
Ireneo de Lyon, Santo
Obispo y Mártir, 28 de junio
- Hoy también se festeja a:
- • Sabás Ji Hwang y Matías Choe In-gil, Beatos
- • Vicenta Gerosa, Santa
- • Heimerado, Santo
- • Martires de Alejandría de Egipto, Santos
- • Severiano Baranyak y Joaquín Senkivskyj, Beatos
Incluso en la tormenta
Santo Evangelio según san Mateo 8, 23-27. Martes XIII del Tiempo Ordinario
Por: Javier Castellanos, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
«El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar?
Aunque acampe contra mí un ejército, mi corazón no temerá;
Aunque estalle una guerra contra mí, no perderé la confianza.
¡Escucha, Señor, yo te invoco en alta voz, apiádate de mí y respóndeme!». (Salmo 27)
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 8, 23-27
En aquel tiempo, Jesús subió a una barca junto con sus discípulos. De pronto se levantó en el mar una tempestad tan fuerte, que las olas cubrían la barca; pero él estaba dormido. Los discípulos lo despertaron, diciéndole: “Señor, ¡sálvanos, que perecemos!”.
Él les respondió: “¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?”. Entonces se levantó, dio una orden terminante a los vientos y al mar, y sobrevino una gran calma. Y aquellos hombres, maravillados, decían: “¿Quién es éste, a quien hasta los vientos y el mar obedecen?”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Parece que el Señor duerme cuando más lo necesitamos. Buscamos hacer el bien que podemos cada día, dar testimonio de nuestra fe, realizar alguna actividad de apostolado o servicio a los necesitados. Pero muchas veces nos encontramos en el camino sólo con vientos contrarios. Y en más de alguna ocasión la tormenta se ha levantado en torno a nuestra barca…
Pero Él está ahí. Aunque todo esté oscuro, Cristo nunca abandona. Aunque todo se agite y parezca que no hay ningún punto seguro, Él permanece para siempre. Incluso en la tormenta. Él no ha dejado al paralítico por el suelo. Él no abandonó a los leprosos fuera de la ciudad. Él mismo no permitirá que nos ahoguemos en este mar. Cristo es nuestro apoyo y nuestra seguridad.
Es normal tener miedo en la tormenta. Cristo no nos pide ser insensibles, pero sí pide que nuestra fe sea más grande que el temor. Nos pide confiar en Él, pues su presencia nos basta en la dificultad. Confiar en Él significa luchar incluso en las tormentas… Confiar en Él significa mantener viva la esperanza: seguir remando, sujetar bien fuerte el timón hacia la otra orilla. Porque Él, tarde o temprano, despertará; y entonces llegará una gran calma.
«Sabemos quién es Jesús, pero quizá no lo hemos encontrado personalmente, hablando con Él, y no lo hemos reconocido todavía como nuestro Salvador. Este tiempo es una buena ocasión para acercarse a Él, encontrarlo en la oración en un diálogo de corazón a corazón, hablar con Él, escucharle; es una buena ocasión para ver su rostro también en el rostro de un hermano y de una hermana que sufre».
(Cfr S.S. Francisco, 19 de marzo de 2017).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy mantendré una actitud de optimismo y esperanza, sobre todo ante las situaciones difíciles que se me presenten.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
6 papás que alcanzaron la santidad
Una breve reseña de algunos papás que alcanzaron la santidad.
Por: María Ximena Rondón | Fuente: Aci Prensa

Dentro de la Iglesia Católica hubo hombres que en diferentes épocas dieron testimonio de una verdadera y santa paternidad. A pocos días de celebrarse el Dia del Padre, presentamos una breve reseña de algunos papás que alcanzaron la santidad.
1.- San José
Dios le encomendó a San José una gran responsabilidad y privilegio: ser el padre adoptivo de Jesucristo y casto esposo de la Virgen María.
San José era carpintero y descendiente del rey David. Cuando fue a Belén con María para registrarse en el censo, ella dio a luz a Jesús en un establo y luego tuvieron que huir a Egipto para evitar que el Niño fuera asesinado por orden del rey Herodes.
San José educó a Cristo y le enseñó el oficio de carpintero. Se le conoce como el “Patrono de la Buena Muerte” porque, según la tradición, murió acompañado y consolado por Jesús y María.
En un discurso, el Papa Francisco destacó que San José supo descansar en Dios en la oración, levantarse con Jesús y María y ser una voz profética en medio del mundo.
2.- San Luis Martin
San Luis Martin fue esposo de Santa Celia Guérin y padre de cinco hijas. Entre ellas se destacan Santa Teresa de Lisieux, Doctora de la Iglesia; y Leonia, cuya causa de beatificación se abrió en 2015.
