Macario de Antioquía, Santo
Peregrino, 10 de abril …
Hoy también se festeja a:
- • Pedro Maria Ramírez Ramos, Beato
- • Terencio y compañeros mártires, Santos
- • Macario de Antioquía, Santo
- • Magdalena de Canossa, Santa
- • Miguel de los Santos, Santo
La fe, una respuesta libre
Por: H. Jorge Alberto Leaños García, L.C. | Fuente: www.somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Quiero tener un encuentro sincero contigo, para tener una experiencia en la que me recuerdes lo Tú eres para mí y lo que yo soy para ti. Dame la gracia de poder escucharte y dame la fuerza para aceptar lo que me digas.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 8, 31-42
En aquel tiempo, Jesús dijo a los que habían creído en Él: “Si se mantienen fieles a mi palabra, serán verdaderos discípulos míos, conocerán la verdad y la verdad los hará libres”. Ellos replicaron: “Somos hijos de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Serán libres?”.
Jesús les contestó: “Yo les aseguro que todo el que peca es un esclavo y el esclavo no se queda en la casa para siempre; el hijo sí se queda para siempre. Si el Hijo les da la libertad, serán realmente libres. Ya sé que son hijos de Abraham; sin embargo, tratan de matarme, porque no aceptan mis palabras. Yo hablo de lo que he visto en casa de mi Padre: ustedes hacen lo que han oído en casa de su padre”.
Ellos le respondieron: “Nuestro padre es Abraham”. Jesús les dijo: “Si fueran hijos de Abraham, harían las obras de Abraham. Pero tratan de matarme a mí, porque les he dicho la verdad que oí de Dios. Eso no lo hizo Abraham. Ustedes hacen las obras de su padre”. Le respondieron: “Nosotros no somos hijos de prostitución. No tenemos más padre que a Dios”.
Jesús les dijo entonces: “Si Dios fuera su Padre me amarían a mí, porque yo salí de Dios y vengo de Dios; no he venido por mi cuenta, sino enviado por Él”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
El creer no sólo depende de una conversión inicial, sino que es la constante aceptación de aquello que Cristo nos propone día tras día. Muchos son los que comienzan a creer cuando escuchan lo que quieren escuchar, pero son pocos los que siguen escuchando al entender que exige una respuesta personal. Cuando uno empieza a vivir la fe, se vive de la primera emoción, pero con el tiempo se irá purificando para que permanezca sólo aquello que es verdaderamente auténtico.
Creer es un constante aceptar. Aceptar cambios, cambios difíciles, pero necesarios. Aceptar lo que soy y aceptar lo que debo ser. Porque puede que creamos en Cristo, pero siempre habrá aspectos, pensamientos, actitudes que nos hacen esclavos. En el momento en el que Él los señala puede haber dos respuestas de nuestra parte: O aceptamos o ignoramos.
Si aceptamos nuestra fe, ésta se irá purificando constantemente para eliminar todo lo que, una y otra vez, nos vuelve esclavos. Por eso el creer no se reduce a simples palabras, sino que es también una actitud que refleja nuestro deseo de querer amar, creer, confiar… libremente.
Esto es en una respuesta sobrenatural que nos libera de la preocupación temporal, va más allá de la realidad humana y se llega a dar un sentido que sobrepasa toda vacilación.
Dios se nos ha entregado libremente y añora que hagamos lo mismo libremente.
«Juan, como discípulo que lo compartió todo con Jesús, sabe que el Maestro quiere conducir a todos los hombres al encuentro con el Padre. Nos enseña cómo Jesús encontró a muchas personas enfermas en el espíritu, porque estaban llenas de orgullo y enfermas en el cuerpo. A todas les dio misericordia y perdón, y a los enfermos también curación física, un signo de la vida abundante del Reino, donde se enjuga cada lágrima. Al igual que María, los discípulos están llamados a cuidar unos de otros, pero no exclusivamente. Saben que el corazón de Jesús está abierto a todos, sin excepción. Hay que proclamar el Evangelio del Reino a todos, y la caridad de los cristianos se ha de dirigir a todos los necesitados, simplemente porque son personas, hijos de Dios.»
(Mensaje de S.S. Francisco, XXVI Jornada mundial del enfermo, 2018).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Si me cuesta creer o confiar, trataré de buscar ayuda en algún guía espiritual.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
¿Se puede seguir todavía creyendo en la Iglesia?
