
Mateo Apóstol, Santo
Apóstol y Evangelista, 21 de septiembre …
- Hoy también se festeja a:
- • José Vila Barri, Beato
- • Maura de Troyes, Santa
- • Lorenzo Imbert y compañeros, Santos
- • Mateo Apóstol, Santo
¿Qué responderías?
Santo Evangelio según Mateo 9, 9-13.
Por: Pedro Cadena, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Jesús, gracias por traerme a estar un rato contigo. Gracias por escogerme como amigo y por acompañarme en cada paso que doy. Tú me conoces, dame lo que más necesito. María, que dijiste sí a Dios y confiaste en Él en la luz y en la oscuridad, hazme más como tú.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según Mateo 9, 9-13
En aquel tiempo, Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado a su mesa de recaudador de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él se levantó y lo siguió.
Después, cuando estaba a la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores se sentaron también a comer con Jesús y sus discípulos. Viendo esto, los fariseos preguntaron a los discípulos: “¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?”. Jesús los oyó y les dijo: “No son los sanos los que necesitan de médico, sino los enfermos. Vayan, pues, y aprendan lo que significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Imagina que estás sentado con Mateo en su puesto. Eres un cobrador de impuestos, pero no uno cualquiera. Te has vuelto rico a base de cobrarle el tributo a tus paisanos judíos para dárselo a los opresores romanos. Por tu trabajo, hace tiempo que olvidaste que es ser respetado por la gente que te trata. Tú y Mateo están sentados contando las últimas ganancias, cuando escuchas una voz, viril pero cariñosa: sígueme… Levantas los ojos, y Jesús está a pocos pasos de ti, frente a la mesa de los impuestos. Volteas con Mateo. Él se para en silencio, rodea la mesa y se para junto a Jesús. La gente que está viendo comienza a murmurar.
Ahora, Jesús te mira a ti. ¿Qué pasa en tu interior? ¿Qué sientes? ¿Por qué le sostienes o no la mirada? Mateo, de pie junto a Jesús, calla con la mirada baja. ¿Por qué llamó Jesús a Mateo? ¿Por qué te llamó a ti? ¿Por qué Mateo siguió a Jesús? Y tú, ¿qué vas a responder?
«Jesús lo indica con el dedo. [Mateo] Se aferraba al dinero. Y Jesús lo escoge. Invita a toda la banda a almorzar, a los traidores, los cobradores de impuestos. Al ver esto, los fariseos que se creían justos, que juzgaban a todos y decían: “Pero ¿por qué vuestro Maestro tiene esa compañía?”. Jesús dice: “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores”. Esto me consuela mucho, porque creo que Jesús ha venido por mí. Porque todos somos pecadores. Todos. Todos tenemos esta “licenciatura”, somos licenciados. Cada uno sabe cuál es su pecado, su debilidad más fuerte».
(Homilía de S.S. Francisco, 7 de julio de 2017).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Jesús, tú mismo dijiste que no te elegimos, sino que fuiste Tú quien nos escogió. Tú conoces mi corazón, sabes qué me motiva, qué me da miedo, qué es lo que más quiero. Di una sola palabra y mi alma quedará sana. María, reina de los apóstoles, haz que como tú me deje conquistar por Jesús.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy voy a visitar a Jesús en la Eucaristía y le pediré que me haga más como Él. Si lo necesito, voy a buscar una oportunidad para confesarme.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Cuál es la diferencia entre la paz que se experimenta con un consejero y la que trae el sacramento?
En el confesar sus pecados y en el recibir la certeza del perdón, la persona percibe la infinita misericordia de Dios.
Por: P. Jacques Philippe | Fuente: la-oracion.com

Una persona que pasa por un momento difícil y acude a un consejero o «counselor » para hablar de sus problemas, puede obtener una cierta paz, particularmente si se trata no sólo de « desahogarse » (¡lo cual procura una paz poco duradera!) sino de buscar ayuda y consejo.
Por diversos motivos : teniendo la posibilidad de hablar, la persona se siente menos sola para sobrellevar sus problemas, sobretodo si el consejero manifiesta una mirada de benevolencia hacia ella. Por otro lado, el hecho de expresar lo que uno vive con palabras que otro pueda comprender, permite a la persona que sufre no quedarse sólo al nivel de sus emociones y pensamientos, sino acceder a un punto de vista más objetivo y racional, redimensionar ciertas cosas, tomar una cierta distancia de su vivencia subjetiva. Esto es también fuente de una cierta paz. Asimismo, es posible que durante este diálogo la persona pueda recibir algunos buenos consejos y comprender mejor cómo encauzar sus decisiones. Se siente, entonces, menos perdida.
Esta paz, incluso aunque permanezca en un nivel humano, no ha de despreciarse; tiene su valor. Lo que acabamos de decir forma parte de la experiencia de un acompañamiento espiritual y en una cierta medida del del encuentro con un sacerdote en la confesión.
En el campo del acompañamiento espiritual, la paz recibida puede ser más profunda y sólida. Se da una gracia particular en el encontrar a la guía espiritual con el sincero deseo de hacer la voluntad de Dios. « Cuando dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos » dice Jesús. El fin de un momento de acompañamiento espiritual es el de ayudar a una persona, en un momento particular de su vida a percibir mejor la voluntad de Dios. Una luz en este sentido es donada habitualmente, al menos la suficiente para hoy. Cada vez que una persona entiende mejor qué es lo que el Señor espera de ella, y se compromete en este sentido, recibe una paz. El comprender y el decidirse a cumplir la Voluntad del Padre viene siempre acompañado por la paz.
Una gracia y un don de paz más profunda todavía pueden derivar de la confesión y de la absolución recibida, si este sacramento ha sido vivido con sinceridad y verdad, y con un verdadero deseo de progresar hacia una vida más conforme al Evangelio y un amor de Dios más auténtico.
En el confesar sus pecados y en el recibir la certeza del perdón, la persona percibe la infinita misericordia de Dios, se siente liberada del peso de sus culpas, se da cuenta de que a pesar de su fragilidad y debilidad, es acogida por Dios y que la bendición de Dios reposa sobre su vida.Esto puede ser un gran consuelo y fuente de una profunda paz.
Esta paz deberá después conservarse mediante la fidelidad a la oración y la búsqueda de Dios. Haber recibido esta paz no significa que la persona no tendrá más altos y bajos, combates y luchas, porque son cosas que forman parte de la vida cristiana, pero ha sido de todas maneras un don precioso de Dios.
Una señal de que una cierta paz ha sido verdaderamente don de Dios y fruto de su gracia (y no sólo un tranquilizarse humanamente) es que esta paz impulsa a la gratitud y dilata el corazón hacia un amor más intenso a Dios y más generoso hacia los hermanos.