Cleofás, Santo
Discípulo del Señor, 25 de septiembre …
Hoy también se festeja a:
- • José Antón Gómez, Beato
- • Juan Pedro Bengoa y Pablo María Leoz, Beatos
- • Jesús Hita Miranda, Beato
- • Sergio de Radonezh, Santo
- • Marcos Criado, Beato
La voz del silencio
Por: H. Jorge Alberto Leaños García, L.C. | Fuente: missionkits.org
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, quiero encontrarte. Sólo dame la paciencia para esperar tu gracia, sabiduría para verte en donde me muestres tu bondad, entendimiento para comprender lo que me quieres enseñar y fortaleza para vencer con tus fuerzas. Ayúdame a discernir dónde está tu voluntad, estar abierto a lo que me pidas y que nunca tenga miedo de hacer tu voluntad.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 8, 19-21
En aquel tiempo, fueron a ver a Jesús su madre y sus parientes, pero no podían llegar hasta donde él estaba porque había mucha gente. Entonces alguien le fue a decir: «Tu madre y tus hermanos están allá afuera y quieren verte». Pero él respondió: «Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica».
Palabra de Dios.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Somos hombres. Y como hombres, sentimos la necesidad de encontrar certezas y seguridades que se puedan ver, tocar y escuchar claramente, como cuando oímos la voz de personas concretas con promesas concretas.
Nuestra tendencia natural es querer escuchar a Dios igual que a nuestros padres, hermanos o amigos que, cuando hablan, atraen hacia sí toda nuestra atención. Tenemos la certeza que se palpa y que no se necesita gran fe para saber que se dirigen a nosotros.
Pero Dios habla a un nivel más profundo. Para escucharle hay que ser sinceros con uno mismo, guardar silencio interior en medio de la tempestad, de los problemas personales. Al escucharle puede surgir tanto el temor como la fortaleza, tanto la alegría como la tristeza. Sin importar los sentimientos que puedan surgir, debemos de tener bien presente que el que nos habla, el que me habla, es Dios.
Es difícil, pero cuando logramos entrar en este ambiente de silencio podremos valorar y escuchar claramente lo que Dios nos quiere decir. Si le escuchamos y entendemos lo que nos pide, no tendremos miedo de actuar y hacer su voluntad porque podremos tener la certeza de que Él lo quiere. Y además, si escuchamos y respondemos, podremos formar parte de la familia íntima de Cristo.
El concepto de familiaridad con Dios, de familiaridad con Jesús. Nosotros podemos ser discípulos, podemos ser amigos, pero ser familia es aún más. El primer mandamiento que hemos recibido en la persona de nuestro padre Abraham: Camina en mi presencia y sé irreprochable. Hoy aquel mandamiento ha crecido y es más grande y largo: «Escucha la palabra de Dios. Ponla en práctica, así serás mi familia, tendrás familiaridad conmigo». Cada uno puede valorar su propia relación con Jesús y preguntarse: ¿Es una actitud formal, educada? Yo voy a rezar, después voy con mis cosas, me olvido de Jesús y hago mis cosas, vuelvo a rezar. ¿Es, por tanto, una actitud diplomática? O ¿es una actitud familiar, en la que se siente familiaridad con el Señor?
(Homilía de S.S. Francisco, 29 de septiembre de 2017, en santa Marta).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy haré un mayor esfuerzo por escuchar a Dios en silencio interior, buscando el silencio exterior que permita a los demás expresarse.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Ir a Misa cuando nos nace?
Por: Rafael Ruiz | Fuente: Píldoras de Fe
Estábamos en una reunión de trabajo cuando de pronto alguien dijo: «es que sólo voy a misa cuando me nace».
…Sentí tristeza.
Esa tristeza me viene por pensar en que no se comprende lo que allí ocurre. Seguramente esta persona es católica de toda ocasión, es decir, visita al templo vestido de gala: solamente va a las fiestas de 15 años, bautizos, bodas, funerales, despedidas, y todo evento social… ah, y cuando le nace… cuando le nace un hijo, pero también cuando le nace la desesperación de una carga que ya no puede con ella, cuando le nace una enfermedad mortal, cuando le nace un dolor. Eso me parece muy injusto.
¿Mercaderes o hijos?
Cuando tenemos una dificultad económica, de salud, de relación con la pareja, con los hijos, los padres o los amigos, el primer recurso que se nos ocurre es pedir a Dios que nos ayude.
Visto así parece una relación de intercambio con Dios, una relación no de hijos, sino de mercaderes que intercambiamos beneficios por un pequeño sacrificio: tú me das, entonces yo respondo; no me das, entonces no te mereces mí tiempo.
No nos damos cuenta de que Dios Creador quiere ser y de hecho es nuestro Padre Amoroso.
A continuación se muestran cinco razones que nos pueden ayudar a reconocernos como verdaderos hijos de Dios:
1.- Dios creó el cielo y la tierra.
El Cielo y la tierra son nuestra herencia y ya la estamos disfrutando, el aire no nos ha faltado ni un segundo desde que nacimos, y no nos faltará. ¿Y si a Nuestro Señor de pronto no le naciera regalarnos el don del aire?
2.- Hombre y Mujer los creó.
Dios no hizo experimentos ni mutaciones genéticas erróneas, ni manipuló la raza humana para crear seres perfectos sin enfermedades ni sufrimiento. ¿Y si le naciera mezclar nuestros genes con los de un avestruz a ver qué resulta?
3.- Nos regaló el libre albedrío.
Dios nos dio un pensamiento y libertad para decidir, Jesús se presenta como una opción para aceptarlo, amarlo y seguirle; a nadie obliga. ¿Y si a Él le naciera obligarnos a realizar sacrificios durante todos los días y todo el día?|
4.- Nos promete estar siempre ahí, aun cuando el cáliz del dolor nos acompañe.
Jesús imploró al Padre que retirara el cáliz de la crucifixión, y no le fue retirado. Hay amor en esto. Era más grande el amor que estaba involucrado, era mayor el beneficio espiritual que se obtendría que todo el dolor y la muerte causados en la cruz. ¿Por qué asustarnos y rechazar nuestras cruces de papel?
5.- Dios es nuestro Padre Amoroso.
No es como nuestro padre biológico. Todo lo que Él permite que nos ocurra es para nuestro bien, descubrir Su amor en todos los instantes y en todas las situaciones de nuestra vida, es un don llamado Sabiduría: encontrar el sabor a Dios en todas las cosas, aún las más adversas; y ya que Dios es amor, descubramos el amor de Dios en TODO y en TODOS.
Pidamos el Don de la Sabiduría y no caigamos en la tentación de servirnos de Dios. Acompañémosle en el hermoso Sacrificio del Altar y amémosle así como Él nos ama: hasta el extremo. ¿Cuál es tu extremo?
