
Pío V, Santo
Memoria Litúrgica, 30 de abril…
Hoy también se festeja a:
- • Gualfardo, Santo
- • Benito de Urbino, Beato
- • Paulina von Mallinckrodt, Beata
- • María de la Encarnación Guyart, Santa
- • Ventura de Spello, Santo
Nacer de nuevo
Por: H. Camilo Palomino, L.C. | Fuente: www.somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, en este día me pongo en tu presencia y te pido la gracia de experimentar una vez más tu gran amor por mí. Aumenta mi fe, Señor, para que pueda vivir y anunciar con alegría tu resurrección; fortalece mi esperanza para que, al contemplar tu triunfo sobre la muerte y el pecado, pueda corresponder a tu voluntad, y al experimentar tu amor, ayúdame a transmitirlo a los demás.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 3, 5. 7-15
En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios». El viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así pasa con quien ha nacido del Espíritu».
Nicodemo le preguntó entonces: «¿Cómo puede ser esto?». Jesús le respondió: «Tú eres maestro de Israel, ¿y no sabes esto? Yo te aseguro que nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio. Si no creen cuando les hablo de las cosas de la tierra, ¿cómo creerán si les hablo de las celestiales? Nadie ha subido al cielo sino el Hijo del hombre, que bajó del cielo y está en el cielo. Así como levantó Moisés la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
En su diálogo con Nicodemo, Jesús habla de la necesidad de nacer de nuevo, de nacer en el espíritu. Estas palabras sorprenden a Nicodemo que no entiende exactamente a lo que Jesús se refiere. Nicodemo, un gran conocedor de las tradiciones judías y de la ley, pensaba que podía entender con claridad las cosas de Dios. Sin embargo, al encontrarse con Cristo y al escuchar su palabra, un deseo de conocer más y de entender mejor brota en su corazón. Este deseo lo lleva a acercarse a Cristo y preguntarle; y al oír su respuesta, se da cuenta que, para seguirlo y para poder entender su mensaje, es necesaria una profunda conversión, una conversión que requiere nacer de nuevo. Este nacer de nuevo del que se habla no implica un nacimiento biológico como al inicio pensó Nicodemo, sino un nacimiento en el espíritu.
De la misma forma, Jesús nos invita a nosotros a nacer de nuevo para poder entrar en su reino. Este nacer implica dejar atrás todo lo que nos aleja de Dios, nuestro egoísmo, nuestra soberbia, nuestra vanidad. Ciertamente éste no es un proceso fácil, pero es posible, ya que por este motivo el Hijo del hombre fue elevado en la cruz para redimirnos y transformarnos con su gracia.
Jesús, con su vida muerte y resurrección, nos invita a nacer de nuevo, a nacer en el espíritu. Esto implica dejar atrás nuestras seguridades, nuestras ideas y nuestra forma de ver y hacer las cosas para acoger lo que Dios nos pide y nos presente, y así Él pueda ser nuestra única seguridad y nuestro modelo.
Aunque por el bautismo ya nacemos en el espíritu y nos hacemos hijos de Dios, es necesario renovar esa gracia bautismal para poder vivir en plenitud las gracias que Dios nos concede a diario. De esta forma, al renacer en el espíritu con nuestra renovación y constante transformación, podremos irradiar con mayor intensidad el amor de Dios por la humanidad y convertirnos, así, en instrumentos de su misericordia.
«El único, el único que nos justifica; el único que hace renacer de nuevo es Jesucristo. Nadie más. Y por esto no se debe pagar nada, porque la justificación —el hacerse justo— es gratuita. Y esta es la grandeza del amor de Jesús: da la vida gratuitamente para hacernos santos, para renovarnos, para perdonarnos. Y este es el núcleo propio de este Triduo pascual. En el Triduo pascual la memoria de este advenimiento fundamental se hace celebración llena de reconocimiento y, al mismo tiempo, renueva en los bautizados el sentimiento de su nueva condición, que el apóstol Pablo expresa siempre así: “Si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba […] Aspirad a las cosas de arriba, no a las de la tierra.” Mirar arriba, mirar el horizonte, ampliar los horizontes: esta es nuestra fe, esta es nuestra justificación, ¡este es el estado de gracia! Por el bautismo, de hecho, resucitamos con Jesús y morimos para las cosas y la lógica del mundo; renacemos como criaturas nuevas: una realidad que pide convertirse en existencia concreta día a día. Un cristiano, si verdaderamente se deja lavar por Cristo, si verdaderamente se deja despojar por Él del hombre viejo para caminar en una vida nueva, incluso permaneciendo pecador —porque todos lo somos— ya no puede ser corrupto, la justificación de Jesús nos salva de la corrupción, somos pecadores, pero no corruptos; ya no puede vivir con la muerte en el alma y tampoco ser causa de muerte.»
(Homilía de S.S. Francisco, 28 de marzo de 2018).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Buscaré estar muy atento a la voz del Espíritu Santo e invocaré su ayuda y su presencia con mayor intensidad.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
No lleven una vida pagana disfrazada de cristiana
Por: Redacción | Fuente: ACI Prensa
El Papa Francisco recordó la necesidad de que los cristianos dejen espacio a la acción del Espíritu Santo en la vida de fe, porque una vida cristiana sin presencia del Espíritu “es una vida pagana disfrazada de cristiana”.
En su homilía de la Misa celebrada este martes 30 de abril en Casa Santa Marta, el Santo Padre subrayó que para renacer de “nuestra existencia pecadora” es necesaria la ayuda de Dios, para lo cual “nos ha enviado al Espíritu Santo”.
“Nosotros no podemos hacer nada sin el Espíritu. Es el Espíritu el que nos hace resurgir de nuestros límites, de nuestras muertes, porque nosotros tenemos muchas necrosis en nuestra vida, en el alma”, señaló Francisco.
El Santo Padre centró su enseñanza en la conversación entre Jesús y Nicodemo presente en el fragmento evangélico de hoy. En Él, el Señor habla de “renacer de lo alto”. El Pontífice señaló que “el mensaje de la resurrección es el que comunica Jesús a Nicodemo: es necesario renacer”.
“Pero, ¿cómo no le voy a dejar espacio al Espíritu? Una vida cristiana, que se dice cristiana, que no deja espacio al Espíritu y no se deja llevar adelante por el Espíritu es una vida pagana disfrazada de cristiana”.
Más bien, “el Espíritu es el protagonista de la vida cristiana, el Espíritu Santo, que está con nosotros, nos acompaña, nos transforma, vence con nosotros. Nadie ha subido nunca al cielo su no es con Aquel que ha bajado del cielo, es decir, Jesús. Él bajó del cielo y Él, en el momento de la resurrección, nos dijo: ‘Recibid el Espíritu Santo’, será el compañero de la vida, de la vida cristiana”.
Evangelio comentado por el Papa Francisco:
uan 3:7-15
7 No te asombres de que te haya dicho: Tenéis que nacer de lo alto.
8 El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu.»|
9 Respondió Nicodemo: «¿Cómo puede ser eso?»
10 Jesús le respondió: «Tú eres maestro en Israel y ¿no sabes estas cosas?
11 «En verdad, en verdad te digo: nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero vosotros no aceptáis nuestro testimonio.
12 Si al deciros cosas de la tierra, no creéis, ¿cómo vais a creer si os digo cosas del cielo?
13 Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.
14 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre,
15 para que todo el que crea tenga por él vida eterna.