Eleuterio de Tournai, Santo
Obispo, 20 de febrero…
Hoy también se festeja a:
- • Francisco y Jacinta Marto, Santos
- • Pedro de Treia, Beato
- • León de Catania, Santo
- • Julia Rodzinska, Beata
- • Jacinta Marto, Santa
Estaba curado y veía con toda claridad
Por: H. David Mauricio Sánchez Mejía, L.C. | Fuente: www.somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Toma, Señor, mi libertad, mi memoria, entendimiento y voluntad; todo mi haber y poseer. Tú me lo diste, a Ti, Señor, lo torno.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Marcos 8, 22-26
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a Betsaida. Y enseguida le llevaron a Jesús un ciego y le pedían que lo tocara. Tomándolo de la mano, Jesús lo sacó del pueblo, le puso saliva en los ojos, le impuso las manos y le preguntó: «¿Ves algo?». El ciego empezando a ver, le dijo: «Veo a la gente, como si fueran árboles que caminan».
Jesús le volvió a imponer las manos en los ojos y el hombre comenzó a ver perfectamente bien: estaba curado y veía todo con claridad. Jesús lo mandó a su casa, diciéndole: «Vete a tu casa, y si pasas por el pueblo, no se lo digas a nadie».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
Jesús pasa cada día por el camino de tu vida y quiere socorrerte en tus necesidades. Sabe que necesitas de Él. Cristo ha venido a «liberar a los oprimidos» pero, para hacerlo, tú mismo debes reconocer aquello que te oprime. Nadie puede ayudar a quien no necesita ayuda. Sólo el que se reconoce necesitado puede ver la mano que se le tiende en auxilio.
En una sociedad en la que ya no existen líneas tan definidas entre lo que está bien y lo que está mal, es fácil confundirse y alejarse del camino por donde pasa Jesús. Algunos estarán metidos en senderos que alteran la visión de la realidad, como el pensar que la vida es una fiesta sin responsabilidades, la pornografía o las drogas; otros estarán en senderos desviados simplemente por no haber encontrado suficiente apoyo y sostén para madurar en el amor y tomar así el control de sus vidas.
Saber reconocer en qué parte del camino te encuentras y ser capaz de dialogarlo con Jesús, te abre plenamente a la experiencia del amor paternal de Dios. ¿En qué parte del camino te encuentras?
«Una palabra de consolación, fundada sobre el hecho de que Dios es padre para su pueblo, lo ama y lo cuida como un hijo; le abre delante un horizonte de futuro, un camino factible, practicable, sobre el que podrán caminar también “el ciego y el cojo, la preñada y la parida”, es decir, las personas en dificultad. Porque la esperanza de Dios no es un milagro, como ciertas publicidades donde todos aparecen sanos y bellos, sino una promesa para la gente real, con virtudes y defectos, potencialidad y fragilidad, como todos nosotros: la esperanza de Dios es una promesa para la gente como nosotros.»
(Ángelus S.S. Francisco, 28 de octubre de 2017).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Invitaré a un amigo a hacer una visita a la Eucaristía.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Adivinar el futuro
Por: Fr. Nelson Medina, OP | Fuente: fraynelson.com
1. Por qué es malo ir a sesiones de lectura de mano, adivinación, etc.
2. Por qué, si es malo, la misma Biblia nos cuenta de los profetas.
3. Las profecías que la Virgen le ha contado a algunos de sus videntes, ¿qué son?
¡Mil gracias!
Tus tres preguntas están todas relacionadas con el conocimiento del futuro. Dijiste a tu amiga que la Biblia decía que el futuro sólo lo conoce Dios. Creo que esa frase requiere cierta clarificación. Lo malo de los que leen la mano no es que conozcan o que pretendan conocer el futuro. El problema es cuál es el lugar de Dios en el desarrollo de los acontecimientos que implican la voluntad humana. Voy a tratar de explicarme.
Cuando una persona lee la mano afirma que sucederán ciertas cosas, es decir, dice que hay un «destino» marcado, y esta idea es incompatible con la libertad de Dios. Ese destino inmutable a la gente le interesa porque así quiere salir de dudas en cosas como si va a casarse, si vivirá mucho tiempo, si la pareja lo está engañando, y similares. Si uno cree que hay un destino y que ese destino está así escrito, no queda lugar alguno para el plan que el amor de Dios tenga para uno. Tampoco queda lugar para la propia libertad. Si ya sé que mi destino es que mi pareja me va abandonar, ¿para qué luchar?
La idea de un destino «escrito», o sea, implacable e impersonal, es muy fuerte en el mundo pagano. «Edipo Rey», por ejemplo, es un homenaje impresionante a esa idea. Edipo termina matando al papá y casándose con la mamá, y todos los intentos de evitar ese destino fracasan, de modo que la desgracia se consuma sobre la vida del pobre hombre. ¿Qué tiene eso que ver con la Biblia? Si uno cree en esa idea de destino uno no cree en Dios. El que me lee la mano me está diciendo: «NO hay Dios que cambie tu vida». Por supuesto, eso es del todo opuesto a la revelación que encontramos en la Biblia.
Y hay más riesgos. En el mundo de los adivinadores siempre hay una carta en la manga. Se supone que tu destino está «marcado», pero la misma persona que te dice: «Yo veo que su pareja le está siendo infiel» de seguro tiene algo qué ofrecerte: un bebedizo, un sortilegio, un encantamiento. Adivinación y brujería van de la mano. Y cuando hablamos de brujería hablamos de abrirle las puertas al enemigo del alma. Quizá nada es tan eficaz para darle poder al diablo que decirle que queremos lograr un objetivo «como sea». La brujería la idolatría de la propia voluntad; es el imperio de lo que YO quiero, o sea, exactamente lo opuesto de nuestra fe, que siempre consiste en acoger con amor lo que DIOS quiere. Entrar a las cartas y lecturas de mano es entrar en ese juego sucio, que no puede dejar limpia el alma.
¿Y los profetas, qué? ¡Los profetas nunca hablan de un destino marcado! Los profetas (se entiende, los verdaderos) más bien nos ayudan a comprender el querer de Dios. Los profetas son gente de oración, o sea, gente que ha buscado con ardor y amor el querer del Señor, antes que su propio querer o incluso su propia vida. Un profeta, o un genuino vidente, son exactamente lo opuesto de un adivinador o un brujo
Además, las profecías de los verdaderos profetas o videntes son SIEMPRE llamados a la conversión. Por supuesto, esta palabra no interesa a los brujos. Los profetas quieren que nuestras vidas sean como Dios las ha pensado y amado, y por eso el lema no es «Esto se tiene que cumplir», como si la Historia humana fuera una película de la que ellos ya vieron los «cortos». El lema de los profetas es lo que dijo uno de ellos, Ezequiel, de parte de Dios: «No quiero la muerte del pecador, sino que se convierta y viva» (Ezequiel 33, 11).
