
Juliana, (o Ileana) Mártir, Santa
Virgen y Mártir, 16 de febrero …
- Hoy también se festeja a:
- • Macario el Viejo, Santo
- • Mariano Arciero, Beato
- • Mártires de Cesarea de Palestina, Santos
- • Marutas de Martirópolis, Santo
- • Felipa Mareri, Beata
Salir de los propios esquemas
Santo Evangelio según san Marcos 8, 22-26. Miércoles VI del Tiempo Ordinario
Por: Balam Loza, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Deja un momento tus ocupaciones habituales; entra un instante en ti mismo, lejos del tumulto de tus pensamientos. Arroja fuera de ti las preocupaciones agobiantes; aparta de ti tus inquietudes trabajosas. Dedícate algún rato a Dios y descansa siquiera un momento en su presencia. Entra en el aposento de tu alma; excluye todo, excepto Dios y lo que pueda ayudarte para buscarle; y así, cerradas todas las puertas, ve en pos de él. Di, pues, alma mía, di a Dios: «Busco tu rostro; Señor, anhelo ver tu rostro». (Proslogion, san Anselmo)
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Marcos 8, 22-26
En aquel tiempo, Jesús y los discípulos llegaron a Betsaida. Le trajeron un ciego y le pedían que lo tocara. Tomándolo de la mano, Jesús lo sacó del pueblo, le puso saliva en los ojos, le impuso las manos y le preguntó: «¿Ves algo?». El ciego empezando a ver, le dijo: «Veo a la gente, como si fueran árboles que caminan».
Jesús le volvió a imponer las manos en los ojos y el hombre comenzó a ver perfectamente bien: estaba curado y veía todo con claridad. Jesús lo mandó a su casa, diciéndole: «Vete a tu casa, y si pasas por el pueblo, no se lo digas a nadie».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
El encuentro con Jesús renueva nuestra vida, nos da una nueva mirada y más allá de eso, nos da un nuevo corazón. Cambia en nosotros esa mentalidad complicada y nos da un corazón de niño. Gracias a eso podemos ver las cosas con una pureza plena y ver en los demás las grandes maravillas. El Señor nos hace salir de nosotros mismos, de nuestros paradigmas y esquemas. Nos hace salir de nuestra “aldea” y nos lleva de la mano a un lugar nuevo. Es ahí donde podemos contemplar a Dios en su plenitud, donde podemos gozar de su presencia y donde podemos ser auténticamente felices.
El encuentro con Cristo transforma nuestras vidas. El encuentro con Cristo es el encuentro con el amor mismo. Es el encuentro con alguien que me ama desde toda la eternidad y me mira tal cual soy. Y esta experiencia consiste en darse cuenta que Jesús, me mira profundamente, en lo más profundo de mi alma. Me mira, sí, pero no con una mirada cualquiera sino con una mirada cargada de misericordia. Y es ahí cuando el hombre se siente amado. Y es justamente esto la experiencia de la misericordia. El darnos cuenta que somos amados antes que podamos hacer algo. Que somos amados por lo que somos.
Y el darnos cuenta de esto nos cambia la vida, nos hace ver que así como somos amados así podemos amar, pero que para amar como Dios me ama, tengo que dejar a un lado mis esquemas tan reducidos y ver en los demás, en todos, un hermano. Tengo que dejar mi aldea pequeña y limitada para ver como lo hace Jesús. Tengo que ser un misionero de la misericordia y llevar a los hombres al encuentro con Jesús, que los ama y los espera.
«Santa María, Madre de Dios, tú has dado al mundo la verdadera luz, Jesús, tu Hijo, el Hijo de Dios. Te has entregado por completo a la llamada de Dios y te has convertido así en fuente de la bondad que mana de Él. Muéstranos a Jesús. Guíanos hacia Él. Enséñanos a conocerlo y amarlo, para que también nosotros podamos llegar a ser capaces de un verdadero amor y ser fuentes de agua viva en medio de un mundo sediento».
(Deus Caritas est, Benedicto XVI).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy, Jesús, voy a hacer un acto de caridad con la persona que más me cueste.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Jesús en la cárcel?
La prisión sólo tiene sentido cuando sirve para renovar al hombre, ofreciendo una posibilidad para reflexionar, cambiar de vida e integrarse en plenitud a la sociedad
Por: Mons. Lluís Martínez Sistach, Cardenal arzobispo de Barcelona | Fuente: www.agenciasic.com

Jesús nos dice en el Evangelio: “Estaba en la cárcel y vinisteis a verme”. ¡Jesús en la cárcel! Sin embargo, no nos consta que Jesús hubiera sido encarcelado. Pero ciertamente lo ha estado, lo está y lo estará en cada una de las personas que aquí y en cualquier parte están encarceladas.
La prisión está dentro de Barcelona. Pero está cerrada y no está presente en la vida de la sociedad. Estos días en torno a la fiesta de la Virgen de la Merced, que es patrona de todas las personas vinculadas a la cárcel, es una ocasión oportuna para recordar a estas personas, a los presos, a las personas que trabajan en ella y a las que de forma voluntaria ayudan de diversas maneras a los internos.
El papa Francisco nos da también ejemplo en este sentido. Tanto en Roma como en sus viajes, visita las prisiones o recibe a los internos y a veces comparte mesa con ellos. La celebración religiosa del Jueves Santo suele celebrarla en una prisión, ya sea de jóvenes o de adultos.
Con motivo del Jubileo conmemorativo de la redención de Jesucristo, san Juan Pablo II dirigió un mensaje a todos los que están en prisión. Este mensaje está repleto de esperanza, reconoce que Jesús busca a cada persona, sea cual sea la situación en que se encuentre, para ofrecerle la salvación, no para imponérsela. Cristo espera del hombre una aceptación confiada de que hay que vivir practicando el bien. Se trata de un camino a veces largo pero estimulante, porque no se recurre en solitario sino en compañía del mismo Cristo. El papa polaco decía que “Jesús es un compañero de viaje paciente, que sabe respetar los tiempos y los ritmos del corazón humano, a la vez que anima constantemente en el logro de la meta de la salvación”.
Los que están en la cárcel piensan con nostalgia o con remordimiento en el tiempo en que eran libres. Sufren con amargura el momento presente, que parece que no pasa nunca. Pero incluso el tiempo transcurrido en prisión es tiempo de Dios y debe ser vivido ofreciéndolo a Dios como ocasión de verdad y conversión.
La prisión sólo tiene sentido cuando, afirmando las exigencias de la justicia y reprobando el delito, sirve para renovar al hombre, ofreciendo a quien se ha equivocado una posibilidad para reflexionar, cambiar de vida e integrarse en plenitud a la sociedad. San Juan Pablo II afirmaba que si esto se consigue “toda la sociedad se alegrará y las mismas personas a las que se ha ofendido con los delitos experimentarán que se les ha hecho más justicia al ver el cambio interior de los delincuentes que al constatar el castigo que han pagado”.
Creo que el próximo Jubileo de la Misericordia propuesto por el papa Francisco debería ayudarnos a todos a avanzar en este sentido. Y no quisiera terminar sin manifestar mi agradecimiento a todas las personas que, como profesionales o como voluntarias, están al servicio de las personas internadas en nuestras cárceles y trabajan para humanizar y mejorar su situación.