Memoria Litúrgica, 20 de mayo …
Hoy también se festeja a:
- • Protasio Chong Kuk-bo, Santo
- • Austregisilo de Bourges, Santo
- • Lidia de Tiatira, Santa
- • Lucífero de Cagliari, Santo
- • María Crescencia (María Angélica) Pérez, Beata
El Espíritu Santo
Por: H. Francisco J. Posada, LC | Fuente: www.somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Ilumina mi vida, Señor, para descubrir tu compañía en mi vida y pueda ver mi verdad que es tu mirada amorosa. Sé que tienes un plan para mí, ayúdame a verlo como Tú y que pueda ser una persona que vive con los pies en la tierra, pero con la mirada en el cielo pensando en ti.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 16, 12-15
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Aún tengo muchas cosas que decirles, pero todavía no las pueden comprender. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él los irá guiando hasta la verdad plena, porque no hablará por su cuenta, sino que dirá lo que haya oído y les anunciará las cosas que van a suceder. Él me glorificará, porque primero recibirá de mí lo que les vaya comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho que tomará de lo mío y se lo comunicará a ustedes”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Hay cosas en las que necesitamos tiempo y ayuda para entenderlas porque con nuestras fuerzas propias no podríamos, por esto Cristo nos anuncia la venida del Espíritu Santo quien nos revelará las cosas que nos ha dicho Jesús, pero de una manera más profunda; esta es la fuerza que, de forma misteriosa, no tiene el Hijo y que el Espíritu de verdad sí. He aquí porque el Espíritu Santo es importante para todo cristiano.
Un momento en el que nosotros invocamos al Espíritu Santo es antes de nuestras clases y estudios, hacemos una oración pidiéndole que nos llene el corazón, que nos encienda con el fuego de su amor, que nos renueve y que nos ilumine, porque sabemos que, con su ayuda, podremos comprender mejor las cosas que estudiamos y formarnos bien para nuestro futuro ministerio, ya que Él desea prestarnos su luz para que las cosas sean más claras.
Otro aspecto que llama mucho la atención de este Evangelio es el de la íntima relación que hay entre las tres personas divinas. Todo lo que tiene el Padre es también del Hijo y ellos dos lo comparten con el Espíritu Santo. Esto es un maravilloso modelo para la familia moderna que afronta tantos retos, pero pidiendo la ayuda a Dios e imitándolo en la medida de lo posible, puede hacer verdaderamente presente la realidad de Dios en el mundo actual y llegar a la plena realización personal en la feliz entrega a los demás.
Pidamos que el Espíritu Santo nos acompañe siempre y abramos nuestro corazón para que, como María, su esposa, podamos realizar la misión que Dios tiene para nosotros.
«Hoy Jesús nos dice: “no podéis con ello”. ¿Y qué hace frente a nuestra debilidad? No nos quita las cargas, como nos gustaría a nosotros, que siempre estamos buscando soluciones rápidas y superficiales; no, el Señor nos da al Espíritu Santo. Lo necesitamos porque él es el Consolador, el que no nos deja solos bajo las cargas de la vida. Es Él quien transforma nuestra memoria de esclavos en memoria libre, las heridas del pasado en recuerdos de salvación».
(Homilía de S.S. Francisco, 16 de junio de 2019).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Rezar en familia una oración al Espíritu Santo ofreciéndola por la unidad familiar.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
La terapia del perdón
Por: Alfonso Aguiló | Fuente: interrogantes.net
Cuenta Roland Joffé el impacto que le produjo una entrevista en la CNN en la que una mujer hutu de Ruanda estaba tomando el té con un hombre al que ella misma presentaba como miembro de una tribu tutsi que había asesinado a su familia. El entrevistador, muy sorprendido, le decía: “¿Y por qué toma el té con él…? ¿Le ha perdonado?”. “Sí –respondía ella–, le he perdonado”. Y explicaba a continuación que aquel hombre iba todas las semanas a tomar el té con ella. “Lo hace para vivir en mi perdón”, añadía.
Ese era el modo –continuaba Joffé– que ella tenía de tratar con su dolor. Y ese era el modo que aquel otro hombre tenía de tratar con el suyo. Del sufrimiento humano de ambos, salía algo nuevo y mucho más grande. En aquel acto heroico de la voluntad había un propósito. Aquella mujer estaba dignificando su propia vida al perdonar a aquel hombre hutu. Era una mujer campesina de una sencillez conmovedora, pero sobre todo de un enorme poder moral, que se estaba sobreponiendo a la llamada del odio para imponerse a sí misma la terapia del perdón.
A todos nos gustaría ver más perdón en el mundo, pero luego a todos nos cuesta perdonar. Es difícil saber por qué unas personas logran perdonar y otras no. Es un misterio extraordinario, con el que todos convivimos. Todos los seres humanos tenemos la posibilidad de perdonar. ¿Por qué, entonces, algunas personas se sienten incapaces de hacerlo? ¿Qué influencias hay dentro de un hombre a la hora de afrontar ese dilema?
Por ejemplo, si en la infancia te han enseñado que la venganza es algo importante, que tu dignidad como ser humano se sustenta en ejercer la venganza, entonces acabas en una espiral donde la venganza se perpetúa. Sin embargo, si desde pequeño te enseñan y te dan las reflexiones y los argumentos necesarios para entender que la venganza y el rencor no conducen a nada, ese deseo ancestral, por el que alguien tiene que pagar una cuenta pendiente, pasa a verse como lo que es, como una respuesta primitiva y visceral, que nos hace daño y que nos perjudica a todos.
En el interior de cada persona, igual que en lo profundo de la misma sociedad, hay siempre una batalla en la que pugnan por abrirse paso nuestro orgullo, nuestro rencor, nuestro individualismo egoísta. Debemos reconocerlos como tales, y hacerles frente, aunque nos parezca que luchamos un poco contra nuestra propia naturaleza. Lo que sería una pena es no reconocerlos como unos monstruos que devoran nuestro interior. Que quisiéramos disfrazarlos de dignidad, de patriotismo, de servicio a unas supuestamente elevadas causas que pretenden justificar lo injustificable.
La terapia del perdón de aquella mujer ruandesa era un comportamiento heroico en su situación. Una memorable muestra de su esfuerzo por desmarcarse de la devoradora máquina de la venganza y el rencor que amenazaba con invadirlo todo. Una lucha admirable para no dejarse absorber por la dinámica del odio, para no formar parte de esa gran conjura inacabable. Si nuestras vidas tienen profundidad, y deben tenerla, hemos de preguntarnos qué tenemos que hacer ante las ofensas o perjuicios que hemos sufrido y que quizá no sabemos bien cómo gestionar. El perdón es como la confianza, que no se puede simplemente exigir, sino que hay que darlo, hay que merecerlo, hay que ofrecerlo y hay que ganarlo. Por ambas partes puede ser heroico, pues muchas veces cuesta más pedir perdón que darlo. Pero siempre será una muestra de la grandeza del hombre, que sabe elevarse por encima de lo que era habitual en las civilizaciones antiguas y que, por desgracia, todavía sigue demasiado presente en nuestra vida cotidiana.
