Elfego de Winchester, Santo
Obispo y Mártir, 19 de abril…
- Hoy también se festeja a:
- • Elfego de Winchester, Santo
- • Jaime Llach Candell, Beato
- • Ramón Llach Candell, Beato
- • Jacobo Duckett, Beato
- • Conrado de Ascoli, Beato
Actitudes de amor
Santo Evangelio según san Juan 3, 16-21. Miércoles II de Pascua
Por: José Torres | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que estas junto a mí, que me oyes, y es por eso que quiero hablarte desde lo más profundo de mi corazón; te pido la gracia de hacer de este rato de oración, un momento de intimidad gozosa con tu corazón misericordioso.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 3, 16-21
Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él. El que cree en él no será condenado; pero el que no cree ya está condenado, por no haber creído en el Hijo único de Dios. La causa de la condenación es ésta: habiendo venido la luz al mundo, los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo aquel que hace el mal, aborrece la luz y no se acerca a ella, para que sus obras no se descubran. En cambio, el que obra el bien conforme a la verdad, se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Como podríamos comenzar nuestra meditación sin pensar en la palabra que resuena en la primera frase de este Evangelio, que es la palabra «entregó». Es el mismísimo Dios, el eterno creador que entrega a su Hijo para nuestra salvación, y es ahora Él, el que nos interpela y nos pide una entrega según nuestras posibilidades. Es hermoso ver la vida de los santos y de personas que han desgastado sus vidas por amor a Cristo, por su misión y para la salvación de las almas, en fin, para que Cristo pueda reinar en todos los corazones.
Pidamos al Señor la gracia de corresponder a ese amor; que podamos ser verdaderos apóstoles; que ese amor que experimentamos cada vez que hacemos una visita eucarística, cada vez que recibimos su preciosísimo Cuerpo y su Sangre en la Eucaristía, haga que nuestros corazones sean verdaderas llamas de amor, y que con ellas podamos iluminar a quienes están necesitados de una lámpara para seguir el camino o para reemprender el sendero.
Hoy, en especial, nos pide que seamos ejemplo, que con nuestras obras y con nuestro testimonio, llevemos cada vez más almas a Cristo. No nos olvidemos que nuestro trabajo de cada día es una ocasión para agradar a Dios y, de ese modo, santificarnos y santificar lo que hacemos, porque lo hacemos con amor y responsabilidad de apóstoles de Cristo.
«Cuánta alegría y consuelo nos dan las palabras de san Juan que hemos escuchado: es tal el amor que Dios nos tiene, que nos hizo sus hijos, y, cuando podamos verlo cara a cara, descubriremos aún más la grandeza de su amor. No sólo eso. El amor de Dios es siempre más grande de lo que podemos imaginar, y se extiende incluso más allá de cualquier pecado que nuestra conciencia pueda reprocharnos. Es un amor que no conoce límites ni fronteras; no tiene esos obstáculos que nosotros, por el contrario, solemos poner a una persona, por temor a que nos quite nuestra libertad».
(Homilía de S.S. Francisco, 9 de marzo de 2018).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hacer una visita eucarística pidiendo por todas las personas que quieren pero, por diversas circunstancias, no pueden comulgar.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
La vida es como andar en bicicleta
te caes solo si dejas de pedalear
Sembrando Esperanza II. Dejemos a Dios que camine con nosotros, que le compartamos nuestra vida y nuestros proyectos.
Por: P. Dennis Doren L.C. | Fuente: Catholic.net

El pasado 10 de junio el Papa Benedicto dio un discurso que me llamó la atención, especialmente por una frase que dijo muy acertada; en ella animaba a padres de familia, maestros y profesores a no tirar la toalla en la formación y educación de sus hijos; les invitaba a no perder la esperanza analizando las causas de la desesperanza actual, que lleva a muchos padres de familia, maestros y profesores, a rendirse en su tarea educativa, el Pontífice citó una como central: «poner a Dios entre paréntesis, organizar sin Él la vida personal y social, afirmar que no se puede conocer nada de Dios o incluso a negar su existencia» (Benedicto XVI, encuentro eclesial, 10-VI-2008). Este es el gran drama de nuestra sociedad y de tantos hombres de nuestro tiempo que hoy no tienen esperanza, la razón es muy sencilla, han excluido a Dios de sus vidas.
