Escucha la Homilía del Padre Francisco G. Pedraz del domingo 30 de septiembre de 2018, dando clic aquí!!
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Francisco de Borja, Santo
Memoria Litúrgica, 3 de octubre…
Hoy también se festeja a:
- • Crescencio García Pobo, Beato
- • Francisco de Borja, Santo
- • Uto (u Otón) de Metten, Beato
- • Hesiquio de Maiuma, Santo
- • José María Poyatos Ruiz, Beato
A ti también te dice sígueme
Por: H. Cesar Yali Molina, L.C. | Fuente: missionkits.org
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, que aprenda a escuchar tu voz en medio de las dificultades del día a día.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 9, 57-62
En aquel tiempo, mientras iban de camino Jesús y sus discípulos, alguien le dijo: «Te seguiré a dondequiera que vayas». Jesús le respondió: «Las zorras tienen madrigueras y los pájaros, nidos; pero el Hijo del hombre no tiene en dónde reclinar la cabeza».
A otro, Jesús le dijo: «Sígueme». Pero él le respondió: «Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre». Jesús le replicó: «Deja que los muertos entierren a sus muertos. Tú ve y anuncia el Reino de Dios».
Otro le dijo: «Te seguiré, Señor; pero déjame primero despedirme de mi familia». Jesús le contestó: «El que empuña el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
El Evangelio nos muestra tres situaciones distintas con un punto en común (el seguimiento de Jesús): El primero expresa seguir a Jesús sin condición alguna. El segundo a quien Jesús llama a que le siga y el tercero que expresa querer seguir a Jesús pero bajo algunas condiciones.
El seguir a Jesús se hace más claro en el segundo caso, pues Jesús es quien dice «sígueme»; en las otras dos situaciones, aunque Jesús tuvo la iniciativa de mostrarse, dejó que los otros hablaran y dijesen «te seguiré».
Jesús a ti también te dice sígueme, sin importar tu condición, sin importar que tan cerca de la Iglesia te encuentres. Te puedes preguntar, ¿Cristo puede llamar a alguien que no sea cristiano? Y la respuesta es sí porque su misericordia y su bondad no tienen límites, basta con querer escucharle y meditar sus palabras para hacerlas parte de tu vida y así vivas el Evangelio. Cuando Jesús te dice sígueme, lo hace porque quiere compartir su vida contigo, pues para Él eres muy importante. Probablemente sea muy difícil para ti aceptar entrar en esa relación de amistad porque implica que te dejes guiar y que esa amistad sea siempre una relación reciproca para corresponder a ese Amor.
Cuando frecuentes los sacramentos, hazlo con el corazón en la mano, de manera que Él lo moldee en cada encuentro, especialmente en cada Eucaristía. Evita convertir a los sacramentos en meras obligaciones y que el ser católico practicante se convierta en pertenecer a un club social; no dejes que la rutina invada tu vida sobrenatural, tu relación con Dios.
Que san José y la santísima Virgen María nos guíen en el seguimiento fiel y sincero de su Hijo Jesucristo.
La disposición a acercarse a Jesús dejando atrás “lo que fuimos, para que seamos lo que no éramos”. Les recomiendo vigilar no sólo individualmente, sino colegialmente, dóciles al Espíritu Santo, sobre este permanente punto de partida. Sin este núcleo languidecen los rasgos del Maestro en el rostro de los discípulos, la misión se atasca y disminuye la conversión pastoral, que no es otra cosa que rescatar aquella urgencia de anunciar el Evangelio de la alegría hoy, mañana y pasado mañana, premura que devoró el Corazón de Jesús dejándolo sin nido ni resguardo, reclinado solamente en el cumplimiento hasta el final de la voluntad del Padre. ¿Qué otro futuro podemos perseguir? ¿A qué otra dignidad podemos aspirar?
(Homilía de S.S. Francisco, 7 de septiembre de 2017).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
En algún momento del día rezaré una oración pidiendo por el aumento de las vocaciones misioneras.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Por qué sufro si soy bueno y hago el bien?
Por: P. José Luis González Santoscoy | Fuente: PadreJoseLuisGS.com
Todos hemos sufrido, en más de una ocasión. En esos momentos de dolor, de sufrimiento, de desesperación por lo que está sucediendo, volteamos a lo alto, con el corazón desgarrado, y le preguntamos a Dios: ¿Por qué me está sucediendo esto? La situación y la angustia se agrandan, cuando he llevado una vida más o menos recta, entonces, nos preguntamos ¿Por qué me sucede esto a mí, que soy bueno y no hago el mal?
Hoy, maravillosamente, se nos presenta la historia del justo Job, un hombre santo, bueno, entregado y generoso, a quien le suceden todo tipo de tragedias, siendo para todos nosotros, una clara respuesta al problema del porqué la existencia del dolor y el sufrimiento de quienes se esfuerzan por obrar con rectitud. En la primera lectura, tomada de Job 1, 6-22, escuchamos un diálogo entre Dios y Satanás.
