León III, Santo
XCVI Papa, 12 de junio…
Hoy también se festeja a:
- • Esquilo de Strängnäs, Santo
- • Plácido de Amiterno, Beato
- • Guido (Guy) de Cortona, Beato
- • Florida Cevoli, Beata
- • Gaspar Luis Bertoni, Santo
Dejarme amar por Cristo
Por: H. Pedro Cadena Diaz, L.C. | Fuente: www.somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Jesús, gracias porque estás aquí para escucharme. Yo creo y sé que me amas mucho más de lo que me puedo imaginar. Siempre lo has hecho y siempre lo harás. Haz que te experimente hoy en el modo que Tú quieras. María, que creíste en el amor de Dios en la luz y en las sombras, acompáñame en este rato de oración.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 5, 17-19
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No crean que he venido a abolir la ley o a los profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud. Yo les aseguro que antes se acabarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra o coma de la ley. Por lo tanto, el que quebrante uno de estos preceptos menores y enseñe eso a los hombres, será el menor en el Reino de los cielos; pero el que los cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los cielos.”
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
¿Qué quieres para tus hijos? ¿Y para tu pareja o tu mejor amigo? A la gente que amamos le deseamos el bien, y no cualquier bien, sino todos los bienes, desde un éxito escolar o profesional hasta la gloria más alta y la felicidad más plena en el Reino de los Cielos. Si tú puedes desear tanto bien a alguien que amas, piensa ¿cómo será lo que Jesús desea para ti?
Jesús no sólo nos quiere ver felices, sino que hace todo lo posible para lograrlo. Nos ha regalado la vida, la familia, la gente que nos ha apoyado, consolado, levantado… Jesús nos quiere conquistar, no forzarnos. Él sabe que nuestra felicidad está en amarlo, pero no nos obliga.
En este Evangelio Jesús nos revela una vez más su gran amor por nosotros, para ver si hoy sí nos puede conquistar. ¿Qué dice? Primero dice que ha venido a dar plenitud a la ley y a los profetas. ¿Qué es la plenitud de la ley? San Pablo dice que la plenitud de la ley es el amor, (Rm 13,10) y Jesús mismo nos dice que no hay amor más grande que éste: que un hombre de la vida por sus amigos (Jn 15, 13). En otras palabras, lo que Jesús nos está diciendo es: Yo hago todo lo que puedo para que te des cuenta de que te amo. Mira la cruz. Lo hice y lo haría mil veces por ti. Mira el pesebre de Belén. Me hice hombre por ti. Mira tu pasado. Quien te ha buscado siempre he sido yo. ¿Me dejas entrar hoy en tu corazón, para sanarte y cumplir tus anhelos?
Es tan grande el amor de Jesús por nosotros, que en este Evangelio no duda en mostrarnos el camino para llegar al cielo: cumplir y enseñar sus preceptos. ¿Cuáles? Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. (Jn 15, 12)
Jesús, gracias por amarme tanto. Ayúdame a dejarme conquistar por Ti, y a hacerte caso, a cumplir tu mandamiento del amor para que Tú, yo y mis hermanos, vivamos en tu paz y alegría, y lleguemos un día al cielo a disfrutar estar contigo para siempre.
«La Ley no debe ser abolida, sino que necesita una nueva interpretación, lo que lo lleva de nuevo a su significado original. Si una persona tiene un buen corazón, predispuesto al amor, entonces entiende que cada palabra de Dios debe encarnarse hasta sus últimas consecuencias. La ley no debe abolirse, pero necesita una nueva interpretación que la reconduzca a su sentido original. Si una persona tiene un buen corazón, predispuesto al amor, entonces comprende que cada palabra de Dios debe estar encarnada hasta sus últimas consecuencias. El amor no tiene confines: se puede amar al propio cónyuge, al propio amigo y hasta al propio enemigo con una perspectiva completamente nueva.»
(Audiencia de S.S. Francisco, 2 de enero de 2019).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Jesús, gracias por tu amor. Tú sabes que soy débil, pero hoy quiero dejar que me conquistes y vivir tu mandamiento. Confío en que me vas a ayudar, porque me amas. María, enséñame a confiar en Dios como tú, en horas felices y al pie de la cruz. Haz que como tú, yo me deje amar por Jesús.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy voy a visitar a Jesús en la Eucaristía y estar con Él en silencio unos minutos, para dejarme conquistar por su cariño, por su amor que lo llevó a estar en el Sagrario por mí. Si lo necesito voy a buscar una oportunidad de confesarme.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
¿Se puede ser buena persona sin Dios?
