Sabas, Santo
Abad, 5 de diciembre …
Hoy también se festeja a:
- • Jean-Baptiste Fouque, Beato
- • Anastasia Yi Bong-geum, Beata
- • Agustina (Anunciación) Peña Rodriguez, Beata
- • Joaquín Jovaní Marín y compañeros, Beatos
- • Nicolás Stenses, Beato
La medida de Dios: sobreabundancia
Por: H. Jesús Salazar Brenes, L.C. | Fuente: missionkits.org
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Aliméntanos, Señor, con el pan de tu palabra y sacia nuestro corazón con tu amor. Haznos apóstoles tuyos que podamos llevar nuestra vivencia a quien más lo necesite.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 15,29-37
En aquel tiempo, llegó Jesús a la orilla del mar de Galilea, subió al monte y se sentó. Acudió a Él mucha gente, que llevaba consigo tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros enfermos. Los tendieron a sus pies y él los curó. La gente se llenó de admiración, al ver que los lisiados estaban curados, que los ciegos veían, que los mudos hablaban y los tullidos caminaban; por lo que glorificaron al Dios de Israel.
Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Me da lástima esta gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer. No quiero despedirlos en ayunas, porque pueden desmayarse en el camino». Los discípulos le preguntaron: «¿Dónde vamos a conseguir, en este lugar despoblado, panes suficientes para saciar a tal muchedumbre?». Jesús les preguntó: «¿Cuántos panes tienen?». Ellos contestaron: «Siete, y unos cuantos pescados».
Después de ordenar a la gente que se sentara en el suelo, Jesús tomó los siete panes y los pescados, y habiendo dado gracias a Dios, los partió y los fue entregando a los discípulos, y los discípulos a la gente. Todos comieron hasta saciarse, y llenaron siete canastos con los pedazos que habían sobrado.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Cuando tenemos hambre, todo nos habla de comida. Cualquier olor delicioso nos trae recuerdos, o buscamos preparar algo «hecho con amor». Si así buscamos alimentar nuestro cuerpo, no podemos olvidar que nuestra alma también necesita alimentarse; así, muchas cosas cotidianas nos hablarán de Jesús, nos traerán recuerdos de nuestra experiencia con Él, y buscaremos la paz que brota del amor verdadero.
Mucha gente buscaba y busca aún a Jesús por interés, acordándose de Él de una forma muy terrenal, sólo cuando necesitan algo, como sucede en el Evangelio; buscan a Jesús por querer sanarse del cuerpo, quizás sin importarles mucho su mensaje que es el que sana el alma. Otros, a lo mejor, seguían a Jesús porque querían verlo, como si fuera la atracción sensacional del momento. No obstante, a pesar de conocer las intenciones más profundas de cada uno, Jesús siente lástima de todos por igual y quiere alimentarlos en el cuerpo y el espíritu.
¡Qué bueno es Jesús que no hace diferencias! Él, conociendo nuestro corazón, nuestra historia e intenciones, no quiere que desfallezcamos en el camino y se hace pan para alimentarnos. Veamos el Evangelio: Él pronuncia la acción de gracias (pronuncia la «eucháristein» según el texto griego) da el pan a sus discípulos y ellos a la gente, tal como sucede hoy en la Eucaristía. Jesús viene a través de las manos de sus discípulos y se nos da en manjar celeste, alimentando nuestra alma y transformándonos en su presencia viva. Ahora tenemos un reto, llevar la luz de la presencia de Cristo a tantas personas que tienen hambre y no saben cómo saciarse. Un día le presentaron siete panes al Señor, todo lo que tenían para comer, y Él no sólo los multiplicó, sino que sobró más de lo que le dieron. Cuando somos generosos con Dios, su medida con nosotros es la sobreabundancia.
Jesús atento a las necesidades primarias de las personas. El episodio surge de un hecho concreto: las personas están hambrientas y Jesús involucra a sus discípulos para que este hambre se sacie. Este es el hecho concreto. A la multitud, Jesús no se limitó a donar esto -ofreció su Palabra, su consuelo, su salvación, su vida-, pero ciertamente hizo también esto: se encargó del alimento para el cuerpo. Y nosotros, sus discípulos, no podemos hacer como si nada. Solamente escuchando las más sencillas peticiones de la gente o poniéndose cerca de sus situaciones existenciales concretas se podrá ser escuchado cuando se habla de valores superiores. El amor de Dios por la humanidad hambrienta de pan, de libertad, de justicia, de paz, y sobre todo de su gracia divina nunca falla.
