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Curación de un enfermo en sábado
Milagros
Marcos 3, 1-6. Tiempo Ordinario. Cumplir con la obligación, pero no olvidar el amor y la misericordia.
Por: Gaspar Guevara | Fuente: Catholic.net

Del santo Evangelio según san Marcos 3, 1-6
En aquel tiempo, entró Jesús en una sinagoga y había un hombre que tenía la mano paralizada. Los fariseos estaban al acecho a ver si le curaba en sábado para poder acusarle. Dice al hombre que tenía la mano seca: «Levántate ahí en medio». Y les dice: «¿Es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla?» Pero ellos callaban. Entonces, mirándoles con ira, apenado por la dureza de su corazón, dice al hombre: Extiende la mano». Él la extendió y quedó restablecida su mano. En cuanto salieron los fariseos, se confabularon con los herodianos contra él para ver cómo eliminarle.
Oración introductoria
Señor, cuántas veces me encuentro tullido como el hombre del que habla el Evangelio. Soy un lisiado en el campo del espíritu. Sin tu gracia estoy imposibilitado para obrar el bien. Aumenta mi docilidad para escuchar tu voz en esta oración.
Petición
Señor, no permitas que sea nunca causa de tu tristeza. Ayúdame a amarte de manera concreta y real mediante la virtud de la caridad.
Meditación del Papa Francisco
En los Evangelios, muchas páginas hablan de los encuentros de Jesús con los enfermos y su compromiso por sanarlos. Se presenta públicamente como un luchador contra la enfermedad y que ha venido para sanar al hombre de todo mal. El mal del espíritu y el mal del cuerpo. […]
Cuántas veces vemos llegar al trabajo, y todos lo hemos visto, un hombre, una mujer, con la cara cansada, con la actitud cansada. ‘Pero, ¿qué pasa?’ ‘He dormido solo dos horas, porque en casa nos turnamos’, para estar cerca del niño, la niña, enfermo, del abuelo, de la abuela. Y la jornada continúa con el trabajo. Pero estas cosas son heroicas. ¡Son las heroicidades de las familias! Esas heroicidades escondidas, que se hacen cuando uno está enfermo, cuando el padre, la madre, el hijo, la hija están enfermos. Y se hacen con ternura y valentía.
La debilidad y el sufrimiento de nuestros afectos más queridos y más sagrados, pueden ser, para nuestros hijos y nuestros nietos, una escuela de vida, -educar a los hijos y los nietos a entender esta cercanía en la enfermedad en la familia- y se convierten cuando los momentos de enfermedad están acompañados por la oración y la cercanía afectuosa y atenta de los familiares. La comunidad cristiana sabe bien que la familia, en la prueba de la enfermedad, no debe ser dejada sola. Y debemos agradecer al Señor por las hermosas experiencias de fraternidad eclesial que ayudan a las familias a atravesar el difícil momento del dolor y sufrimiento. Esta proximidad cristiana, de familia a familia, es un verdadero tesoro para la parroquia; un tesoro de sabiduría, que ayuda a las familias en los momentos difíciles y hace entender el Reino de Dios mejor que muchos discursos. Son caricias de Dios. (Homilía de S.S. Francisco, 10 de junio de 2015).
Reflexión
Hace pocos días tuve una tertulia muy interesante. Mi amigo Óscar, oftalmólogo de profesión, comenzó a describirnos apasionadamente el mecanismo del ojo humano: la pupila, el iris, la retina… Agustín -mi otro amigo que completaba el grupo- no disimulaba su desinterés mirando distraídamente fuera de la ventana.
-¿En qué estás pensado, Agustín? ¿Te parece aburrida la conversación?-inquirió Óscar.
-No, no. Para nada. Más aún, me distraje pensando ¿de qué serviría ese maravilloso mecanismo que es el ojo si no existiera la luz?
Pienso que la pregunta del bueno de Agustín nos venga muy bien para el evangelio de este día. Ningún otro personaje en los evangelios ha recibido semejante requisitoria por parte de Jesús como los fariseos. Pero, ¿cuál es el motivo por el cual Jesús los «miró con ira»? ¿es que acaso hay algo malo en cumplir las leyes? Para nada. El mismo Jesús recordará que las leyes van cumplidas y respetados los que las enseñan, y recuerda a sus oyentes: «haced lo que os digan, pero no imitéis su conducta (a los fariseos, claro está)» (Mt. 23) Es aquí donde nos ayuda la pregunta de Agustín: no basta la gran perfección y ejercitación del ojo humano, no que existan tantas cosas por ver si no está de por medio la luz; de manera análoga, no basta la Ley de Moisés sin la Luz que es Cristo que le da su plenitud y sentido. Seamos hijos de la luz y obremos siempre en la luz de Cristo.
