A 18 días de las «Elecciones», les recordamos que mediten su voto amigos, no voten por solamente votar ni por el que va más alto en las encuestas para «no perder» el voto; voten por quien mejor consideran aún vaya en última posición. Les dejamos una frase célebre para meditar los intereses de los candidatos y a su vez para meditar si nuestro actuar es bueno con tal de alcanzar la riqueza, pero dejando de lado la auténtica felicidad, valores y por ende la vida misma. Bendiciones y qeu Dios nos ilumine!!
- • Damián Gómez Jiménez, Beato
- • Guerrico de Igny, Beato
- • Tomás Sitjar Fortiá, Beato
- • Elvira de la Natividad de Nuestra Señora y compañeras, Beatas
- • Jordán de Pisa, Beato
- • Luis Flores y compañeros, Beatos
Todos recibieron un denario cada uno
Parábolas
Por: P. Clementre González | Fuente: Catholic.net

Te adelantamos las Reflexiones del Evangelio de la 20a. Semana del Tiempo Ordinario, del domingo 16 al sábado 22 de agosto 2015.
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Del santo Evangelio según san Mateo 20, 1-16
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo: Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido. Ellos fueron. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: ¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar? Le respondieron: Nadie nos ha contratado. Él les dijo: Id también vosotros a mi viña. Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno. Él replicó a uno de ellos: Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno? Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.
Oración introductoria
Señor Jesús, Tú sabes que es lo que más me conviene. Cuenta conmigo, llámame, a la hora que quieras, para trabajar en tu viña. Tú eres fiel a tu Palabra y estás más interesado que yo en mi bien espiritual, por eso confío plenamente en Ti. Quiero escuchar tu voz. Habla, Señor, estoy a la escucha.
Petición
Señor, quiero trabajar por Ti, quiero desgastarme por Ti, quiero poner todo lo que soy a tu servicio. Ilumíname para saber cómo y dónde servirte.
Meditación del Papa Francisco
Había mucha necesidad en la viña y este señor pasó casi todo el tiempo yendo por las calles y las plazas del pueblo buscando trabajadores. Al respecto, ha invitado a pensar en los que buscó a última hora, nadie les había llamado, quién sabe cómo podían sentirse, porque al final del día no habrían llevado a casa nada para dar de comer a los hijos. Por esta razón, el Santo Padre ha dicho que esta parábola es un buen ejemplo para los responsables de la pastoral.
Otro aspecto profundizado por el Santo Padre ha sido a través de una advertencia: «no acudamos a la voz de las sirenas que llaman a hacer de la pastoral una serie convulsa de iniciativas, sin conseguir recoger lo esencial del compromiso de la evangelización.
Francisco ha señalado que a veces parece que estamos más preocupados por multiplicar las actividades más que por ser atentos con las personas a su encuentro con Dios. «Una pastoral que no tiene esta atención -ha indicado- se hace estéril poco a poco». Asimismo ha querido recordar que una pastoral sin oración y contemplación no podrá nunca alcanzar el corazón de las personas. (Discurso de S.S. Francisco, 19 de septiembre de 2014).
Reflexión
¿Quién dice que ya no hay trabajo? Jesucristo, en esta parábola, viene a ofrecernos uno: el trabajo por su viña, por su Iglesia. ¿Y con qué moneda nos pagará? Con la vida eterna.
Es necesario ver cuánta necesidad hay en el mundo. No sólo en las misiones; también en nuestra ciudad, en nuestra parroquia, quizás también en nuestra propia familia. Porque a unos les falta el pan y a otros el alimento espiritual, que es la palabra de Dios. ¡Qué importa la edad o los medios que tengamos! Cada uno tiene una vocación muy concreta que Dios le ha regalado, una misión insustituible. ¿Cuál es la mía? Mi primera misión es la de ser cristiano, por algo estoy bautizado. Y un cristiano lo es en la medida que da testimonio con su vida.
¿Hay otras maneras de trabajar en la viña del Señor? Desde luego: la oración, el consejo acertado, la ayuda económica, etc. Hay que echarle un poco de imaginación, y seguro que encontraremos un apostolado que nos venga a la medida. Y si no, pregúntale a tu párroco.
Cristo te necesita. Necesita tus manos, tu inteligencia, tu servicio para hacer algo por los demás. Decídete a ser un apóstol y prepárate para el premio de la vida eterna.
Propósito
Renunciar a los sentimientos de descontento y saber agradecer diariamente a Dios, los talentos que me ha dado.
