
Gabriel de la Dolorosa, Santo
Religioso Pasionista, 27 de febrero…
Hoy también se festeja a:
- • Guillermo Richardson, Beato
- • Roger Filcock, Beato
- • Lucas de Mesina, Santo
- • Basilio de Constantinopla y Procopio Decapolita, Santos
- • Besa de Alejandría, Santo
¿Quiénes son los fariseos hoy?
Santo Evangelio según San Mateo 23,1-12. Martes II de Cuaresma.
Por: Javier Castellanos, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, enséñame a vivir tu humildad y tu alegría para ser cada día más como Tú.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 23, 1-12
En aquel tiempo, Jesús dijo a las multitudes y a sus discípulos: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos. Hagan, pues, todo lo que les digan, pero no imiten sus obras, porque dicen una cosa y hacen otra. Hacen fardos muy pesados y difíciles de llevar y los echan sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con el dedo los quieren mover. Todo lo hacen para que los vea la gente. Ensanchan las filacterias y las franjas del manto; les agrada ocupar los primeros lugares en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; les gusta que los saluden en las plazas y que la gente los llame ‘maestros’. Ustedes, en cambio, no dejen que los llamen ‘maestros’, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A ningún hombre sobre la tierra lo llamen ‘padre’, porque el Padre de ustedes es sólo el Padre celestial. No se dejen llamar ‘guías’, porque el guía de ustedes es solamente Cristo. Que el mayor de entre ustedes sea su servidor, porque el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
En la oración, frecuentemente, le pedimos al Señor que nos haga mejores cristianos, mejores personas, que sepamos vivir conforme al Evangelio.
En tiempos de Jesús, había gente que hacía algo similar, los fariseos. Ellos no eran gente tan mala, querían amar a Dios con todas sus fuerzas y hasta predicaban para que otros conocieran la Ley de Dios. El problema de ellos era su dureza de corazón y que, con el deseo de que se cumpliera hasta la más mínima regla de la Ley, hicieron de la fe algo insoportable. ¿Habrá fariseos todavía?
Todos, en algún momento de nuestra vida, en diferentes circunstancias, hemos sido fariseos para otros. Hoy, Jesús nos quiere regalar la cura para que nuestra relación con Él y la vivencia de nuestra fe sean como conviene a un verdadero discípulo de Cristo. «El que quiera ser el primero, que se haga servidor» ¿Cómo no seguir a alguien que nos enseña con el ejemplo y se pone a lavar los pies a sus apóstoles? Los fariseos eran terriblemente serios y amargados; el cristianismo debe ser la fe de la humildad y la alegría, la fe de la gente que sabe sacar el bien de donde todos ven solo el mal.
Jesús nos sigue lavando en su sangre en la confesión y en la Eucaristía ¿Cómo no parecerse a aquel que entra hasta lo más profundo de nuestra alma? Dejémosle actuar, no endurezcamos nuestro corazón y no hagamos de la fe una carga insoportable para nuestros hermanos.
«Nosotros discípulos de Jesús no debemos buscar título de honor, de autoridad o de supremacía. Yo os digo que a mí personalmente me duele ver a personas que psicológicamente viven corriendo detrás de la vanidad de las condecoraciones. Nosotros, discípulos de Jesús, no debemos hacer esto, ya que entre nosotros debe haber una actitud sencilla y fraterna. Todos somos hermanos y no debemos de ninguna manera dominar a los otros y mirarlos desde arriba. No. Todos somos hermanos».
(Homilía de S.S. Francisco, 5 de noviembre de 2017).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Diré cosas buenas de los demás cuando me venga una crítica a la mente, y procuraré vivir mi fe de una forma más auténtica a través de la humildad
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Máscaras?
