
Pío X, Santo
CCLVII Papa, 21 de agosto …
Hoy también se festeja a:
- • Ramón Peiró Victori, Beato
- • Bruno Zembol, Beato
- • Sidon (Sidonio) Apolinar, Santo
- • Pedro Sadurní Raventós, Beato
- • Juan Cuscó Oliver, Beato
Cada uno un denario
Santo Evangelio según san Mateo 20, 1-16. Miércoles XX del Tiempo Ordinario.
Por: Redacción | Fuente: Catholic.net

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor Jesús, Tú sabes que es lo que más me conviene. Cuenta conmigo, llámame, a la hora que quieras, para trabajar en tu viña. Tú eres fiel a tu Palabra y estás más interesado que yo en mi bien espiritual, por eso confío plenamente en ti. Quiero escuchar tu voz. Habla, Señor, estoy a la escucha.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 20, 1-16
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo: Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido. Ellos fueron. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: ¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar? Le respondieron: Nadie nos ha contratado. Él les dijo: Id también vosotros a mi viña. Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno. Él replicó a uno de ellos: Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno? Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.
Palabra del Señor
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
¿Quién dice que ya no hay trabajo? Jesucristo, en esta parábola, viene a ofrecernos uno: el trabajo por su viña, por su Iglesia. ¿Y con qué moneda nos pagará? Con la vida eterna.
Es necesario ver cuánta necesidad hay en el mundo. No sólo en las misiones; también en nuestra ciudad, en nuestra parroquia, quizás también en nuestra propia familia. Porque a unos les falta el pan y a otros el alimento espiritual, que es la palabra de Dios.
¡Qué importa la edad o los medios que tengamos! Cada uno tiene una vocación muy concreta que Dios le ha regalado, una misión insustituible. ¿Cuál es la mía? Mi primera misión es la de ser cristiano, por algo estoy bautizado. Y un cristiano lo es en la medida que da testimonio con su vida.
¿Hay otras maneras de trabajar en la viña del Señor? Desde luego: la oración, el consejo acertado, la ayuda económica, etc. Hay que echarle un poco de imaginación, y seguro que encontraremos un apostolado que nos venga a la medida. Y si no, pregúntale a tu párroco.
Cristo te necesita. Necesita tus manos, tu inteligencia, tu servicio para hacer algo por los demás. Decídete a ser un apóstol y prepárate para el premio de la vida eterna.
«Había mucha necesidad en la viña y este señor pasó casi todo el tiempo yendo por las calles y las plazas del pueblo buscando trabajadores. Al respecto, ha invitado a pensar en los que buscó a última hora, nadie les había llamado, quién sabe cómo podían sentirse, porque al final del día no habrían llevado a casa nada para dar de comer a los hijos. Por esta razón, el Santo Padre ha dicho que esta parábola es un buen ejemplo para los responsables de la pastoral. Otro aspecto profundizado por el Santo Padre ha sido a través de una advertencia: «no acudamos a la voz de las sirenas que llaman a hacer de la pastoral una serie convulsa de iniciativas, sin conseguir recoger lo esencial del compromiso de la evangelización. Francisco ha señalado que a veces parece que estamos más preocupados por multiplicar las actividades más que por ser atentos con las personas a su encuentro con Dios. «Una pastoral que no tiene esta atención -ha indicado- se hace estéril poco a poco». Asimismo ha querido recordar que una pastoral sin oración y contemplación no podrá nunca alcanzar el corazón de las personas».
(Discurso de S.S. Francisco, 19 de septiembre de 2014).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Renunciar a los sentimientos de descontento y saber agradecer diariamente a Dios, los talentos que me ha dado.
Despedida
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Existe la buena envidia?
¿Existe una especie de envidia que no sea pecado?
Por: P. Samuel Bonilla | Fuente: PadreSam.com

La envidia es uno de los así llamados “pecados capitales”, sin embargo muchos se preguntan si existe la “envidia de la buena”, es decir, si existe una especie de envidia que no sea pecado. Para responder esto debemos hacer ciertas aclaraciones.
¿Qué es la envidia? Una de mis definiciones preferidas para la envidia es “tristeza por el bien ajeno”, es decir, descubro un bien en otra persona y no lo tolero y deseo arrebatárselo, o al menos deseo que él no lo tenga. Ahora bien, esta actitud como tal sí es pecado.
Dicho esto, podemos afirmar que la envidia consta de dos partes: 1) descubrir un bien en otra persona, 2) querer arrebatarle ese bien. La envidia entonces funciona así: descubro un bien en otra persona, acto seguido, deseo arrebatárselo.
A partir de esto podemos concluir que si yo descubro un bien en una persona (una cualidad, un puesto, un mérito), pero no le deseo el mal, no deseo arrebatárselo, eso sería en otros términos admiración. Mientras que si al descubrirlo me entristece o no deseo que lo tenga, eso sería envidia.
Por lo tanto, lo malo entonces está en descubrir ese bien y no soportar que el otro lo tenga y yo no. Es decir que sí podemos sentir “envidia de la buena”, aunque lo mejor sería no llamarle así (por su connotación negativa, por ser uno de los pecados capitales), sino más bien llamarle admiración.