Diálogo con Cristo
Señor, que diferente es tu justicia a la del mundo. Mezquinamente busco la recompensa de lo que hago por el bien de los demás, olvidando que eso que creo que es extraordinario, es simplemente mi obligación. Tú eres infinitamente misericordioso y me colmas con la gratuidad de tus dones. Dame lo único que necesito, la gracia de salir de esta oración decidido a darlo todo por tu causa; a vencer el miedo, la rutina y los cálculos egoístas.
La verdad, un tema siempre de moda
Por: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net

Existe el peligro de considerar la verdad desde un punto de vista reductivo, formal, como quien diseca una planta o analiza al microscopio pedazos de una piedra.
¿En qué consiste ese peligro? En focalizar la atención en un simple análisis lingüístico. La verdad sería, en esa perspectiva, una propiedad de una frase en la que se unen un sujeto y un predicado de modo correcto, comprensible y aceptado por quien formula frase y por quien la escucha (o la lee).
Esa definición tiene elementos válidos y de gran importancia. Decir “los elefantes vuelan” suscita reacciones de sorpresa ante lo difícil que resulta juntar un sujeto muy pesado (elefantes) y un verbo que no se aplica normalmente a animales de grandes dimensiones. A la vez, decir que “las piedras suelen ir hacia abajo gracias a la fuerza de gravedad” no crea grandes problemas en los oyentes.
Existen, desde luego, contextualizaciones que modifican el sentido de las frases: las piedras van hacia abajo sólo si están en un planeta de ciertas dimensiones, o si no tienen una energía cinética que las haga moverse en forma circular o de otra manera.
Pero la definición no llega a otras dimensiones importantes, porque el hombre no busca simplemente frases verdaderas, sino que se interesa por encontrar respuestas correctas a aquellas preguntas que le afectan íntimamente, a temas que son siempre de moda.
¿Es verdad que tal persona es un buen amigo? ¿Resulta oportuno ahora comprar esta casa? ¿Pido un préstamo o espero más tiempo para ahorrar? ¿Hará sol en la tarde o será mejor coger el paraguas?
Esas y otras miles y miles de preguntas, sobre ámbitos distintos, en tiempos verbales diferentes, surgen en los corazones desde un deseo insuprimible: queremos conocer, en la medida de lo posible, la situación en la que nos encontramos, las cualidades (y defectos) propios y de quienes nos rodean, las oportunidades y los riesgos de las distintas opciones que tenemos ante nosotros.
En otras palabras, deseamos respuestas a preguntas que nos permitan salir de la situación de duda, que nos aparten del riesgo del error y nos acerquen, en la medida de lo posible, a lo más “verdadero”.
De esta manera, la verdad no es simplemente un asunto lógico, sino algo que afecta al ser humano en lo más profundo de sus intereses, deseos, proyectos, amores, miedos, esperanzas.
Para avanzar hacia la respuesta a esas preguntas, los caminos son muchos, diferentes en características y límites. Consultar en Internet puede dar pistas de respuesta, pero también puede llevarnos a un engaño desagradable. Lo mismo podemos decir respecto de la lectura de un libro, de las respuestas que ofrece un amigo o conocido, de lo que encontramos en un interesante, pero no siempre bien planteado, programa televisivo.
Otras veces tenemos el tiempo y los medios para usar potentes aparatos que sirven para medir y calibrar los objetos que tenemos ante nosotros. Así, podemos medir el nivel de calcio en el agua, o la cantidad de sal de la comida, o la resistencia (y seguridad) del suelo que pisan nuestros zapatos. Pero la mayoría no tenemos ni instrumentos ni tiempo para controlar la consistencia y “bondad” de aquello que podemos usar (o dejar de usar) en los próximos minutos.
Hay temas en los que la respuesta puede ser buscada sin grandes aparatos, con la ayuda de nuestros sentidos (vista, tacto, olfato) o con nuestras reflexiones. Ver si las cuentas del banco son correctas o han sido falseadas (por culpa o sin culpa) es una tarea que muchos pueden llevar a cabo con un poco de matemáticas. Dilucidar si vale la pena decir una mentira que nos ofrecerá importantes beneficios o si es mejor conservar la propia honestidad y no engañar a un familiar o un amigo, es algo que podemos sopesar en una habitación a oscuras, sin libros, sin computadores, sin ruidos, con esa mente con la que somos capaces de distinguir entre lo bueno y lo malo.
La verdad es un tema siempre nuevo, vivo, actual, de moda. Cada día se presentan cientos de ocasiones que nos llevan a buscarla intensamente.
Una de las dichas mayores en la existencia humana es la que nos produce reconocer que la hemos encontrado, solos o bien acompañados, en el camino que recorremos en pos de bienes auténticos. De este modo, podremos mejorar un poco nuestra existencia en este tiempo efímero, y prepararnos hacia el mundo eterno que nos espera más allá de la frontera de la muerte.