Cuando era joven, Luis quiso ser religioso de la Congregación Hospitalaria del Gran San Bernardo, pero no fue admitido porque no sabía latín. Aprendió el oficio de relojero y se estableció en Alençon (Francia), donde conoció a su futura esposa.
Luis y Celia se casaron el 13 de julio de 1858 y tuvieron nueve hijos, de los cuales sobrevivieron cinco mujeres. El matrimonio tenía una intensa vida espiritual y formó a las niñas para que fueran buenas católicas y ciudadanas respetables.
Celia murió de cáncer en 1877. Luis se hizo cargo de sus hijas y se mudaron a Lisieux. Con el pasar de los años todas abrazaron la vida religiosa. El santo padecía una enfermedad que lo fue mermando hasta que perdió sus facultades mentales. Murió en 1894.
En octubre de 2015, Luis y su esposa Celia fueron el primer matrimonio en ser canonizado. Su fiesta se celebra el 12 de julio, día de su aniversario de bodas.
3.- Santo Tomás Moro
Santo Tomás Moro nació en Londres en 1477 y en 1505 se casó con Jane Colt, con quien tuvo un hijo y tres hijas. Sin embargo, su esposa murió joven y él volvió a contraer nupcias con Alice Middleton.
San Juan Pablo II dijo que Santo Tomás Moro fue “un marido y un padre cariñoso y fiel, profundamente comprometido en la educación religiosa, moral e intelectual de sus hijos. Su casa acogía yernos, nueras y nietos”.
Su excelente carrera como abogado lo llevó al parlamento inglés y años más tarde llegó a ocupar puestos importantes del gobierno, luego de que su libro “Utopía” llamara la atención del rey Enrique VIII.
Fue encarcelado por oponerse a los deseos del monarca de repudiar a su esposa para casarse con otra mujer y separarse de la Iglesia Católica para formar la Iglesia Anglicana.
Su hija Margarita lo visitaba en la prisión con frecuencia y rezaban juntos. Por mantenerse firme en sus convicciones fue declarado traidor y decapitado el 6 de julio de 1535.
4.- San Isidro Labrador
Desde pequeño, San Isidro trabajó labrando, cultivando y cosechando campos en España.
Se casó con una campesina que también llegó a ser santa: María de la Cabeza. Tuvieron un hijo que, según la tradición, cayó a un pozo con una canasta. Rezaron con fervor y entonces las aguas empezaron a subir hasta que apareció el pequeño ileso.
Los domingos por la tarde solía pasear con su familia por los campos. Después de haber criado a su hijo, San Isidro y Santa María de la Cabeza decidieron separarse para tener una vida entregada totalmente a Dios. Él se quedó en Madrid y ella partió a una ermita.
San Isidro pasó el resto de su vida labrando los campos y rezando. Murió el 30 de noviembre de 1172.
5.- San Luis de Francia
Luis IX nació en 1214 y fue coronado rey de los franceses a los doce años, bajo la regencia de su madre quien le solía decir: “Hijo, prefiero verte muerto que en desgracia de Dios por el pecado mortal”.
En 1234 es declarado mayor de edad y asume sus funciones de monarca. Se casó con la virtuosa Margarita de Provenza, quien le ayudaría a alcanzar la santidad. Tuvieron 11 hijos.
El rey se distinguió por su bondad, justicia, caridad y piedad. Educó a sus hijos tal como lo hizo su madre con él.
Participó en dos cruzadas para recuperar los lugares santos y frenar las invasiones musulmanas. En la segunda cruzada enfermó de disentería cerca de Cartago (norte de África). Murió en agosto de 1270.
Dejó un “testamento espiritual” al hijo que le sucedería, el futuro Felipe III, donde le da instrucciones para ser un gobernante sabio, justo y santo.
6.- San Esteban de Hungría
San Esteban fue rey de Hungría, esposo de la Beata Gisela de Baviera y padre de San Emerico.
Tuvo un gran cariño por la Iglesia y procuraba ser un ejemplo de piedad para sus súbditos. Solía disfrazarse para salir de noche a repartir ayudas.
Educó a su hijo con esmero y le dejó escritos varios consejos sobre las virtudes que debe cultivar un monarca.
Juntos defendieron al reino del ataque de Conrado II, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Sin embargo, el joven falleció durante una cacería. Cuando se enteró de la noticia, Esteban exclamó: “El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó. Bendito sea Dios».
El rey nombró como sucesor a su sobrino Pedro Orseolo. El santo murió el 15 de agosto de 1038, día de la Solemnidad de la Asunción de la Virgen María, de quien fue un gran devoto.