Por: n/a | Fuente: Religión en Libertad
Uno de los argumentos que desde el ateísmo se utiliza para defender sus tesis y para convencer a creyentes tibios es que se puede ser bueno sin necesidad de Dios.
Es verdad que hay buenas personas que hacen obras extraordinarias sin ser creyentes, pero el profesor de Filosofía en la Universidad de Texas, J. Budziszewski, reflexiona sobre este argumento y encuentra siete argumentos que ponen en duda esta afirmación.
Este profesor sabe de lo que habla y sabe por propia experiencia la dificultad que para muchos jóvenes, universitarios en su caso, supone este ambiente a la hora de mantener la fe. Sus alumnos se enfrentan a este debate interno al igual que le pasó a él. Perdió la fe en los años 60 debido al influjo que tuvo el radicalismo ideológico en la universidad.
De ateo a católico tras una gran crisis juvenil
En su infancia y adolescencia era un baptista sincero, aunque no especialmente virtuoso. Estudiando en la universidad dejó «primero a Cristo, luego a Dios, luego la distinción entre el bien y el mal«, explicó en una entrevista en inglés. «Yo era ateo práctico y nihilista práctico«. Ya como profesor, volvió a Cristo a través del anglicanismo y en 2004 entró en la Iglesia Católica.
Los siete problemas que encontrará el ateo
A raíz de su experiencia propia y profesional, Budziszewski habla en Mercatornet de siete obstáculos a los que se enfrenta el ateo en su intento de ser bueno sin Dios:
1.El ateo no reconoce a Dios como el bien supremo por el cual todo lo creado existe y está ordenado. Y al igual que ciertos actos pueden dirigirse al bien supremo, él considera que otros no pueden. En consecuencia, al ateo le resultará difícil entender cómo un acto puede ser intrínsecamente malo. Él se inclinará a pensar que para conseguir un resultado bueno se puede hacer cualquier cosa.
2. Como el ateo no reconoce la Divina Providencia, la idea de que él debería hacer lo correcto y dejar que Dios se ocupe de las consecuencias le parecerá insensato. Le parecerá que si no hay Dios, entonces él debe jugar a ser Dios mismo.
3. Como no reconoce a Dios como creador, considera la conciencia como el resultado de un proceso sin sentido y sin propósito que él no tenía en mente. Debido a que será difícil creer que una colección heterogénea de impulsos e inhibiciones dejadas por los accidentes de la selección natural pueda tener algo que enseñarle, estará tentado a pensar que la autoridad de la conciencia es una ilusión.
4. Como no tiene fe, es probable que vea sus dilemas morales como inevitables. Porque si no hay Dios, ¿cómo puede creer en la seguridad que da la fe de que ‘Dios es fiel y no le dejará ser tentado más allá de sus fuerzas’, y no más bien en que la tentación le proporcionará la vía de escape para que pueda soportarlo?
5. Como no cree en la Gracia divina, no podrá valerse de esta ayuda. Ciertamente, podrá realizar actos naturalmente buenos. Sin embargo, cuando se tope con los muros que se van presentando, cuando se dé cuenta de que está haciendo el mal que no quiere y no el bien que desea, no podrá pedir ayuda.
6. Como no cree para su propia existencia en las virtudes espirituales que dependen de la gracia, el ateo no podrá practicarlas en absoluto. Por ejemplo, aunque pueda amar a su esposa con amor natural, fallará en esa caridad sobrenatural que le permite ver, que, dado que ella está hecha a imagen de Dios, la única manera verdadera de amarla por su propio bien es amarla por el amor de Dios.
7. Finalmente, dado que una sola persona puede perdonar, la ley moral le parecerá un acusador severo con un corazón de piedra. Cuando haya hecho algo malo, como todos hacemos alguna vez, querrá apagar la voz de esta conciencia. Tendrá la tentación de decirse a sí mismo que la ley es una fantasía, que no hay nada que perdonar, que la solución al problema de la culpa es que no existe tal cosa. O tal vez tratará de convencerse a sí misma.
Para Budziszewski todas estas razones, algunas más lógicas y otras psicológicas, el ser humano necesita a Dios.