En la pasada Solemnidad del Corpus Christi el Santo Padre nos decía: La Eucaristía es el sacramento del Dios que no nos deja solos en el camino, sino que se pone a nuestro lado y nos indica la dirección. De hecho, ¡no es suficiente avanzar, es necesario ver hacia dónde se va! No basta el «progreso», sino no hay criterios de referencia. Es más, se sale del camino, se corre el riesgo de caer en un precipicio, o de alejarse de la meta. Dios nos ha creado libres, pero no nos ha dejado solos: se ha hecho Él mismo «camino» y ha venido a caminar junto a nosotros para que nuestra libertad tenga el criterio para discernir el camino justo y recorrerlo» (Benedicto XVI, homilía Solemnidad de Corpus Christi, 22-V-2008).
Por eso hoy mi invitación es que dejemos a Dios que camine con nosotros, que le compartamos nuestra vida y nuestros proyectos, y sobre todo, dejemos que se suba a nuestro gran recorrido en bicicleta.
Al principio veía a Dios como el que me observaba, como un juez que llevaba cuenta de lo que hacía mal, como para ver si merecía el cielo o el infierno cuando muriera. Era como un presidente, reconocía su foto cuando la veía, pero realmente no lo conocía; pero luego reconocí a Dios, parecía como si la vida fuera un viaje en bicicleta, pero era una bici…de dos, y noté que Dios viajaba atrás y me ayudaba apedalear.
No sé cuándo sucedió, no me di cuenta cuándo fue que Él sugirió que cambiáramos lugares y pasó al asiento de adelante, lo que sí sé es que mi vida no ha sido la misma desde entonces. Mi vida con Dios es muy emocionante. Cuando yo tenía el control, yo sabía a dónde iba.
Era un tanto aburrido, pero predecible. Era la distancia más corta entre dos puntos. Pero cuando Él tomó el liderazgo, Él conocía otros caminos, caminos diferentes, hermosos, por las montañas, a través de lugares con paisajes, velocidades increíbles. Lo único que podía hacer era sostenerme; aunque pareciera una locura, Él solo me decía: «¡Pedalea!» Me preocupaba y ansiosamente le preguntaba, «¿A dónde me llevas?» Él sólo sonreía y no me contestaba, así que comencé a confiar en Él. Me olvidé de mi aburrida vida y comencé una aventura, y cuando yo decía «estoy asustado», Él se inclinaba un poco para atrás y tocaba mi mano.
Él me llevó a conocer gente con dones, dones de honestidad y aceptación, de generosidad y benedicencia. Ellos me dieron esos dones para llevarlos en mi viaje; nuestro viaje, de Dios y mío.
Y allá íbamos otra vez. Él me dijo: «Comparte estos dones, dalos a la gente, son sobrepeso, mucho peso extra». Y así lo hice… a la gente que conocí se los dí, y ahí descubrí que en el dar yo recibía y mi carga se aligeraba.
No confié mucho en Él al principio, en darle el control de mi vida. Pensé que la echaría a perder, pero Él conocía cosas que yo no sabía acerca de andar en bici… secretos.
Él sabía cómo doblar para dar vueltas cerradas, brincar para librar obstáculos llenos de piedras, inclusive, volar para evitar horribles caminos. Y ahora estoy aprendiendo a callar y a pedalear por los más extraños lugares. Estoy aprendiendo a disfrutar de la vista y de la suave brisa en mi cara y sobre todo de la increíble y deliciosa compañía de mi Dios. Y cuando estoy seguro que ya no puedo más, Él sólo sonríe y me dice: «¡Pedalea!»¡Qué oportunidad tan hermosa tienes hoy de acercarte a Dios!, de acercarte a Él con confianza y cariño, sabiendo que nunca te dejará solo. Hoy cuando vayas a Misa, y te encuentres con Él en la Eucaristía, renueva su presencia en tu vida, y dile al oído en plan de confidencia: NO DEJARÉ DE PEDALEAR, SI TU NO TE BAJAS DE MI BICI…