Margarita María de Alacoque, Santa
Memoria Litúrgica, 16 de octubre…
Hoy también se festeja a:
- • Agustín Thevarparampil «Kunjachan», Beato
- • Jozef Jankowski, Beato
- • Aniceto Koplinski, Beato
- • Gerardo Mayela, Santo
- • Galo, Santo
El amor y el servicio
Por: H. Leonardo Garzón LC | Fuente: www.somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Dame la gracia, Señor, de amarte íntimamente para que pueda entender tu pensamiento y sentir tu corazón y, así, sea un testimonio para los demás.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 11, 42-46
En aquel tiempo, Jesús dijo: “¡Ay de ustedes, fariseos, porque pagan diezmos hasta de la hierbabuena, de la ruda y de todas las verduras, pero se olvidan de la justicia y del amor de Dios! Esto debían practicar sin descuidar aquello. ¡Ay de ustedes, fariseos, porque les gusta ocupar los lugares de honor en las sinagogas y que les hagan reverencias en las plazas! ¡Ay de ustedes, porque son como esos sepulcros que no se ven, sobre los cuales pasa la gente sin darse cuenta!”.
Entonces tomó la palabra un doctor de la ley y le dijo: “Maestro, al hablar así, nos insultas también a nosotros”. Entonces Jesús le respondió: “¡Ay de ustedes también, doctores de la ley, porque abruman a la gente con cargas insoportables, pero ustedes no las tocan ni con la punta del dedo!”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
El corazón de Cristo está lleno de amor por nosotros, y eso lo podemos palpar en este pasaje ya que Él regaña a los fariseos y doctores de la ley, no porque tengan una malicia intrínseca, sino porque quiere la conversión del pecador y no se centra tanto en su pecado. El centrarse en el pecado más que en la persona del pecador, es lo que Cristo recrimina a los fariseos, porque esa es una gran parte del amor de Dios y su justicia.
En la Iglesia de hoy podemos encontrar personas parecidas a los fariseos que son autoridades eclesiásticas alejadas de la gente y viviendo en su torre de cristal, teniendo un estilo de vida más de ser servido que de servir; pero Cristo nos enseña a vivir de manera contraria haciendo de nuestras vidas un acto continuo de servicio. También puede haber ejemplos de inconsistencia en las personas que predican de una forma, pero viven de otra; esto es muy malo porque lo que más enseña y mueve a la gente es el ejemplo de vida. Para solucionar todo esto se necesita tener, sobre todo, una actitud como la de Jesús que es capaz de alabar lo bueno y ayudar al prójimo con su palabra, pero principalmente con su ejemplo, así todo el que lo ve se siente llamado a seguirlo. Dejémonos interpelar por la vida de Cristo para que nuestras conductas cada vez se parezcan más a las de Él, quien se interesa en nuestras actitudes, piensa siempre en servir y es capaz de comprendernos para saber qué pedir de nosotros.
«El acento, más bien, hay que ponerlo en el objetivo principal: ¡convertirse en discípulo de Cristo! Una elección libre y consciente, hecha por amor, para corresponder a la gracia inestimable de Dios, y no un modo de promoverse a sí mismo. ¡Esto es triste! Ay de los que piensan seguir a Jesús para promoverse, es decir, para hacer carrera, para sentirse importantes o adquirir un puesto de prestigio. Jesús nos quiere apasionados de él y del Evangelio. Una pasión del corazón que se traduce en gestos concretos de proximidad, de cercanía a los hermanos más necesitados de acogida y cuidados. Precisamente como vivió Él».
(Ángelus de S.S. Francisco, 30 de julio de 2019).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Encomendar en mi oración a todas las personas con las que trabajo.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Pecado mortal o venial…¿No son todos los pecados iguales?