Propósito
Evitar los convencionalismos y responder, con generosidad, a las necesidades de los demás.
Diálogo con Cristo
Señor, ¿seré fiel hoy a tu llamada o como los fariseos rechazaré en la práctica tu mensaje?
Padre mío, ¡que nunca me canse de hacer el bien! Hazme comprender que mi misión se resume en vivir tu amor mediante la práctica auténtica y generosa de la caridad, que mi tarea no es otra que la de predicar y dar a conocer tu amor. Dame la fuerza para empeñarme en esta tarea sin distraerme con otras cosas.
Luis Miguel Boullón: un amistoso debate le hizo ver la luz
Un pastor discutía con el cura católico con la Biblia, hasta que éste ofreció su vida por él…
Por: Fernando de Navascués | Fuente: Religion en Libertad

Luis Miguel era un Pastor evangélico preparado, conocía la Biblia y sabía manejar a sus feligreses: “Solía tirar a mis chicos a discutir con los de la parroquia. Los pobres parroquianos se veían en serios apuros en esas ocasiones”. Luis Miguel confiesa que “yo me aprovechaba de que los chicos católicos estaban muy mal formados: sólo van a la parroquia a divertirse, para repartir cosas a los pobres y para hacer ‘dinámicas de vida’, pero de doctrina y de Escrituras no saben nada”.
Él, por su parte, hacía lo mismo con el párroco católico, quien siempre tenía “una permanente guitarra en la mano y muchas ganas de acercase a mí”.
Aires nuevos en la parroquia católica
En cierto momento el cura bonachón y dado más a la guitarra que a la formación de sus feligreses fue sustituido por otro más mayor: “El Padre M. no fue tan abierto. Me recibió con amabilidad, pero con distancia. Le planteé asuntos de interés común y me pidió tiempo para aclimatarse y enterarse del estado de la feligresía. En verdad quedé un poco desarmado, pero logramos charlar casi de todo. Casi… porque en doctrina comenzó a morderme. Yo respondí como de costumbre, citando con exactitud una cita bíblica tras otra, para probarle su error o mi postura”.
«Pastor Boullón – le dijo-, no avanzaremos mucho discutiendo con la Biblia en mano. Ya sabe usted que el Demonio fue el primero en todo crimen… y por eso también fue el primer Evangélico».
Esto, lógicamente le cayó muy mal al pastor: “¡Me insultaba en la cara tratándome de demonio!” Y continuó el sacerdote católico:
Sí… fue el primer evangélico. Recuerde que el Demonio intentó tentar a Cristo con ¡la Biblia en mano!
Pero Cristo le respondió con la Biblia…
Entonces usted me da la razón, Pastor… los dos argumentaron con la Biblia, sólo que Jesús la utilizó bien… y le tapó la boca.
En ese momento, el párroco tomó su Biblia y leyó el pasaje de las tentaciones de Jesús en el desierto, y después de escucharle, Luis Miguel, como el demonio, se marchó por donde había entrado.
Segundo asalto
Con toda lógica para un celoso pastor protestante la cosa no podía acabar así. Se preparó a conciencia y poco después volvió a la parroquia en busca de una nueva disputa con el Padre. Y tras lanzarle una predicación de media hora que concluía con una invitación a que el párroco abandonara la Iglesia Católica, leyó Hechos 16, 31: «¿Qué debo hacer para salvarme?, preguntó el carcelero. Cree en el Señor Jesús –respondió Pablo– y te salvarás tú y toda tu casa«.
Luis Miguel estaba exultante, por fin empezaba a desarmar al párroco. Y en esto el Padre M. le pregunta:
¿Continuará la lectura de San Pablo?
Ya terminé.
¿Cómo que ha terminado? ¡Continúe! Vaya a Corintios, 13.
Luis Miguel leyó en alta voz: «Aunque tanta fuera mi fe que llegare a trasladar montañas, si me falta la caridad nada soy».
Entonces la fe… –empezaba a decir el párroco cuando fue interrumpido repentinamente.
La fe… la fe… la fe es lo que salva.
¡Vaya novedad! -le respondió el cura. ¡No sé bien quien creó la estrategia protestante de argumentar con la Biblia, pero creo que bien pudieron ser los demonios que ahora encontraron un buen medio para salvarse!
