Benito de Nursia, Santo
Memoria litúrgica, 11 de julio …
Hoy también se festeja a:
- • Rosalía Clotilde de Santa Pelagia y 3 compañeras, Beatas
- • Quetilo de Viborg, Santo
- • Olga de Kiev, Santa
- • Pío I, Santo
- • Marciana, Santa
Tres cosas a considerar
Por: H. José Torres, L.C. | Fuente: missionkits.org
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, hoy dame, en este rato de oración, poder escuchar tu voz, que me llama.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 10, 1-7
En aquel tiempo, llamando Jesús a sus doce discípulos, les dio poder para expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y dolencias.
Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero de todos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y su hermano Juan, hijos del Zebedeo; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el cananeo, y Judas Iscariote, que fue el traidor.
A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: «No vayan a tierra de paganos, ni entren en ciudades de samaritanos. Vayan más bien en busca de las ovejas perdidas de la casa de Israel. Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Así como Jesús llama a los doce apóstoles también nos llama a nosotros por nuestros nombres. ¿Me siento elegido, llamado? ¿Siento que Cristo realmente me llama? Hoy leemos que aparte de llamarlos les da el poder para expulsar demonios y curar enfermedades y dolencias; pero, no es algo extraordinario, a nosotros también nos lo da, así que nosotros también podemos curar con nuestras palabras, con nuestros actos. Quizás no sea nada extraordinario, pero cuando lo hacemos de corazón y con una verdadera rectitud de intención, realmente podemos curar y salvar a tantas almas que esperan que nosotros, como cristianos, seamos ese bálsamo que alivia el dolor.Y debemos creer que con nuestras oraciones podemos también curar.
En segundo lugar, vemos que nos manda a buscar las ovejas descarriadas. No es necesario ir muy lejos, quizás pueden estar en nuestro entorno, pues es allí donde primero tenemos que buscar. Son esas ovejas a las que Cristo nos pide que las carguemos sobre nuestros hombros y las llevemos junto con las otras.
En tercer lugar, nos pide algo esencial: ir y proclamar el reino de los cielos. Y es eso lo que hacemos con nuestro testimonio. Quizás hoy debemos preguntarnos: ¿doy testimonio con mis actos de mi filiación divina? ¿En medio del mundo, en mi trabajo, en mi familia en la universidad, en el colegio? Es allí donde tenemos que proclamar el reino de Dios y es allí donde debemos buscar a la oveja perdida.
Jesús instruye a los doce apóstoles en el momento en el que, por primera vez les envía en misión a las aldeas de Galilea y Judea. En esta parte final Jesús subraya dos aspectos esenciales para la vida del discípulo misionero: el primero, que su vínculo con Jesús es más fuerte que cualquier otro vínculo; el segundo, que el misionero no se lleva a sí mismo, sino a Jesús, y mediante él, el amor del Padre celestial. Estos dos aspectos están conectados, porque cuanto más está Jesús en el centro del corazón y de la vida del discípulo, más «transparente» es este discípulo ante su presencia. Van juntos, los dos.
(Ángelus de S.S. Francisco, 2 de julio de 2017).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
En algún momento del día rezaré alguna oración pidiendo por el aumento de las vocaciones misioneras.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Cuando se comete una blasfemia?
Por: P. Miguel A. Fuentes, IVE | Fuente: ElTeologoResponde.org
Pregunta:
Estimado: Me dirijo a usted para preguntarle sobre una duda que surgió hablando con un amigo. El tema es sobre ‘blasfemia’, quisiera saber cuándo se comete una. Por ejemplo si yo dijera: Por el amor de Dios o te lo juro por Dios o te pido por Dios, etc. ¿Estaría diciendo blasfemia?
Respuesta:
Estimado:
La blasfemia consiste en proferir contra Dios (interior o exteriormente) palabras de odio, de reproche o de desafío. Se extiende a las palabras contra la Iglesia, los santos y las cosas sagradas. Es también blasfemo recurrir al nombre de Dios para justificar prácticas criminales, torturar, dar muerte. Es de suyo pecado grave. Puede ser también herética (atribuyendo a Dios cosas falsas o negándole atributos verdaderos).
Cuando el penitente se acusa de blasfemar, el confesor debe indagar si se trata efectivamente de tal pecado, porque en esto puede tratarse muchas veces de groserías, maldiciones, palabras malsonantes, algunas dichas por costumbre o aprendidas mecánicamente por escucharlas en su familia o en el ambiente en que vive, estudia o trabaja, pero proferidas actualmente sin ánimo de ofender a Dios.
Hay que observar también que no se trate de simples tentaciones que en algunas personas (especialmente escrupulosas, niños, y algunos enfermos mentales) se presentan como ideas compulsivas de blasfemar (cuando al rezar algunas oraciones asocian algunas palabras con palabras groseras o blasfemas, o cuando se acercan a comulgar, etc.). Estos penitentes a menudo creen pecar a pesar de no haber tenido ningún tipo de intención, ni consentimiento.
Para desarraigarse del hábito de blasfemar es muy conveniente realizar, en penitencia por las caídas, alguna obra externa cada vez que recae (una pequeña limosna, la privación de alguna cosa superflua), de modo tal que tome conciencia del progreso de su trabajo contra esta mala costumbre; bastaría que fuese simplemente una jaculatoria.
