Hugo de Grenoble, Santo
Obispo, 1 de abril…
Hoy también se festeja a:
- • Domingo de Resurrección
- • Celso de Armagh, Santo
- • José (Giuseppe) Girotti, Beato
- • Sofía Czeska-Maciejowska, Beata
- • Agape y Quionia, Santas
La libertad de ser hijos de Dios
Por: H. Francisco J. Posada, LC | Fuente: www.somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Padre, Tú sabes cuánto te necesito en mi vida, soy como un pequeño que, si lo dejan solo, no sabe qué hacer y tiene mucho miedo; pero cuando Tú estás conmigo me siento fuerte y no quiero que te alejes de mí; ayúdame a reconocerme hijo tuyo y que actúe de la misma forma.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 8, 31-42
En aquel tiempo, Jesús dijo a los que habían creído en él: “Si se mantienen fieles a mi palabra, serán verdaderos discípulos míos, conocerán la verdad y la verdad los hará libres”. Ellos replicaron: “Somos hijos de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Serán libres?”.
Jesús les contestó: “Yo les aseguro que todo el que peca es un esclavo y el esclavo no se queda en la casa para siempre; el hijo sí se queda para siempre. Si el Hijo les da la libertad, serán realmente libres. Ya sé que son hijos de Abraham; sin embargo, tratan de matarme, porque no aceptan mis palabras. Yo hablo de lo que he visto en casa de mi Padre: ustedes hacen lo que han oído en casa de su padre”.
Ellos le respondieron: “Nuestro padre es Abraham”. Jesús les dijo: “Si fueran hijos de Abraham, harían las obras de Abraham. Pero tratan de matarme a mí, porque les he dicho la verdad que oí de Dios. Eso no lo hizo Abraham. Ustedes hacen las obras de su padre”. Le respondieron: “Nosotros no somos hijos de prostitución. No tenemos más padre que a Dios”.
Jesús les dijo entonces: “Si Dios fuera su Padre me amarían a mí, porque yo salí de Dios y vengo de Dios; no he venido por mi cuenta, sino enviado por él”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Cuando estamos en casa nos sentimos felices, el hecho de estar en un lugar seguro, que nos inspira tanto amor, nos contagia una alegría que desborda. Un niño, cuando es libre y puede jugar hasta hartarse (si es posible que un niño pueda hartarse de jugar), se siente bien y disfruta su juego con toda su alma. En cierto sentido nuestra vida de amor con Dios debe ser como la de un niño que le gusta jugar, estar en la casa de sus padres, disfrutar su compañía y aprender tantas cosas buenas de ellos. La vida espiritual tiene como inspiración el amor que le podemos demostrar a Dios, nuestro Padre, porque Él nos ha amado infinitamente. Este amor que no se mide, porque todo buen padre llegaría a dar la vida por sus hijos, hace que el niño se sienta libre para amarlo y esta sea su motivación en todo.
En cambio, si se vive mal la vida espiritual, o sea, que se cumplan las reglas sin amor, que no se quiera seguir profundizando en lo que significa tener a Dios en nuestras vidas o que solo se hagan las cosas para ser visto y digan que somos buenos cristianos, nos restringe en la vida y no nos deja ser verdaderamente libres, porque es como si nos quitaran las ganas de jugar y le quitaran todo el sentido a «nuestro juego». Una vida así nos hace tristes y no nos deja disfrutar de la verdadera alegría que tiene raíces profundas y es duradera.
Nuestras obras son pruebas de lo que hemos aprendido, son reflejos de lo que somos, aunque a veces no somos capaces de ver las intenciones de las personas o sus corazones; sin embargo, lo que hacemos dice qué es lo que queremos; por lo tanto, Cristo nos invita a pensar qué es lo que más queremos en nuestra vida y ver si lo tenemos que purificar para que podamos actuar como hijos de nuestro Padre celestial.
