irreprochables en su presencia”. Nos eligió a cada uno de nosotros para ser testigos de su verdad y su justicia en este mundo. Creó el mundo como un hermoso jardín y nos pidió que cuidáramos de él. Pero, con el pecado, el hombre desfiguró aquella belleza natural; destruyó también la unidad y la belleza de nuestra familia humana, dando lugar a estructuras sociales que perpetúan la pobreza, la falta de educación y la corrupción.»
(Homilía de S.S. Francisco, 18 de enero de 2015).
Reflexión
¿De este pueblo tan pequeño puede salir algo bueno? Estas fueron las palabras que San Bartolomé, también llamado Natanael, dijo a Felipe, sorprendido ante la noticia de que había un gran hombre venido desde Nazaret.
Natanael permaneció vacilante hasta que escuchó las palabras de Jesús, alabándole. Cristo demuestra que conoce perfectamente el interior del hombre, y por eso se permite elogiarle en público. ¿Y qué diría Jesús de nosotros? ¿Podría repetir las palabras que dirigió al santo que hoy contemplamos? Y tú, ¿qué opinión tienes de ti mismo?
Lo que en realidad somos está recogido en nuestra conciencia. Ella nos avisa ante la bondad o maldad de nuestros actos, antes y después de hacerlos. Por eso, el que actúa guiado por una conciencia recta, tiene la seguridad de llevar una vida honrada, ante sí mismo, ante los hombres y ante Dios.
Formar una buena conciencia es gran parte del secreto de nuestro obrar. ¿Y cómo se forma? Con criterios objetivos, válidos para todos y siempre. Por ejemplo, los diez mandamientos son la ayuda básica para saber qué debemos hacer y qué hay que evitar. Y una vez que hemos establecido fuertemente los principios, es necesario mantenerse firme en ellos.
Propósito
Restar importancia a mis puntos de vista, para estar más abierto a la opinión de los demás.
Diálogo con Cristo
Jesús, frecuentemente soy escéptico y desconfío en que puedo alcanzar la santidad, porque no me dejo transformar por tu gracia y no cumplo la voluntad de Dios. Por eso te pido, hoy, que abras mi espíritu, mi corazón, mi entendimiento, para que sepa reconocerte siempre y darte el lugar que te corresponde en mi vida.
Diez consejos para controlar la lengua y evitar los chismes, las murmuraciones y las maledicencias
Fuente: Religión en Libertad
Si no puedes decir algo bueno de alguien, cállate: un viejo y buen consejo, dice el padre Ed Broom.
17 agosto 2016
El padre Ed Broom, OMV (Oblato de la Virgen María), conocido también como Padre Escobita, fue ordenado sacerdote por Juan Pablo II en 1986. Es asistente del párroco en la Iglesia de San Pedro Chanel en Hawaiian Gardens (California). Allí imparte retiros, da los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, organiza y dirige su propio programa de radio y televisión en Guadalupe Radio (Barriendo Conciencias). A continuación reproducimos un artículo suyo sobre el control de las malas lenguas, publicado en su blog.
De la abundancia del corazón habla la boca
Reglas para el control de la lengua
Jesús dijo que de la abundancia del corazón habla la boca, y que daremos cuentas de todas las palabras que salgan de nuestra boca. Santiago, en el capítulo 3 de su epístola, claramente nos invita a usar la lengua para alabar a Dios.
A continuación detallamos diez sugerencias útiles. ¡Leámoslas y apliquémoslas en nuestras conversaciones cotidianas!
1. Reza al Espíritu Santo. ¡Mira a los apóstoles! Antes de Pentecostés huyeron, e incluso Peddro negó a Jesús con su lengua. Después de la primera novena de Pentecostés, hay una transformación radical. Pedro pronuncia una homilía de Pentecostés y convierte… ¡a 3000 personas! ¿Cómo? Invocando al Espíritu Santo. He aquí una breve, pero potente oración: “Ven Espíritu Santo, ven a través del Corazón de María”.
2. ¡Piensa! Dice Santiago que deberíamos ser rápidos para escuchar y lentos para hablar. ¡Así que lo siguiente es evitar la impulsividad! ¡Piensa antes de hablar! ¡Con cuánta frecuencia hemos hablado impulsados por el momento, sin reflexión, y hemos herido a la persona y hemos pagado las consecuencias! La Imitación de Cristo afirma: “Pocos han lamentado haber mantenido silencio, muchos haber hablado en mal momento”.
3. La Regla de Oro. Recuerda esta preciosa y poderosa norma de Jesús: “Haz a los demás lo que quieres que los demás te hagan”. Podemos aplicarlo al hablar: “Dile a los demás lo que quieres que ellos te digan a ti”.
4. ¡Calla! Las madres suelen enseñar a sus hijos este axioma: “Si no tienes algo bueno que decir, entonces no lo digas”. ¡Buen consejo!
5. ¿Estás nervioso? En momentos de agitación, es mejor no hablar. Mejor retírate a tu habitación, reza una parte del Rosario, y luego regresa a la conversación tranquilo y sereno. En la agitación, el mal espíritu trabaja en nosotros y eso también afecta a lo que decimos.
6. ¡Da ánimos! Aprende palabras de ánimo. Todos necesitamos refuerzo, apoyo y consuelo. ¡Sé un Bernabé! Bernabé fue uno de los últimos apóstoles y su nombre significa “hijo de la consolación”. ¿Por qué no formar un Club Bernabé?
7. ¡Perdón! Cuando te equivoques con lo que has dicho y hieras a tu prójimo, haz acopio de humildad y valor suficientes para pronunciar dos palabras muy difíciles: “¡Lo siento!”. Shakespeare dio en el clavo: “Errar es atributo humano, perdonar es atributo divino”.
8. Lectura espiritual. Puede ser que lleguemos a un vacío interior: tenemos poco que decir que tenga un valor real. Forja el hábito de una buena lectura espiritual (media hora al día) y muchos pensamientos santos, edificantes y santificantes transformarán tu mente y tu corazón en palabras que servirán para santificar verdaderamente a los demás. En la Contemplación para alcanzar amor, San Ignacio dice que el amor se expresa dando. ¿Por qué no compartir con los demás los tesoros espirituales de tu corazón?
9. ¡Recuerda la Santa Comunión! Recuerda que hablas con la misma lengua con la que recibes al Señor eucarístico, al Señor de los Señores y Rey de Reyes. ¡Ojalá lo que hablemos refleje a quién acabamos de recibir en nuestra lengua y en nuestros corazones!
10. El modelo de María. Mira a María y pide su poderosa intercesión para ayudarte en lo que digas. Imagina a María hablando a San José, a Jesús, a Santa Isabel, a otros. ¡Cuánto amor, cuánta atención, cuánta amabilidad, cuánta dulzura, cuánta humildad, cuánta discreción, cuánta alegría…! Sin duda, esa María que dijo “sí” a la Palabra de Dios alcanzará para nosotros la gracia de decir con claridad, convicción y caridad cada palabra que provenga de nuestra boca: “Mi alma proclama la grandeza del Señor, y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador”, proclamó en el canto del Magnificat.
