Pablo Miki y compañeros, Santos y Mártires
Memoria Litúrgica, 6 de febrero …
Hoy también se festeja a:
- • María Teresa Bonzel, Beata
- • Ángel de Furci, Beato
- • Dorotea y Teófilo, Santos
- • Vedasto (Vaast) de Arras, Santo
- • Guarino de Palestrina, Santo
Grandeza y pequeñez
Por: H. Adrián Olvera, L.C. | Fuente: www.missionkits.org
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Jesús, dame la gracia de descubrir tu grandeza en las cosas sencillas.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Marcos 6, 1-6
En aquel tiempo, Jesús fue a su tierra en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba se preguntaba con asombro: “Dónde aprendió este hombre tantas cosas? ¿De dónde le viene esa sabiduría y ese poder para hacer milagros? ¿Qué no es éste el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas?” Y estaban desconcertados.
Pero Jesús les dijo: “Todos honran a un profeta, menos los de su tierra, sus parientes y los de su casa”. Y no pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó a algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y estaba extrañado de la incredulidad de aquella gente. Luego se fue a enseñar en los pueblos vecinos.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Es interesante cómo muchas veces decimos con nuestra boca que creemos, pero nuestro corazón está muy lejos de creer. «Dios es grande, es maravilloso» –solemos decir– pero cuando vemos su forma sencilla de actuar, su manera tan simple de entrar en contacto con nosotros, nos solemos preguntar, ¿será Él? …, ¿esto que me está pasando vendrá de Dios?
No nos es fácil reconocer la grandeza de Dios en las cosas sencillas pues a veces creamos un concepto de Dios que no es Dios. A veces creemos en un Dios grandioso, omnipotente, pero que está allá arriba en su trono celestial, que no se preocupa por las insignificancias de mi vida, por los pequeños problemas que me suceden o de las pequeñas y sencillas alegrías que me circundan.
Parte de la grandeza de Dios es, en efecto, su sencillez, su humildad. Es verdad, sorprenden sus palabras, pero son palabras que solamente las comprende el corazón de la gente sencilla. Nos impresionan sus milagros, pero solo los sencillos son los que se dejan curar.
Grandeza y pequeñez, son dos cosas que, en Dios, misteriosamente se identifican.
Así que cuando digamos «Dios es grande, es maravilloso», creamos que esa grandeza la puedo descubrir en mi vida, en mi día. ¡No dejemos que su sencillez nos escandalice!
El Dios que es grande, eterno, todopoderoso…, el que quiere entrar en la sencillez de mi vida, ése es el verdadero Dios.
«La grandeza más grande se expresa en la pequeñez más pequeña y más dramática: esto es el misterio del amor de Dios, de este amor que el Señor nos enseña a poner más en los hechos que en las palabras. Es un amor total y el símbolo es un corazón atravesado: así podemos entender también el recorrido cristiano. De hecho, cuando Jesús quiere enseñarnos cómo debe ser la actitud cristiana nos dice pocas cosas, nos hacer ver ese famoso protocolo sobre el cual todos nosotros seremos juzgaos: Mateo 25.»
(Homilía de S.S. Francisco, 8 de junio de 2018, en santa Marta).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Pondré especial atención en los quehaceres de mi día para descubrir el amor de Dios en las cosas sencillas.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
El hombre humilde no es nervioso
Por: Padre Nicolás Schwizer | Fuente: Retiros y homilías del Padre Nicolás Schwizer
Una actitud que nos ayuda a superar los límites y las debilidades de nuestra vida es la humildad. ¿Qué es la humildad? Dice el Padre Kentenich, fundador del Movimiento Apostólico de Schoenstatt: Humildad es la virtud moral por la cual el hombre se experimenta totalmente débil, cuando está separado de Dios, y totalmente fuerte cuando está sumergido en Dios.
Humildad es algo muy distinto de sentimientos o complejos de inferioridad: estos son expresiones de desaliento o depresión. En nuestro tiempo muchos sufren de estos complejos y sentimientos, sobre todo personas con temperamento melancólico.
La humildad como pequeñez y grandeza
La humildad contiene dos sentimientos de vida aparentemente opuestos: pequeñez y grandeza. Quien solamente experimenta su pequeñez, a la larga caerá en complejos de inferioridad. En cambio, quien sólo experimenta la grandeza se hará orgulloso y presuntuoso. En María, el ser humano por excelencia, se da el perfecto equilibrio: en sí misma se siente pequeña, pero a la vez, se siente amada y engrandecida por Dios.
Humildad como grandeza
Es, entonces, saberme aceptado, valorado y querido por el Padre. Es el reposo en un tú que me da seguridad. Es esa experiencia que tranquiliza mi corazón y me permite aceptar la pequeñez y las limitaciones sin angustia. Y puedo sentirme querido y, por eso, grande e importante a los ojos de Dios.
Humildad como pequeñez
Es aceptarme como criatura limitada y pecadora ante el Dios perfecto y santo. Por eso, Santa Teresa puede decir que humildad es verdad. El hombre auténtico se encuentra bien cuando es veraz: es la espontaneidad de aquel que no tiene nada que esconder, es la espontaneidad del niño.
Humildad, por eso, no es esconder los talentos. El ideal bíblico de la mansedumbre no es lo mismo que falta de personalidad; la paciencia no es cobardía y pasivismo; la pequeñez y sencillez no es mediocridad. Cuando Jesús habla de los afligidos y agobiados no se refiere a una melancolía enfermiza…
Si no nos resulta esto, nunca llegaremos a ser libres. Al contrario, fácilmente se traduce en problemas psicológicos e incluso fisiológicos.
Los nervios
Por eso también dice el Padre Kentenich: Por lo general, el hombre humilde no es nervioso. O dicho de otra forma: Si somos nerviosos – no cuando tenemos nervios débiles sino cuando realmente somos nerviosos, – tenemos que analizar si no es porque en nuestra vida constatamos una gran falta de humildad.
En ese sentido, la pequeñez es para el P. Kentenich no darme importancia a mí mismo. Ni mi persona es importante, ni mi salud, ni mi honor, ni mi obra, ni mi amor, ni mi miseria. Todo lo que se refiere a mi propio yo, no importa. Soy sólo un instrumento.
Entonces, ¿quién es importante? Sólo Dios Padre, únicamente a Él debemos darle importancia. Él es la persona más trascendental de nuestro mundo. Sólo doy importancia a la obra de Dios, el Reino del Padre. Él hace todo, yo sólo le ayudo un poquito. El honor de lo que estoy haciendo, no es para mí, sino para Dios. No yo, sino Dios. Yo debo disminuir y el debe crecer (Jn 3, 30), decía San Juan Bautista.
Si así no me doy importancia a mí mismo, sino solamente a Dios Padre y a su obra, entonces Él me da importancia a mí. Cuanto menos importancia me doy, tanto más le importo a Él. Es el misterio de la auténtica filialidad: porque soy pequeño, le agrado a Dios Padre; porque soy pequeño, por eso soy grande.
Y aquí entendemos esa otra palabra del Padre Kentenich: Tú eres el que hace las obras más grandes sólo en los más pequeños y a través de los más pequeños.
Preguntas para la reflexión
1. ¿Me considero una persona nerviosa?
2. ¿Cómo relaciono mis nervios y la falta de humildad?
3. ¿Qué me dice la frase no darme importancia a mí mismo?
