
Luisa de Marillac, Santa
Patrona de la Asistencia Social, 15 de marzo …
- Hoy también se festeja a:
- • Menigno, Santo
- • Sisebuto, Santo
- • Pío Conde Conde, Beato
- • Zacarías, Santo
- • Plácido Riccardi, Beato
Has venido a darme plenitud
Santo Evangelio según san Mateo 5, 17-19. Miércoles III de Cuaresma
Por: Rubén Tornero, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Jesús, una vez más vengo a rendirme a tus pies. Te agradezco todos los beneficios que de tu mano he recibido y te alabo porque eres simplemente maravilloso. Aumenta mi fe, ayúdame a creer con firmeza que Tú me amas y que tu amor es más grande que cualquier pecado o falta que yo pudiera cometer. Aumenta mi confianza, que no tenga nunca miedo de acercarme a ti con un corazón de niño, que no tiene ni miedo ni vergüenza de abandonarse en los brazos de su Papá. Te amo, pero ayúdame a darme cuenta de que tu amor por mí es mucho más grande del que puedo si quiera imaginar, y que no depende de lo que ya haga o deje de hacer, pues me amas por lo que soy y no por lo que hago o dejo de hacer. Gracias, Jesús, ayúdame a saber escuchar tu voz en esta oración y a acoger de todo corazón tu palabra. Amén.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 5, 17-19
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No crean que he venido a abolir la ley a los profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud. Yo les aseguro que antes se acabarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra o coma de la ley. ”Por lo tanto, el que quebrante uno de estos preceptos menores y enseñe eso a los hombres, será el menor en el Reino de los cielos; pero el que los cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los cielos”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Jesús, hoy en el Evangelio me dices que no has venido a abolir ni la ley ni los profetas, sino que has venido para darles plenitud. ¿Cuál es esa plenitud? La del amor.
Tú sabes perfectamente que no existe una norma más grande para el ser humano que el amor. «Ama y has lo que quieras» decía san Agustín. Una mamá que ama a su hijo no lo hace caminar por un precipicio para ver hasta dónde puede llegar. Si verdaderamente lo ama, le mostrará que no lo deja acercarse al precipicio, no porque quiere fastidiarle la vida, sino porque lo ama y sabe que su vida corre peligro.
Así eres Tú, Jesús, cuando me dices que no has venido a abolir la ley, sino a darle plenitud. No quieres amargarme la vida, sino que quieres que tenga vida, que sea verdadera vida y que la tenga en abundancia.
Ayúdame, amado Jesús, a entender que todo lo que me pides, lo haces únicamente porque me amas y sólo quieres lo mejor para mí. Gracias, porque a veces te preocupas más por mi vida, por mi verdadera felicidad, de lo que yo mismo me ocupo.
Dame la gracia de aprender a ver todo lo que me mandas y pides como una expresión concreta de tu amor, y que mi corazón se ensanche de forma que no sea capaz de negarte nada y, aunque lo haga por mi debilidad, que sea consciente que en tus brazos siempre podré encontrar a quien me ama y me perdona y me quiere dar la plenitud y felicidad que tanto anhelo.
«Dentro de nosotros y en la creación —porque vamos juntos hacia la gloria— hay una fuerza que se desencadena: está el Espíritu Santo. Que nos da la esperanza. Y vivir en esperanza es dejar que estas fuerzas del Espíritu vayan adelante y nos ayuden a crecer hacia esta plenitud que nos espera en la gloria».
(Homilía de S.S. Francisco, 31 de octubre de 2017, en santa Marta).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy haré una visita a Jesús Eucaristía para agradecerle la plenitud que Él ha venido a traerme.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Ayuda en momentos difíciles
No todos llegan a tener el alma disponible, ni perciben necesidades ajenas.
Por: P. Fernando Pascual, LC | Fuente: Catholic.net

Cuando estalla una crisis, cuando empieza una guerra, cuando se difunde una epidemia, las reacciones son muchas, las alarmas se disparan, el miedo angustia, y se desean manos amigas y ayudas verdaderas.
Cuando hay un problema en la familia, cuando en el trabajo las cosas salen mal, cuando no llega el dinero para final de mes, el corazón agradece cualquier ayuda, cercanía, afecto.
Encontrar ayuda en los momentos difíciles, grandes o pequeños, alivia, fortalece, da ánimos. Somos seres sociales: nos gusta contar a nuestro lado con quienes, de verdad, salen de sí mismos y piensan en los demás.
Si agradecemos infinitamente esa ayuda de un policía desconocido, de un médico desinteresado, de un conocido que llama para preguntar por nuestra situación, también nosotros podemos convertirnos en ayuda para otros.
Basta con abrir los ojos y descubriremos tantas necesidades. Es bueno empezar con los de cerca, familiares, amigos, conocidos, que quizá están pasando por un mal momento y necesitan alguien a su lado.
También podemos ir más lejos, a personas de la misma ciudad, o de la región, o del país. O a personas de tierras más lejanas, a las que podemos enviar pequeñas o grandes ayudas para aliviar sus sufrimientos.
El mundo empieza a ser diferente si más y más personas logran descentrarse, olvidarse de sí mismas, para entregarse a otros en los momentos difíciles que tarde o temprano llegan a todos.
Es entonces cuando hacemos realidad la invitación de Jesús a cuidar al enfermo, a dar de comer al hambriento, a vestir al desnudo, a visitar al encarcelado (cf. Mt 25,31-46).
No todos llegan a tener el alma disponible, ni perciben necesidades ajenas, si saben dejar a un lado sus proyectos personales cuando surge una emergencia, porque viven demasiado encerrados en sus asuntos.
Pero si más y más personas, desde la confianza en Dios y el amor auténtico hacia los necesitados, empiezan a ofrecer ayuda, el mundo mejorará, las penas se suavizarán, y lograremos vivir aquí en la tierra un poco como se vive en el cielo: con amor.