Un día fueron los ángeles a presentarse ante el Señor y entre ellos llegó también Satanás. El Señor le preguntó: “¿De dónde vienes?”. Él respondió: “De dar una vuelta por la tierra”. El Señor le dijo: “¿Te fijaste en mi siervo Job? No hay nadie como él en la tierra; es un hombre íntegro y recto, que teme a Dios y se aparta del mal”. Satanás le respondió: “¿Y crees tú que su temor a Dios es desinteresado? ¿Acaso no has construido tú mismo una cerca protectora alrededor de él, de su familia y de todos sus bienes? Has bendecido el trabajo de sus manos y sus rebaños se han multiplicado por todo el país. Pero hazle sentir un poco el peso de tu mano, daña sus posesiones y verás cómo te maldice en tu propia cara”. El Señor le dijo: “Haz lo que quieras con sus cosas, pero a él no lo toques”.
Lo que sigue en el texto lo voy a resumir, citando cuáles fueron las 4 desgracias que experimentó Job: le robaron todo su ganado y apuñalaron a sus criados; un rayo quemó a todas sus ovejas y a sus pastores; luego, le robaron todos sus camellos y apuñalaron a sus criados; finalmente, un fuerte viento mató a sus hijos e hijas.
Como podemos ver, al pobre Job, humanamente hablando, le fue como en feria, ya que la desgracia le arrancó sus bienes, sus posesiones y hasta sus seres queridos. Pero, aun así, las terribles pruebas y desgracias que sufre este buen hombre, en lugar de alejarlo de Dios, lo unen aún más a Él. Job, a pesar de no entender sus designios, no sólo no reniega del Señor, sino que, con una fe madura y una gran confianza en Dios, llega a bendecirlo en medio del dolor. El texto de hoy termina diciendo que Job, postrándose en tierra oró, diciendo:
Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré allá. El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó; esa fue su voluntad: ¡Bendito sea el nombre del Señor!.
Hermanos, esto nos enseña que el dolor y el sufrimiento es parte de nuestra vida. Cuando el dolor se hace presente, no quiere decir que Dios nos está castigando o que, incluso, sea un Dios que nos quiera ver sufrir. Me parece muy retador para nosotros el planteamiento del demonio, porque dice que, si los hombres aman a Dios, es por los beneficios que nos concede. ¿Será acaso cierto en cada uno de nosotros? Cuántas veces nos hemos alejado de Dios, de los sacramentos o de la oración, cuando algo no sale como queremos, cuando el dolor o la prueba han llegado a nuestras vidas.
No podemos estar pensando ¿Qué he hecho para que Dios me trate de este modo? El sufrimiento y el dolor es parte de nuestra humanidad. Pudiéramos estar cayendo en la trampa del enemigo, quien no cree que el hombre sea capaz de amar y servir a Dios desinteresadamente. El demonio cree que buscamos a Dios egoístamente, le damos para que Él nos dé. En realidad, ¿Cómo y por qué amo a Dios? ¿Amo, sirvo, doy generosa y desinteresadamente?
Debemos trabajar en nuestro interior, para que, el dolor y el sufrimiento, sean un verdadero camino de crecimiento y maduración personal, una forma de llegar a ser mejores personas y mejores cristianos. El hombre, al ser alguien que aspira a la felicidad, el sentido del dolor le parece absurdo y es algo que no se quiere ni se desea, pero es inevitable.
Te comparto 3 acciones concretas para que puedas sacar provecho del dolor y el sufrimiento que lleguen a tu vida:
Acéptalo y no lo rechaces, puesto que ya está ahí.
El dolor y el sufrimiento existen por el simple hecho de que somos seres finitos, con voluntad y libertad. Al pasarnos la vida rechazándolo, vivimos frustrados; y, por el contrario, al asumirlo, el dolor se vuelve una tarea o una misión, la cual nos lleva a lo siguiente.
Mejora tu actitud frente a esa experiencia de dolor.
Deberíamos preguntarnos qué actitud tengo ante él, ésta puede ser negativa o positiva. Al ser negativa, viviré una vida marcada por el egoísmo y la amargura, pues el dolor me encerrará en mi experiencia y no me permitirá abrirme a los demás. Pero, al ser positiva, hago que el dolor sea una experiencia enriquecedora, ya que la madurez del ser humano se adquiere cuando se hace dueño de sí mismo, cuando es verdaderamente libre, cuando no permite que nada lo esclavice, ni el dolor mismo.
El sufrimiento, para tener sentido, no puede ser un fin en sí mismo, eso sería masoquismo.
El sentido del dolor, lo da el motivo por el cual aceptamos padecerlo. Siempre hay un amor detrás del sufrimiento, ya que, si no hay un amor que motive, que dé razón y sentido, el sufrimiento se vuelve absurdo, así como Cristo asumió la cruz, por amor a nosotros.
