
Antonio, Santo
Memoria Litúrgica, 17 de enero …
Hoy también se festeja a:
- • Teresio Olivelli, Beato
- • Gamalberto de Michaelsbuch, Beato
- • Sulpicio el Pío, Santo
- • Roselina (Rosalina) de Villeneuve, Santa
- • Jenaro Sánchez Delgadillo, Santo
Endurecer el corazón
Santo Evangelio según San Marcos 3, 1-6. Miércoles II del Tiempo Ordinario.
Por: Rogelio Suarez, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor Jesús, haz mi corazón semejante al tuyo. Cambia mi corazón de piedra, por un corazón de carne capaz de amar.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Marcos 3, 1-6
En aquel tiempo, Jesús entró en la sinagoga, donde había un hombre que tenía tullida una mano. Los fariseos estaban espiando a Jesús para ver si curaba en sábado y poder acusarlo. Jesús le dijo al tullido: «Levántate y ponte allí en medio». Después les preguntó: «¿Qué es lo que está permitido hacer en sábado, el bien o el mal? ¿Se le puede salvar la vida a un hombre en sábado o hay que dejarlo morir?» Ellos se quedaron callados. Entonces, mirándolos con ira y con tristeza, porque no querían entender, le dijo al hombre: «Extiende tu mano». La extendió, y su mano quedó sana. Entonces se salieron los fariseos y comenzaron a hacer planes con los del partido de Herodes para matar a Jesús.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Éste es el único pasaje en donde se nos muestra una mirada de Jesús de ira hacia los que estaban a su alrededor (fariseos), entristecido por la ceguera de sus corazones. Jesús también se entristece por nuestra ceguera de corazón.
¿Por qué tenían esta ceguera? ¿Cómo llegamos a cegarnos? Lo único que ciega nuestros corazones, es nuestra soberbia, pues no aceptamos lo que Dios hace en nuestras vidas. Para los fariseos, Cristo les era incomodo, porque pedía cosas que ellos no estaban dispuestos a aceptar. Es así como poco a poco van endureciendo su corazón, cerrándole las puertas y no dejándolo entrar.
La ira de Cristo es de tristeza, pues sabe que ellos tienen todo para ser felices con solo abrir sus corazones; pero no los obliga, los deja en libertad. Nuestro corazón sólo se puede abrir de nuestro lado. Si no somos nosotros quienes lo abrimos, nadie más lo hará.
«Esto lo percibimos en nuestra vida: siempre podemos tomar o el bien o el mal, está la realidad humana de la libertad. Dios nos ha hecho libres, la elección es nuestra. Pero el Señor no nos deja solos, nos enseña, nos advierte: estate atento, está el bien y el mal; adorar a Dios, cumplir los mandamientos es el camino del bien; ir a otra parte, el camino de los ídolos, de los falsos dioses -muchos falsos dioses- que hacen equivocar la vida. Y esta es una realidad: la realidad del hombre es que todos nosotros estamos ante el bien y el mal».
(Homilía de S.S. Francisco, 2 de marzo de 2017, en santa Marta).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy haré una visita a Cristo Eucaristía pidiéndole la gracia de aceptar en todo momento su voluntad, aunque sea contraria a la mía.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
San Antonio Abad, inaugurador de la vida eremítica
Aprender sobre la vida de San Antonio Abad
Por: P. Evaristo Sada LC | Fuente: www.la-oracion.com

VIDA
La vida eremítica siempre ha despertado una gran curiosidad y admiración. ¿Cuándo nacieron, cómo vivían y qué hacían los famosos “padres del desierto”? Pablo de Tebas es el primer eremita de quien tenemos noticia, pero no cabe la menor duda de que san Antonio abad le gana en fama mundial. Lo que sabemos entorno a este santo tan popular nos ha llegado a través de la biografía (cf. Vida) que san Atanasio, patriarca de Alejandría y amigo suyo, escribió en el año 357.
San Antonio Abad
San Antonio nació hacia el 250 en Queman, al sur de Menfis, Egipto. A los 18 años quedó huérfano, con una hermana más pequeña y un rico patrimonio que no le duró mucho tiempo: entrando un día en la Iglesia escuchó esta lectura del Evangelio: «Si quieres ser perfecto, ve y vende todo lo que tienes y dalo a los pobres…». Así lo hizo: vendió todo lo que tenía, dio el dinero a los pobres, confió el cuidado de su hermana a unas vírgenes consagradas y se retiró al desierto para buscar a Dios en la soledad.
Se refugió en una tumba excavada en las montañas, pero su fama de santidad no tardó en propagarse. Unos acudían hasta el refugio para buscar consejo, otros para pedir milagros, y otros aún –los menos ciertamente– iban dispuestos a quedarse para imitar su estilo de vida. Acogía a todos con gran espíritu de caridad y, cuando en el 305 decidió abrir su retiro a quienes anhelaban quedarse con él, no tardó en poblarse de eremitas.
En el 311, durante la persecución de Maximino Daja en Egipto, san Antonio, con algunos de sus monjes, se dedicó a confortar a los cristianos. Después se retiró al desierto del alto Egipto buscando siempre mayor soledad y penitencia. No obstante la dureza de sus penitencias, tenía un gran sentido de equilibrio y prudencia, por ello, a los eremitas que se ponían bajo su dirección no les permitía hacer sacrificios extravagantes. Más que la austeridad misma, san Antonio recomendaba la pureza de alma y una gran confianza en Dios.
Preocupado por la fama que había adquirido sin buscarla, en el 312 quiso huir uniéndose a una caravana de beduinos y adentrándose en el desierto hasta llegar al monte Coltzim. Pero sus discípulos no tardaron en encontrarlo y fueron estableciéndose en las cercanías formando pequeñas comunidades a las que el santo visitaba de vez en cuando. De esta forma tan sencilla y sin buscarlo, nuestro santo dio inicio a lo que más tarde se conocería como “vida cenobítica” o “monástica». Más allá de sus dotes carismáticas y de los milagros que rodearon su vida, san Antonio fue un verdadero padre para sus monjes, hombre de una espiritualidad incisiva y siempre fiel a la esencia del mensaje evangélico. La tradición dice que murió entorno al 356.
APORTACIÓN PARA LA ORACIÓN
La vida de este santo ha sido fuente de inspiración para muchos fundadores de órdenes monásticas y su mensaje de confianza ilimitada en Dios sigue siendo actual. Ante las tribulaciones que le venían, bien sea de las tentaciones que el demonio le presentaba o bien de su anhelo de soledad frustrado por la gente que lo buscaba, supo mostrarse siempre alegre, precisamente por su confianza en Dios. Esta virtud fue, tal vez, una de las más vividas por San Antonio y que solía animar a todos a pedirle continuamente a Dios en su oración.
Y otro punto fundamental de su doctrina era la meditación de los novísimos (la muerte, el juicio, el purgatorio, el infierno, el cielo, …). Según el Abad de Egipto, esta contemplación fortalecía el alma contra las pasiones y el demonio. Si viviésemos, decía, como si hubiésemos de morir cada día, no pecaríamos jamás. Y esta oración debe ir acompañada del sacrificio, la humidad, el amor a los pobres, la suavidad de las costumbres y, sobre todo, de un ardiente amor a Cristo.