V Papa y Mártir, 27 de octubre …
Hoy también se festeja a:
- • Salvador Mollar Ventura, Beato
- • Balsamia, Santa
- • Bartolomé de Braganza, Beato
- • Vicente, Sabina y Cristeta, Santos
- • Evaristo, Santo
El Reino de Dios en mí
Por: Rogelio Suárez, LC | Fuente: www.somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Jesús, gracias por amarme incondicionalmente y por establecer tu Reino en mí; dame la gracia de serte fiel y te pido aumentes mi fe, mi esperanza y mi caridad.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 13, 18-21
En aquel tiempo, Jesús dijo: «¿A qué se parece el Reino de Dios? ¿Con que podré compararlo? Se parece a la semilla de mostaza que un hombre sembró en su huerta; creció y se convirtió en un arbusto grande y los pájaros anidaron en sus ramas».
Y dijo de nuevo: «¿Con que podré comparar el Reino de Dios? Con la levadura que una mujer mezcla con tres medidas de harina y que hace fermentar toda la masa».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Cada uno de nosotros es una semilla de mostaza, insignificante, pequeñito, del cual no se espera que dé mucho fruto o sea grande. Pero es la tierra, el abono, el agua, etc., lo que hace que crezca hasta ser arbusto.
Esto es la gracia de Dios, el poder de Dios. Quien deja entrar a Dios en su vida y le permite hacer lo que Él más quiere, llegará a ser lo que nunca se imaginó. Es Él quien poco a poco va cambiando y nos va transformando en lo que tiene pensado para cada uno.
Lo que sucede es que da miedo dejar entrar a Dios en nuestras vidas, pues sabemos que Él va a hacer lo que más quiera, pero siempre para nuestro bien. Nunca hará nada para perjudicarnos. Si Él permite un mal es para después darnos un bien muchísimo mayor.
Si dejamos que Él entre en nuestra vida, poco a poco nos va a ir amasando hasta fermentarnos y hacernos crecer como estamos llamados a serlo.
«Es un semilla muy pequeña, y sin embargo se desarrolla tanto que se convierte en la más grande de todas las plantas del huerto: un crecimiento imprevisible, sorprendente. No es fácil para nosotros entrar en esta lógica de la imprevisibilidad de Dios y aceptarla en nuestra vida. Pero hoy el Señor nos exhorta a una actitud de fe que supera nuestros proyectos, nuestros cálculos, nuestras previsiones. Dios es siempre el Dios de las sorpresas. El Señor siempre nos sorprende. Es una invitación a abrirnos con más generosidad a los planes de Dios, tanto en el plano personal como en el comunitario».
(Homilía de S.S. Francisco, 17 de junio de 2018).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Buscar un tiempo para estar con Jesús Eucaristía para recordar todo su amor por mí y pedirle la gracia de abrir mi corazón para que Él pueda entrar.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Pero ni hago nada malo…¿ y el testimonio ?
Por: Salvador I. Reding V. | Fuente: Catholic.net
Hay quienes se sienten pecadores, y otros, como dice el papa Francisco, que se sienten “justos”, y como agrega, a ambos los busca el Padre. ¿Y por qué a los justos? Pues porque los que se ven como limpios de toda culpa, siempre tienen algunas ¡todos somos pecadores! ¿Qué es lo que sucede? Veamos.
Efectivamente, hay muchas buenas personas que tratan siempre de evitar el mal, y así cumplir con la ley divina. No hacen lo prohibido y tratan de hacer lo que nos es ordenado, como amar a Dios, amar al prójimo, honrar padre y madre. Y no está mal, se apegan a los diez mandamientos, pero falta algo, que también es orden divina.
Faltan las omisiones, aquello debido pero que NO se hace. Es tan fácil no hacer algo malo, que a veces es simple debilidad de carácter para llevarlo a cabo, miedos a equivocarse, “al qué dirán” y cosas así.