«El hombre, por tanto, descubre y redescubre la verdad cuando la experimenta en sí mismo como fidelidad y fiabilidad de quien lo ama. Sólo esto libera al hombre: “La verdad os hará libres”. Liberación de la falsedad y búsqueda de la relación: he aquí los dos ingredientes que no pueden faltar para que nuestras palabras y nuestros gestos sean verdaderos, auténticos, dignos de confianza. Para discernir la verdad es preciso distinguir lo que favorece la comunión y promueve el bien, y lo que, por el contrario, tiende a aislar, dividir y contraponer. La verdad, por tanto, no se alcanza realmente cuando se impone como algo extrínseco e impersonal; en cambio, brota de relaciones libres entre las personas, en la escucha recíproca. Además, nunca se deja de buscar la verdad, porque siempre está al acecho la falsedad, también cuando se dicen cosas verdaderas. Una argumentación impecable puede apoyarse sobre hechos innegables, pero si se utiliza para herir a otro y desacreditarlo a los ojos de los demás, por más que parezca justa, no contiene en sí la verdad. Por sus frutos podemos distinguir la verdad de los enunciados: si suscitan polémica, fomentan divisiones, infunden resignación; o si, por el contrario, llevan a la reflexión consciente y madura, al diálogo constructivo, a una laboriosidad provechosa».
(Mensaje para la 52ª Jornada de Comunicación, S.S. Francisco).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hacer una oración especial a Dios, mi Padre, que me quiere y me cuida.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Qué diferencia hay entre religión, culto y secta?
Por: P. Jon M. Arza, IVE | Fuente: TeologoResponde.org
Pregunta:
Respuesta:
Estimado José Luis:
Santo Tomás de Aquino, dice en la Suma Teológica, II-II, 81, 1, que
a) «conforme escribe San Isidoro en el libro Etymol., llamamos religioso, palabra derivada, según dice Cicerón, de re-lección, a quien repasa y como que relee lo referente al culto divino. Así, pues, la palabra religión proviene, según parece, de releer lo concerniente al culto divino, por el hecho de que a estas materias hay que darles muchas vueltas en nuestro interior, según se nos manda en Prov 3,6: En todos tus caminos, piensa en El.
b) Aunque también pudiéramos suponer que se llama así a la religión por nuestra obligación de reelegir a Dios, a quien por negligencia hemos perdido, como dice San Agustín en el X De Civ. Dei.
c) O puede asimismo pensarse que la palabra religión se deriva de religar, y de ahí la frase de San Agustín en el libro De vera relig. : La religión nos religa al Dios único y omnipotente.
Ahora bien: sea que la religión se llame así por la repetida lectura, por la reelección de lo que por negligencia hemos perdido o por la religación, lo cierto es que propiamente importa orden a Dios. Pues a El es a quien principalmente debemos ligarnos como a principio indeficiente, a El debe tender sin cesar nuestra elección como a fin último, perdido por negligencia al pecar, y El es también a quien nosotros debemos recuperar creyendo y atestiguando nuestra fe». Santo Tomás añade que “La religión se acerca a Dios más que las otras virtudes morales, en cuanto que se ocupa de cosas que directa e inmediatamente están ordenadas al honor divino; y por lo mismo, la religión sobresale entre las otras virtudes morales”(II-II, 81, 6). Y dice también en qué consiste: “la religión consiste en el acto por el cual el hombre rinde culto a Dios, sometiéndose a Èl”.
El culto, por su parte, es la correcta relación del hombre con Dios. Deriva de colere, cultum, es decir, cultivo. Cultivar es una acción que implica una cierta frecuencia, un cuidado, una repetición, una “cultura”. El hombre cultiva su cuerpo, cultiva el oído, cultiva sus talentos, cultiva su inteligencia por el estudio, su voluntad por la repetición de actos buenos, sus relaciones con los demás (cultiva la amistad), y su relación con Dios (culto), es decir, cultiva su vida espiritual. El hombre, por ser espiritual y libre, es un ser “cultual” por naturaleza, inclinado a la adoración del Ser Supremo, de aquello que lo trasciende(“trans-scandere”). Cuando Dios creó al hombre, dice el Génesis, plantó un jardín en Edén, al oriente, donde colocó al hombre que había creado (Gn 2, 8), para que lo cultivase y lo cuidase (Gn 2, 15).
Etimológicamente, la palabra española “secta”, en latín, era el femenino del participio del verbo “seco, secare”: “cortar, desprender”. Designa la entidad separada de otra realidad mayor y más antigua como la rama desgajada de un árbol.
Realmente, por su definición descriptiva o sus rasgos definitorios, “secta es un grupo autónomo, no cristiano, fanáticamente proselitista, exaltador del esfuerzo personal y expectante de un inminente cambio maravilloso, ya colectivo, ya individual” (según Luis Moya, tomado de www.unav.es). Puede ver ese link para una ampliación del tema.