(Homilía de S.S. Francisco, 29 de julio de 2018).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy llevaré el pan de la palabra a otra persona en una conversación normal, o bien, si me es posible, asistiré a la Eucaristía, aunque no sea domingo.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Adviento es un período para abrir los ojos
Por: P. Thomas Rosica | Fuente: Catholic.net
El Adviento no cambia a Dios. El Adviento profundiza en nuestro deseo y en nuestra espera de que Dios realice lo que los profetas anunciaron. Rezamos para que Dios ceda a nuestra necesidad de ver y sentir la promesa de salvación aquí y ahora.
Durante este tiempo de deseo y de espera del Señor, se nos invita a rezar y a profundizar en la Palabra de Dios, pero estamos llamados ante todo a convertirnos en reflejo de la luz de Cristo, que en realidad es el mismo Cristo. De todas formas, todos sabemos lo difícil que es reflejar la luz de Cristo, especialmente cuando hemos perdido nuestras ilusiones, cuando nos hemos acostumbrado a una vida sin luz y ya no esperamos más que la mediocridad y el vacío. Adviento nos recuerda que tenemos que estar listos para encontrar al Señor en todo momento de nuestra vida. Como un despertador despierta a su propietario, Adviento despierta a los cristianos que corren el riesgo de dormirse en la vida diaria.
¿Qué esperamos de la vida o a quién esperamos? ¿Por qué regalos o virtudes rezamos en este año? ¿Deseamos reconciliarnos en nuestras relaciones rotas? En medio de nuestras oscuridades, de nuestras tristezas y secretos, ¿qué sentido deseamos encontrar? ¿Cómo queremos vivir las promesas de nuestro Bautismo? ¿Qué cualidades de Jesús buscaremos para nuestras propias vidas en este Adviento? Con frecuencia, las cosas, las cualidades, los regalos o las personas que buscamos y deseamos dicen mucho sobre quiénes somos realmente. ¡Dime qué esperas y te diré quién eres!
Adviento es un período para abrir los ojos, volver a centrarse, prestar atención, tomar conciencia de la presencia de Dios en el mundo y en nuestras vidas.
Adviento ofrece la maravillosa oportunidad de realizar las promesas y el compromiso de nuestro Bautismo.
El cardenal Joseph Ratzinger escribió que «el objetivo del año litúrgico consiste en recordar sin cesar la memoria de su gran historia, despertar la memoria del corazón para poder discernir la estrella de la esperanza. Esta es la hermosa tarea del Adviento: despertar en nosotros los recuerdos de la bondad, abriendo de este modo las puertas de la esperanza».
En este tiempo de Adviento, permítanme presentarles algunas sugerencias:
Acaben con una riña. Hagan la paz. Busquen a un amigo olvidado. Despejen la sospecha y sustitúyanla por la confianza. Escriban una carta de amor.
Compartan un tesoro. Respondan con dulzura, aunque les gustara una respuesta brutal. Alienten a un joven a tener confianza en él mismo. Mantengan una promesa. Encuentren tiempo, tómense tiempo. No guarden rencor. Perdonen al enemigo. Celebren el sacramento de la reconciliación. Escuchen más a los otros. Pidan perdón si se han equivocado. ¡Sean gentiles aunque no se hayan equivocado! Traten de comprender. No sean envidiosos. Piensen antes en el otro.
Rían un poco. Ríanse un poco más. Gánense la confianza. Opónganse a la maldad. Sean agradecidos. Vayan a la iglesia. Quédense en la iglesia más de tiempo de lo acostumbrado. Alegren el corazón de un niño. Contemplen la belleza y la maravilla de la tierra. Expresen su amor. Vuélvanlo a expresar. Exprésenlo más fuerte. Exprésenlo serenamente.
¡Alégrense porque el Señor está cerca!