Por: Mons. Sergio Osvaldo Buenanueva | Fuente: AICA.org
En una nueva columna para el periódico “La Voz de San Justo”, el obispo de San Francisco, monseñor Sergio Osvaldo Buenanueva, reflexionó sobre la última parte del Credo, que reza “Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica…”. Al respecto, el prelado se preguntó: “¿Se puede seguir todavía creyendo en la Iglesia? ¿Cómo se puede calificar de ‘santa’ a una institución que carga con el peso de tantas miserias?”.
“¿Se puede seguir todavía creyendo en la Iglesia? ¿Cómo se puede calificar de ‘santa’ a una institución que carga con el peso de tantas miserias?”, se preguntó esta semana el obispo de San Francisco, monseñor Sergio Osvaldo Buenanueva, al reflexionar sobre la frase del Credo que afirma la fe en “la santa Iglesia católica”.
Como ejemplo, tomó lo vivido en la visita del papa Francisco a Chile: “La Iglesia católica tiene hoy un bajo nivel de confianza en ese país”, advirtió, y lo atribuyó a diversas razones: desde “profundos cambios culturales (más espíritu crítico y distancia de las instituciones) hasta el drama de los abusos sexuales del clero”. Argentina, aún con diferencias, vive procesos parecidos, reconoció el prelado.
“La conclusión, a la que muchos arriban, parece clara: Dios sí, Iglesia no. Hoy muchos creen en Dios sin sentir la necesidad de pertenecer a la Iglesia. Creer sin pertenecer”, explicó, y aclaró, en primer lugar, que “los cristianos no creemos en la Iglesia de la misma manera en que creemos en Dios”, sino que en realidad, “el acto de fe solo se puede realizar de cara a Dios. Solo Él, Verdad que no miente, es digno de fe. Solo a Él podemos decirle ‘amén’ con todo nuestro ser”.
Monseñor Buenanueva recordó que “la fe cristiana es mucho más que aceptar la existencia de Dios. Es reconocer que Él nos ha dirigido su Palabra, pues ha querido comunicarse con nosotros. Dios se ha hecho oír, convocando a un pueblo y confiándole la misión de ser signo visible de su amor por toda la humanidad”. En ese sentido, explicó que “la palabra ‘Iglesia’ quiere decir precisamente eso: convocación, llamada y reunión de hombres y mujeres para escuchar la Palabra de Dios, recibir su Espíritu y caminar en su presencia”.
“Creemos en Dios que ha creado la Iglesia como la reunión de todos los que creen. Esa es también una de las definiciones más bellas de la Iglesia: ‘congregatio fidelium’ (la reunión de todos los que escuchan, acogen y creen en la Palabra). Así, la Iglesia entra en el campo de la fe como obra de Dios para nosotros”, continuó.
“Donde Dios hace oír su Palabra, allí el Espíritu reúne una comunidad unida por la fe”, sostuvo el obispo, y afirmó que, para los cristianos, “esto acontece en torno a la persona de Jesús. Él es la Palabra que escuchamos cuando leemos las Escrituras. Es su Espíritu el que nos une en comunión fraterna, rescatándonos de la soledad y el aislamiento”.
“Todo lo que en la comunidad cristiana es visible (palabras y gestos, culto y normas, personas e instituciones, carismas y ministerios) está al servicio de la invisible: el Espíritu que santifica a la familia de Cristo”, insistió, y destacó que “el rostro humano de la Iglesia, con todos sus límites, está llamado a ser expresión de la misericordia de Dios manifestada en Jesucristo”.
Tomada de los hermanos protestantes, la fórmula que los católicos adoptamos en el Concilio Vaticano II, relata monseñor Buenanueva, es “la Iglesia está siempre en reforma”, porque “sus miembros somos imperfectos y el Evangelio siempre nos queda grande. Parafraseando al Papa Francisco: somos un pueblo de pecadores amados y perdonados”, añadió.
“Siempre ha sido una tentación creer que la Iglesia solo se forma con la gente pura, perfecta y santa. No. La Iglesia abraza a todos: santos y pecadores. Es santa en su cabeza, Cristo resucitado, y en sus miembros más insignes: María y los santos. Es santa porque a través de su humanidad el Espíritu sigue actuando en el mundo, ofreciéndonos la luz de la Palabra y la fuerza de los sacramentos. Pero esa santidad que viene de Dios es para que la vivamos hombres y mujeres imperfectos”, concluyó, completando el artículo del Credo de esta manera: “Creo en el Espíritu Santo que anima, inspira y constantemente provoca a la Iglesia a ser fiel al Evangelio, a imitar a Cristo pobre, manso y humilde”.