Por: Redacción | Fuente: CatolicoDefiendeTuFe.org

A fin de negar a priori la doctrina Católica, en este caso sobre el pecado, las denominaciones cristianas no-católicas rechazan la distinción entre “pecado mortal” y “venial”. Sin embargo, la Biblia habla muy claro al respecto, pero primero expliquemos qué se entiende por pecado mortal.
Todo pecado es malo y se define como el acto u omisión que ofenden a Dios y al prójimo. Existen pecados más graves que otros, no es lo mismo ofender a una persona, que matarla. Todo pecado, por leve que sea nos separa de Dios. Pero al pecado que por su perversión y gravedad pone en serio peligro nuestra salvación eterna, se le llama “pecado mortal”. Lo de mortal no se refiere a la muerte física, pues más de una persona han llegado a pesar, que por cometer pecado mortal la persona puede morir. ¿Qué significa según la Biblia la muerte?
La Sagrada Escritura nos habla de dos tipos de muerte: la muerte física, que se define como la separación del alma y el cuerpo.
Génesis 35,18
Entonces ella, al exhalar el alma, cuando moría, le llamó Ben Oní; pero su padre le llamó Benjamín.Mateo 10,28
Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien a Aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehena.
La segunda muerte es la separación definitiva y eterna del hombre y Dios.
Mateo 7,23
Y entonces les declararé: «¡Jamás os conocí; apartaos de mí, agentes de iniquidad!»Mateo 25,41
Entonces dirá también a los de su izquierda: «Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles.Apocalipsis 20,13-15
Y el mar devolvió los muertos que guardaba, la Muerte y el Hades devolvieron los muertos que guardaban, y cada uno fue juzgado según sus obras. La Muerte y el Hades fueron arrojados al lago de fuego – este lago de fuego es la muerte segunda – y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego.
Siendo así las cosas, veremos cómo define la Biblia el pecado mortal.
I Juan 5,16-17
Si alguno ve que su hermano comete un pecado que no es de muerte, pida y le dará vida – a los que cometan pecados que no son de muerte pues hay un pecado que es de muerte, por el cual no digo que pida -. Toda iniquidad es pecado, pero hay pecado que no es de muerte.
De modo que, quien comete o vive en pecado mortal es separado de Dios y pierde la Salvación eterna o corre el grave peligro de perderla. Al respecto, el Catecismo de la Iglesia Católica nos explica más detalladamente el pecado mortal y venial, es un poco extenso de leer, pero bien vale la pena, tu salvación podría depender de ello y eso no es poca cosa.
El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña:
1854 “Conviene valorar los pecados según su gravedad. La distinción entre pecado mortal y venial, perceptible ya en la Escritura (cf 1Jn 5, 16-17) se ha impuesto en la tradición de la Iglesia. La experiencia de los hombres la corroboran.”
1855 El pecado mortal destruye la caridad en el corazón del hombre por una infracción grave de la ley de Dios; aparta al hombre de Dios, que es su fin último y su bienaventuranza, prefiriendo un bien inferior. El pecado venial deja subsistir la caridad, aunque la ofende y la hiere.
1856 El pecado mortal, que ataca en nosotros el principio vital que es la caridad, necesita una nueva iniciativa de la misericordia de Dios y una conversión del corazón que se realiza ordinariamente en el marco del sacramento de la Reconciliación: «Cuando […] la voluntad se dirige a una cosa de suyo contraria a la caridad por la que estamos ordenados al fin último, el pecado, por su objeto mismo, tiene causa para ser mortal […] sea contra el amor de Dios, como la blasfemia, el perjurio, etc., o contra el amor del prójimo, como el homicidio, el adulterio, etc […] En cambio, cuando la voluntad del pecador se dirige a veces a una cosa que contiene en sí un desorden, pero que sin embargo no es contraria al amor de Dios y del prójimo, como una palabra ociosa, una risa superflua, etc., tales pecados son veniales» (Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae,
1-2, q. 88, a. 2, c).