Las omisiones de hacer el bien igual son pecados. Basta recordar el juicio divino que prevé el Evangelio, sobre aquellos que vieron a Cristo en el prójimo necesitado y nada hicieron: lo vieron hambriento, sediento, desnudo, abandonado, desprotegido… y no hicieron nada por él, siguieron su camino en su propio confort.
Pero aún hay más. Hay quienes sabiendo no enseñan al ignorante lo que saben. No dan consejo a quien lo necesita (aunque no sepa que lo necesita) ni reprenden al equivocado como nos pide la Escritura. Es tan fácil pensar “que se las arregle solo”, que ya se verá con Dios.
Y sin embargo a los padres de familia, y hasta a otras personas, les parece correcto, como lo es, educar al niño para la vida, reprenderlo cuando hace mal, enseñarle buenos modales y así. Pero cuando se trata de adultos, ya no se atreven, sobre todo si no los sienten como “suyos” y temen enojarlos.
Y vayamos todavía más lejos; el testimonio de la palabra. En el mundo, en nuestro rededor, suceden cosas muy graves en contra de las enseñanzas y mandamientos del Señor, y la gran mayoría se queda callada. Se promueve el crimen del infanticidio por aborto, se destruye a la familia, se tuerce el concepto de matrimonio, se promueve abiertamente la homosexualidad y hasta la pederastia, y la gran mayoría se queja en privado, pero no hace nada para dar la voz de alarma y defender el recto sentido de la vida.
El silencio ante la destrucción de los valores que Dios ha puesto en el hombre es omisión culpable, es complicidad. Sí, ¡el silencio es complicidad! y así lo dicen tanto los Santos Padres como personas de buena voluntad. El dicho popular de “el que calla otorga”, aplica.
Se ataca a la Iglesia, se defiende el aborto, y muchos se quedan callados, aún en conversaciones grupales, privadas. Mejor no lastimo nuestra amistad, piensan, pero no como convicción, sino como excusa ante sí mismos.
Las violaciones a los derechos humanos se dan a niveles terribles en el mundo, y la mayoría se queda callada. Se persigue, martiriza y se asesina cruelmente a personas por el sólo hecho de ser cristianos y no renunciar a su fe… y se quedan callados. Y piden a Dios que haga algo, pero ellos no hacen nada.
Afortunadamente hay personas que por medio de la Internet o los de prensa de todo tipo, convocan a la protesta contra la violación de esos derechos humanos, y hacen presión sobre líderes y gobiernos, y rinde buenas cuentas. Otros usan las tribunas parlamentarias, pero a la mayoría de la gente le tiene sin cuidado. Ni siquiera rezan por lo que sí se atreven.
Ante el vociferar de pocos a favor de causas perversas, la mayoría calla, esa que el expresidente Nixon llamó “la mayoría silenciosa”. Como otros líderes, religiosos o no han dicho, entre ellos Martin Luther King, que lo que le preocupaba era el silencio de los muchos.
Hay quienes toman riesgos al denunciar el mal y propiciar el bien, como quienes oran frente a abortorios o protestan en las calles sin violar las leyes. La verdad es que cada vez es más fácil levantar conjuntamente la voz a favor de las buenas causas, la defensa de la fe y de todos los valores humanos, pero no se hace.
Jesús dio a la Iglesia el mandato de ir y predicar a todas las naciones. Pues a nivel personal, como parte de su iglesia, debemos cumplirlo en nuestro entorno o por los medios ahora a nuestro alcance. Quedarse callado es la antítesis de la predicación. Defender la vida, ante el homicidio generalizado en la propia nación y en varias partes del mundo, exigir el respeto a la vida, predicar el ¡NO al aborto!, como buen ejemplo.
Así que hay que quitarse la careta de “justo” y reconocer tanto lo que se hace bien, el mal evitado y lo que siendo necesario testimonialmente, se ha dejado de hacer. Así no habrá sorpresas a la hora de rendir cuentas finales al Señor a la hora de la muerte. Ya no se valdrán las excusas, ya no habrá tiempo. Mejor llegar a ese juicio con buenas cuentas, el debido testimonio, el haber levantado la voz. ¿Tan importante es? Sí lo es.
