
José Cafasso, Santo
Presbítero, 23 de junio…
- Hoy también se festeja a:
- • Pedro Jacobo de Pésaro, Beato
- • Walhero, Santo
- • Agripina de Roma, Santa
- • Lanfranco de Pavia, Santo
- • Eteldreda de Ely, Santa
Misioneros de tu Reino
Santo Evangelio según san Mateo 7, 15-20. Miércoles XII del Tiempo Ordinario
Por: Iván Yoed Glez. LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
En el recinto más profundo de mi alma hay una morada que exclusivamente Tú habitas. En el lugar más reservado de mi corazón, donde el rumor del mundo no alcanza, puedo encontrar tu voz que me dice «ven a mí». Heme aquí, Dios mío, con el mejor deseo, con el mayor anhelo de encontrarme contigo. Gracias por llamarme a ti.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 7, 15-20
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuidado con los falsos profetas. Se acercan a ustedes disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los cardos?
Todo árbol bueno da frutos buenos y el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos y un árbol malo no puede producir frutos buenos. Todo árbol que no produce frutos buenos es cortado y arrojado al fuego. Así que por sus frutos los conocerán”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
Puesto que todo árbol bueno da frutos buenos, todo cristiano está llamado a dar el amor de Cristo, cuyo árbol fue la cruz, y cuyos frutos son miles de mártires, testigos de su amor. Hoy también Dios me ha destinado a ser su testigo, mártir de la entrega en cada instante. Me ha llamado a ser fermento en la sociedad, semilla de su Reino que germine bajo la luz de la caridad y ofrezca sombra a tantas almas, que aún no han conocido el rostro misericordioso de Dios.
Me ha llamado a ser profeta de este mundo, a ser mensajero de Cristo, portador de su consuelo, el único y verdadero. Me ha elegido para ser testigo de las realidades futuras, peregrino en camino hacia la patria eterna, con pies militantes en la tierra, cargando con amor la cruz en mis hombros y mirándote, Señor, clavado por mí.
Misionero de tu Reino, apóstol de tu corazón, voz de tu misericordia, anunciante de la buena nueva, de la hermosa noticia: un Señor tengo como Dios: Jesucristo, verdadero hombre, verdadero Dios, que vivió como yo y murió para que resucite un día como Él, para otorgarme su gracia, para mostrarme su perdón, para enseñarme el único y verdadero amor, aquél que brota de la cruz, que convierte el sufrimiento en fruto de gracias que culminan en el amor a Dios y a los demás.
«Como consecuencia una persona que así unida hace tanto bien al prójimo y a la sociedad, es una persona cristiana. De estas actitudes, de hecho se reconoce que uno es cristiano, como de los frutos se reconoce el árbol. Los frutos de esta unión con Jesús son maravillosos: toda nuestra persona es transformada por la gracia del Espíritu: alma, inteligencia, voluntad, afectos, y también el cuerpo, porque nosotros somos una unidad de espíritu y cuerpo. Recibimos un nuevo modo de ser, la vida de Cristo se vuelve también la nuestra: podemos pensar como Él, actuar como Él, ver el mundo y las cosas con los ojos de Jesús. Como consecuencia, podemos amar a nuestros hermanos, a partir de los más pobres y sufridores, como él lo ha hecho, y amarlos con su corazón y llevar así al mundo frutos de bondad, de caridad y de paz».
(Homilía de S.S. Francisco, 3 de mayo de 2015).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy realizaré un sacrificio especial de abstinencia y lo ofreceré al Señor por mis hermanos cristianos perseguidos en Medio Oriente.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Vio una viuda pobre que echaba dos moneditas
¿Cuántas veces damos solamente para salir del paso, pero ofreciendo sólo sobras?
Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato |

Daniel 1, 1-6. 8-20: “No hubo ninguno como Daniel, Ananías, Misael y Azarías”
Salmo 3: “Bendito seas para siempre, Señor”
San Lucas 21, 1-4: “Vio una viuda pobre que echaba dos moneditas”
No es nada extraño lo que nos cuenta San Lucas. ¿No lo hemos vivido nosotros de muchas formas? A veces con preocupación, a veces con burla, y otras con desprecio de quienes no son capaces de entenderlo, hemos visto cómo los que menos tienen son los más generosos. Hay quienes se admiran de la generosidad o, algunos dicen, de la imprudencia, para hacer partícipes a los otros de lo poco que tienen. Su casa está siempre abierta, no hay candados ni cadenas, no hay guardianes. Su casa, igual que su corazón, está abierta para el que lo necesita. Lo he experimentado vivamente cuando visito sus comunidades, cuando comparten conmigo su tortilla o su frijol, cuando me ofrecen el cuartito que ocupa toda la familia y que en mi visita generosamente me lo dejan para mí solo.
Con un nudo en la garganta, me dejan admirado y lleno de asombro en sus manifestaciones. Cuando hemos pedido apoyos para personas que han sufrido desastres, se desprenden de lo poquito que tienen y lo presentan alegremente. De muchas formas lo he experimentado y nunca me canso de admirarlo. Por eso en este día quisiera darle gracias a Dios porque en los más pequeños me ha mostrado su más grande generosidad y ha sido bueno conmigo. Pero al mismo tiempo es para mí y para todos nosotros una grande enseñanza. Se necesita un corazón grande para desprenderse de lo que nos es indispensable. Se necesita descubrir en el vecino a un hermano para compartir lo único que tenemos. Y el Señor Jesús en esto resume su invitación: no en dar de lo que nos sobra, sino en compartir lo que necesitamos.
¿Cuántas veces damos solamente para salir del paso, pero ofreciendo sólo sobras? ¿Cuántas veces rehuimos los compromisos? Jesús nos enseña que más que cosas, debemos dar nuestra propia persona, que más que buscar provecho, debemos entregarnos sin condiciones y que más que cuidarnos debemos ser generosos sin medida. Contemplemos esta pobre viuda, imaginemos todo lo que ha significado su donación y aprendamos lo que significa que hay más alegría en dar que en recibir.