1857 Para que un pecado sea mortal se requieren tres condiciones: “Es pecado mortal lo que tiene como objeto una materia grave y que, además, es cometido con pleno conocimiento y deliberado consentimiento” (RP 17).
1858 La materia grave es precisada por los Diez mandamientos según la respuesta de Jesús al joven rico: “No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes testimonio falso, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre” (Mc 10, 19). La gravedad de los pecados es mayor o menor: un asesinato es más grave que un robo. La cualidad de las personas lesionadas cuenta también: la violencia ejercida contra los padres es más grave que la ejercida contra un extraño.
1859. El pecado mortal requiere plena conciencia y entero consentimiento. Presupone el conocimiento del carácter pecaminoso del acto, de su oposición a la Ley de Dios. Implica también un consentimiento suficientemente deliberado para ser una elección personal. La ignorancia afectada y el endurecimiento del corazón (cf Mc 3, 5-6; Lc 16, 19-31) no disminuyen, sino aumentan, el carácter voluntario del pecado.
1860. La ignorancia involuntaria puede disminuir, y aún excusar, la imputabilidad de una falta grave, pero se supone que nadie ignora los principios de la ley moral que están inscritos en la conciencia de todo hombre. Los impulsos de la sensibilidad, las pasiones pueden igualmente reducir el carácter voluntario y libre de la falta, lo mismo que las presiones exteriores o los trastornos patológicos. El pecado más grave es el que se comete por malicia, por elección deliberada del mal.
1861 El pecado mortal es una posibilidad radical de la libertad humana como lo es también el amor. Entraña la pérdida de la caridad y la privación de la gracia santificante, es decir, del estado de gracia. Si no es rescatado por el arrepentimiento y el perdón de Dios, causa la exclusión del Reino de Cristo y la muerte eterna del infierno; de modo que nuestra libertad tiene poder de hacer elecciones para siempre, sin retorno. Sin embargo, aunque podamos juzgar que un acto es en sí una falta grave, el juicio sobre las personas debemos confiarlo a la justicia y a la misericordia de Dios.
1862 Se comete un pecado venial cuando no se observa en una materia leve la medida prescrita por la ley moral, o cuando se desobedece a la ley moral en materia grave, pero sin pleno conocimiento o sin entero consentimiento.
1863 El pecado venial debilita la caridad; entraña un afecto desordenado a bienes creados; impide el progreso del alma en el ejercicio de las virtudes y la práctica del bien moral; merece penas temporales. El pecado venial deliberado y que permanece sin arrepentimiento, nos dispone poco a poco a cometer el pecado mortal. No obstante, el pecado venial no nos hace contrarios a la voluntad y la amistad divinas; no rompe la Alianza con Dios. Es humanamente reparable con la gracia de Dios. “No priva de la gracia santificante, de la amistad con Dios, de la caridad, ni, por tanto, de la bienaventuranza eterna” (RP 17): «El hombre, mientras permanece en la carne, no puede evitar todo pecado, al menos los pecados leves. Pero estos pecados, que llamamos leves, no los consideres poca cosa: si los tienes por tales cuando los pesas, tiembla cuando los cuentas. Muchos objetos pequeños hacen una gran masa; muchas gotas de agua llenan un río. Muchos granos hacen un montón. ¿Cuál es entonces nuestra esperanza? Ante todo, la confesión…» (San
Agustín, In epistulam Iohannis ad Parthos tractatus 1, 6)..
1864 “Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres pero la blasfemia contra el Espíritu Santo no será perdonada” (Mc 3, 29; cf Mt 12, 32; Lc 12, 10). No hay límites a la misericordia de Dios, pero quien se niega deliberadamente a acoger la misericordia de Dios mediante el arrepentimiento rechaza el perdón de sus pecados y la salvación ofrecida por el Espíritu Santo (cf DeV 46). Semejante endurecimiento puede conducir a la condenación final y a la perdición eterna.