La mejor impresión que puedes dar es ser tú mismo
Por: Sebastian Campos | Fuente: catholic-link

Esta bien no estar bien. Dios lo tiene claro, de hecho él mismo considera ciertas fragilidades y limitaciones de parte nuestra, pues así está en su diseño original. Nos ama y acepta así, y aunque nos pide que seamos mejores cada día, comprende que no somos perfectos, que no todos los días tienen el cielo azul y un arcoíris alegrando el horizonte y que muchas veces lo que aparentamos ser, tiene poco que ver con lo que realmente somos.
Ahora bien, el que Dios y nosotros sepamos y aceptemos nuestras fragilidades humanas, no es una excusa para dar rienda suelta a todo tipo de permisos morales, anímicos, espirituales y sociales, y luego taparlos con una linda sonrisa, buena actitud y un poco de cinismo. No se trata de aparentar ser buenos, aparentar estar bien, aparentar tener todo resuelto, sino que de realmente ser y vivir aquello.
Aunque entretenida la forma en que se plantea la idea en el video, seguro que lo que viste no es nada nuevo. Acostumbramos a responder de forma mecánica cuando al saludarnos nos preguntan “Cómo estás?” y respondemos sin pensarlo “bien y tú?”, aun cuando por dentro llevemos el corazón roto, la cabeza llena de problemas y el espíritu seco. Yo me lo he planteado y muchas veces he querido responder con frases de tipo “la verdad es que no estoy muy bien y veo pocas posibilidades de que la situación mejore pronto… y tú cómo estás?”, pero que pena decirle eso a un amigo que saludé en la calle, ¡qué me va a decir el pobre! mejor salir del paso con una respuesta automatizada y listo.
Desde estos saludos en la calle (tan cotidianos) hasta cosas más complejas, ya sea por cultura, por no querer incomodar a los demás, por vergüenza o simplemente por falta de amor propio; nos ponemos máscaras para evitar exponer lo que realmente somos. Hay mucho de falta de aceptación en esto, de renegar la realidad, de las consecuencias de nuestras decisiones o de no aceptar aquello que nos toca vivir. Actitud muy humana y comprensible (en especial cuando el camino es pedregoso y empinado) pero al mismo tiempo poco saludable, pues echar tierra sobre lo que realmente pasa en la vida, no solo no es una solución, sino que nos aísla de los demás y no soluciona nada, solo lo camufla.
Lo triste es que nos hemos vuelto expertos en el tema, desarrollando habilidades para enmascarar todo tipo de emociones, sentimientos, faltas y situaciones de la vida, haciéndolas parecer menos o más importantes según la ocasión. Inflamos nuestro currículum para tener más prestigio; hablamos en “difícil” para parecer más inteligentes; ponemos cara de solemnidad y recogimiento para vernos más piadosos; sonreímos a chistes malos y decimos “mmm qué rico!” aun cuando la comida no quedó tan rica.
Lo más duro de todo esto es cuando nos ponemos estas máscaras frente a Dios y frente a nuestros hermanos de comunidad. He perdido la cuenta de la cantidad de veces que he cantado alegres canciones, cargadas de esperanza y fe en sus letras, mientras en el corazón sentía absolutamente todo lo contrario. Le decía a Dios cosas que realmente no estaba sintiendo. Hay mucho de bueno en esa actitud, en mantenerse alabando y adorando a Dios sin importar las circunstancias, pero también hay mucho de mentira y de ritual vacío, cuando nuestra alabanza es más bien un karaoke y no algo que salga del corazón.
Por eso, la invitación más que una conversión de las actitudes de forma radical (aunque si te animas, mucho mejor) es que comencemos el camino gradualmente y que sea a Dios, al primero al que miremos con el rostro descubierto, sin mentiras, sin intentar quedar bien, sin buscar justificar todo o acomodar la realidad. Ya se irá afirmando el carácter, el amor propio, la autoestima y de esta forma poder caminar desenmascaradamente por la vida, acogiendo las circunstancias que el Señor nos presenta, abrazando la vida como un don y no como una carga, aceptando las propias fragilidades comprendiendo que no nos restan valor como persona y por sobre todo, dejándonos ver por los demás como somos en realidad, para amar y ser amados en libertad.