
Estanislao de Cracovia, Santo
Memoria Litúrgica, 11 de abril …
- Hoy también se festeja a:
- • Barsanufio, Santo
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- • Antipas, Santo
- • Lanuino, Beato
¿A quién buscas?
Santo Evangelio según san Juan 20, 11-18. Martes de la Octava de Pascua
Por: Javier Castellanos, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
¡Qué gozo, Señor, saber que has resucitado! Has vencido a la muerte, mi propia muerte, y me has ganado una vida contigo. Tu Padre ahora es mi Padre. ¡Gracias, Jesús, por hacerte nuestro hermano!
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 20,11-18
El día de la resurrección, María se había quedado llorando junto al sepulcro de Jesús. Sin dejar de llorar, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados en el lugar donde había estado el cuerpo de Jesús, uno en la cabecera y el otro junto a los pies. Los ángeles le preguntaron: «¿Por qué estás llorando, mujer?». Ella les contestó: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo habrán puesto». Dicho esto, miró hacia atrás y vio a Jesús de pie, pero no sabía que era Jesús. Entonces él le dijo: «Mujer, ¿por qué estás llorando? ¿A quién buscas?». Ella, creyendo que era el jardinero, le respondió: «Señor, si tú te lo llevaste, dime dónde lo has puesto». Jesús le dijo: «¡María!». Ella se volvió y exclamó: «¡Rabuní!», que en hebreo significa ‘maestro’. Jesús le dijo: «Déjame ya, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: ‘Subo a mi Padre y su Padre, a mi Dios y su Dios’». María Magdalena se fue a ver a los discípulos y les anunció: «¡He visto al Señor!», y les contó lo que Jesús le había dicho.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
¡El Señor realmente ha resucitado! ¡Está vivo y se ha aparecido a María Magdalena! Busquemos nosotros también a Cristo en esta oración. Busquémoslo con el interés e impulso que la movía a ella. Vayamos al huerto donde hay un sepulcro vacío. Ese lugar ha sido testigo de la victoria de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte.
A María este diálogo tan breve la cambió completamente. Antes, no paraba de llorar, y ahora sólo habla de una Buena Nueva; antes, sale de casa para estar sola, y ahora vuelve con una misión en el grupo de discípulos. Y es que buscaba al Señor con todo su corazón, y lo ha encontrado. Ahora no hay nadie que le quite el gozo de saber que el Maestro –su Salvador- está vivo.
Nosotros, ¿a quién buscamos? ¿Por qué lloramos? Es bueno en esta oración responderle al Señor estas preguntas. Él quiere que lo encontremos, quiere consolarnos, quiere llenar de gozo nuestra alma. Dejémonos encontrar por Él. Pongámonos ante Él tal cual somos y exactamente como estamos: tal vez desorientados, tal vez a oscuras, tal vez llenos de lágrimas, como María Magdalena. Escuchemos su voz dentro de nosotros, que nos llama por nuestro nombre. ¡El Señor realmente ha resucitado! ¡Está vivo y quiere que lo busquemos, aquí y ahora!
«Dejemos que el estupor gozoso del Domingo de Pascua se irradie en los pensamientos, miradas, actitudes, gestos y palabras… Ojalá seamos tan luminosos. ¡Pero esto no es un maquillaje! Viene desde dentro, de un corazón sumergido en la fuente de esta alegría, como el de María Magdalena, que lloró por la pérdida de su Señor y no creía a sus ojos viéndolo resucitado. Quien realiza esta experiencia se convierte en un testigo de la resurrección, porque en cierto sentido ha resucitado él mismo, ha resucitado ella misma. Entonces es capaz de llevar un «rayo» de la luz del Resucitado en las diferentes situaciones: en las felices, haciéndolas más bellas y preservándolas del egoísmo; en las dolorosas, llevando serenidad y esperanza. En esta semana, nos hará bien tomar el libro del Evangelio y leer aquellos capítulos que hablan de la resurrección de Jesús».
(Homilía de S.S. Francisco, 21 de abril de 2014).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Buscaré hoy tener un rostro alegre para los demás, para que encuentren en mí el gozo de la resurrección.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Quiero encontrar a Dios ¿Por dónde debo comenzar?
5 lugares perfectos para encontrarte con Dios.
Por: Carlos García Gutiérrez | Fuente: ConMasGracia.org

En algún momento de la vida, tarde que temprano, buscamos encontrarnos con Dios. Muchos buscamos a Dios en la oración, en la Iglesia, en algún retiro espiritual, etc. En cada uno de estos lugares o experiencias podremos encontrarnos con Dios, pero es importante que este encuentro con nuestro Padre, no sea un encuentro de un rato o de un fin de semana, sino que sea un encuentro constante, íntimo y personal, para que esta comunicación de Padre a hijo se fortalezca día con día.
Es por eso que hoy te quiero compartir 5 lugares donde puedes encontrarte con Dios:
En la familia
Podemos encontrar a Dios en todas partes, pero un lugar primordial para su encuentro es en nuestro entorno cercano y, uno de nuestros círculos más cercanos, es nuestra familia. En ella podemos encontrar a Dios presente siempre, por ejemplo, en el amor que nos tenemos entre todos, ya que se supone que toda familia tiene como base el amor. No pierdas esta oportunidad de encontrarte con Dios a través de tu familia.
Contigo mismo
El silencio y la soledad son dos momentos a los cuales muchas personas le huyen, ya que no es fácil guardar silencio en un mundo lleno de ruido y tampoco es fácil aprender a convivir y a estar con uno mismo. Pero es ahí, en el silencio y en la soledad, donde podemos encontrarnos de una manera muy íntima y privada con Dios, ya que en ese momento especial de oración podrás entrar en una comunicación personal con nuestro Padre.
Con tus verdaderos amigos
Las relaciones interpersonales y, en especial, las que desarrollamos en nuestra vida y nos hacen crecer como personas son las amistades que valen mucho la pena, las cuales siempre nos llevarán a acercarnos a Dios, ya que viviendo un momento de comunidad y compartiendo una sonrisa podrá ser un buen momento para encontrarnos con Dios.
Con el más necesitado
Cada vez que pensamos en el más necesitado, pudiéramos caer en el error de pensar en alguien lejano a nuestra realidad, alguien que está lejos de nosotros. Pero, en realidad, este mundo está lleno de necesitados, necesitados de muchas cosas, unos de alimento, otros de hogar, pero muchos son los necesitados de amor, de compresión o de una simple sonrisa. Lo más hermoso que puedes hacer para encontrarte con Dios es buscarlo en la cara del necesitado y que, en la ayuda sincera y generosa que puedas brindar, ellos vean en ti, el rostro de Dios.
En nuestros errores
¿Cómo que me puedo encontrar a Dios en mis errores? Parece difícil de creer, pero es toda una realidad, podemos encontrarnos con Dios en los momentos más vulnerables de nuestra vida o en los momentos de derrota, ya que, en estos momentos, Dios nunca nos abandona y es en estos instantes, donde tenemos de cerca de un Padre amoroso y misericordioso que está con los brazos abiertos.
Ahora que ya sabes dónde te puedes encontrar con Dios, no pierdas esta gran oportunidad de acercarte a ese Padre amoroso que sólo nos quiere amar y tenernos siempre a su lado.