¿Salvarse?
Sí… salvarse, amigo mío. ¿Acaso no es el apóstol Santiago quien nos dice que hasta los mismos demonios creen en Dios? Y si sólo la fe salva…
No hubo respuesta del Pastor Luis Miguel Boulló. Y el Padre M. continuó hablando:
No se quede en silencio, Pastor… siéntese aquí que se aliviará un poco. Si quiere seguir como el Demonio, tentándome con la Biblia, le recuerdo que ahí mismo se nos dice que esa fe no salvará a los demonios, porque «como un cuerpo sin espíritu está muerto, la fe sin obras está muerta» (Santiago 2, 17) Y aún así los católicos no decimos que sea sólo fe o sólo obras. Cuando al Señor se le pregunta sobre qué debemos hacer para salvarnos, Él dice: «Si quieres salvarte, guarda los mandamientos«. Ahí tiene usted la respuesta completa.
El segundo asalto parecía concluir. Pero le pidió dos cosas: “Cuide de sus hermanos de congregación. Ya sospechan de usted por venir tan seguido. La segunda es que vuelva usted cuando me traiga alguna cita bíblica –sólo una me basta– en que se pruebe que solo debe enseñarse lo que está en la Biblia”.
¿Sólo la Biblia?
El Pastor Boulló empezó a darle vueltas a la tarea que le había dejado el Padre M. Y, “efectivamente, no encontré nada. En años de ministerio, jamás me percaté de que lo central, esto es, que sólo debe creerse y enseñarse la doctrina contenida en la Biblia, no está en la Biblia”.
El fervor protestante menguaba…
Y el otro detalle, la atención a sus feligreses, efectivamente también se estaban resintiendo. A medida que el sacerdote católico le interpelaba, su fervor protestante menguaba. De hecho surgieron conflictos entre el Pastor y su comunidad, la cual era responsable de su sostenimiento material. Es más, en la propia familia surgieron algunos conflictos que la propia esposa zanjó advirtiéndole que debía dejar de visitar al sacerdote y acercarse más a su templo.
El cura católico tiene cáncer…
Hubo algo que cambió definitivamente la vida de Luis Miguel. Una llamada de la parroquia le avisaba que el Padre M. estaba hospitalizado con un cáncer terminal. No tenía sentido seguir ocultando una amistad tan profunda que estaba trabando con él, así que decidió visitarlo diariamente.
… y la comunidad le amenza con quitarle el cargo de pastor
“La tensión comenzó a crecer hasta llegar a agresiones verbales abiertas y amenazas de quitarme el cargo y el sueldo. Mi familia estaba amenazada con la pobreza. Fueron días de mucha angustia. Sabía que caminaba por los caminos correctos. Incluso pensaba en hacerme admitir en la Iglesia”, explica.
La decisión para dejar de ser protestante
Tras ratos de oración, pidió consejo al Padre M., y éste le habló de la fortaleza de esos mártires que no tuvieron en cuenta ni la carne ni la sangre ni las riquezas, sólo amaron la verdad y dieron público testimonio de su adhesión a la fe. «Más vale entrar al Cielo siendo pobres que irse al infierno por comodidades», le dijo. La decisión estaba tomada: “Reuní a mis feligreses y les hice una declaración de mi conversión: ‘¡El Demonio es protestante!’, les dije para abrir la charla. Luego fueron abucheos y no me dejaron terminar las explicaciones”.
Un paso adelante
Lo siguiente era hablar con su familia. Su mujer le expulsó de casa, y desde entonces nunca fue admitido como padre o esposo en su hogar. “El Padre M. tuvo muchas palabras para mí, pero las que más me llegaron fue su confesión de ofrecimiento de su vida por la salvación de mi alma… y que con gusto veía el buen negocio ya cerrado. Dios escuche las plegarias de mi buen amigo en el Cielo por mi esposa y mis seis hijos para que a su tiempo y forma vivan la vida de gracia de la santa fe”.
El propio párroco le preparó para “abjurar mis errores y ser admitido en la Iglesia”. Una mañana de abril de 2001 entró en la Iglesia Católica, poco después moría el Padre M.: “Le lloraron los enfermos y presos que visitaba, los niños y jóvenes de catequesis, los pobres y necesitados que consolaba, los fieles que acudían a él en busca de consejo y del perdón de Dios”.
Desde entonces, Luis Miguel Boulló, realiza su apostolado en la Iglesia Católica con conversos y preparando a personas para su conversión.
