
Crispin y Crispiniano, Santos
Mártires, 25 de octubre …
- Hoy también se festeja a:
- • Bernardo Calbó, Santo
- • María Teresa Ferragud Roiq y sus 4 hijas, Beatas
- • Gudencio de Brescia, Santo
- • Crisanto y Daría, Santos
- • Canna, Santa
No se puede anunciar el evangelio de Jesús sin el testimonio
Santo Evangelio según san Lucas 13, 18-21. Martes XXX del Tiempo Ordinario
Por: Manuel Frutos, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, enciende mi corazón con el fuego de tu amor a fin de que, amándote en todo y sobre todo, pueda obtener aquellos bienes que no puedo por mí mismo ni siquiera imaginar y que has prometido Tú a los que te aman. Dios todopoderoso y eterno, Tú que lo puedes todo, aumenta mi fe, aumenta mi esperanza y aumenta mi caridad; y, para conseguir tus promesas, concédeme amar tus preceptos. Por nuestro Señor Jesucristo que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 13, 18-21
En aquel tiempo, Jesús dijo: “¿A qué se parece el Reino de Dios? ¿Con qué podré compararlo? Se parece a la semilla de mostaza que un hombre sembró en su huerta; creció y se convirtió en un arbusto grande y los pájaros anidaron en sus ramas”. Y dijo de nuevo: “¿Con qué podré comparar al Reino de Dios? Con la levadura que una mujer mezcla con tres medidas de harina y que hace fermentar toda la masa”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
Qué importante es que seamos esa semilla de mostaza que se entierra, que desaparece, para que se convierta en un árbol frondoso. El Reino de Dios es semejante a una semilla de mostaza. Esta parábola tan sencilla compara dos momentos de la historia de la semilla: cuando es enterrada (los inicios modestos) y cuando se hace un árbol (el milagro final). Por tanto, Jesús a través de este relato nos explica el crecimiento extraordinario de una semilla que se entierra en el propio jardín, a lo que sigue un crecimiento asombroso al hacerse un árbol. Al igual que esta semilla, el Reino de Dios tiene también su historia: el Reino de Dios es la semilla enterrada en el jardín, lugar que en el Nuevo Testamento indica el lugar de la agonía y de la sepultura del mismo Jesús; pero le sigue después el momento del crecimiento en el que llega a ser un árbol abierto a todos. El Reino de Dios, no se va a concretar, no se va a realizar en otro lugar o ambiente más que en lo concreto de la vida de cada uno. Es semilla en este jardín, es levadura en esta harina. El Reino de Dios se juega aquí, por eso el Papa Francisco nos recuerda constantemente que no se puede anunciar el evangelio de Jesús sin el testimonio concreto de la vida. Quien nos escucha y nos ve, debe poder leer en nuestros actos eso mismo que oye de nuestros labios y dar gloria a Dios.
¿Con qué poder comparar el Reino de Dios? Nos interroga el evangelio de hoy. Se parece a un poco a la levadura que una mujer mezcló con gran cantidad de harina, hasta que fermentó toda la masa. El Reino de Dios es semejante a la levadura. La levadura se esconde en tres medidas de harina. Es suficiente meter una pequeña cantidad de levadura en tres medidas de harina para conseguir una gran cantidad de pan. Jesús anuncia que esta levadura, escondida o desaparecida en las tres medidas de harina, después de un tiempo, hace crecer la masa.
San Francisco de Asís decía a sus hermanos: «Prediquen el evangelio y si fuese necesario también con las palabras, prediquen con la vida, el testimonio, la incoherencia de los fieles y de los pastores entre lo que dicen y lo que hacen, entre la palabra y el modo de vivir, mina la credibilidad de la Iglesia.» Nuestro testimonio en la sociedad, mi testimonio concreto de vida coherente cristiana puede ser a mis propios ojos insignificante, mi fidelidad a Cristo y a su Evangelio puede parecerme poco e incluso inútil para la sociedad a la que nos enfrentamos cada día, pero el testimonio de la fe es valioso, cada detalle es importante, también el pequeño y humilde testimonio, también ése escondido de quien vive con sencillez su fe en lo cotidiano de sus relaciones con la familia, el trabajo, la amistad. Hay santos de cada día, santos ocultos suele decir el Papa Francisco, una especie de clase media de la santidad.
Que seamos capaces de construir cada día el Reino de Dios con una vida coherente, con una vida acorde a las exigencias del Evangelio, con una vida donde vayamos puliendo cada día todo aquello que son asperezas, para que nuestra fe sea realmente una forma de vida, para que nuestra fe sea como dice el autor del libro de los hebreos: «La seguridad de lo que no vemos y la certeza de lo que esperamos».
«Jesús, cuando envía a sus discípulos para que lo precedan en las aldeas, les recomienda: “Digan primero: ‘¡Que descienda la paz sobre esta casa!’… ‘Curen a sus enfermos’”. Todo ello quiere decir que el Reino de Dios se construye día a día y ofrece ya en esta tierra sus frutos de conversión, de purificación, de amor y de consolación entre los hombres. ¡Es una cosa linda! Construir día tras día este Reino de Dios que se va haciendo. No destruir, construir. ¿Con qué espíritu el discípulo de Jesús deberá desarrollar esta misión?».
(Homilía de S.S. Francisco, 3 de julio de 2016).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Pediré al Señor poder comprender mejor a los demás, saber colocarme en su situación, y cuando se me presente en el día de hoy alguna situación no juzgarles.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
El Rosario, ¿una oración anticuada?
Tal vez en el Rosario nos falte ponerle alma, vida y corazón.
Por: Fernando de Navascués | Fuente: Somos RC

Hablaba hace un tiempo con un amigo sobre cosas de fe, de oración, de misa…, todos esos temas que suele salir cuando nos encontramos con alguien que tiene ganas de meterse con los curas y tienen clavada por ahí alguna espinita que les escuece de su relación con Dios en el pasado. Lo que me dejó pensativo fue el final del “speech”: algo así como “no hay cosa más anticuada que el Rosario”. Podría haber dicho “antigua” –y estaríamos de acuerdo-, pero no: dijo “anticuada”.
Reconozco que me dejó noqueado. ¿El Rosario anticuado? ¡El Rosario anticuado! ¡El Rosario anticuado!… Es verdad que a muchos católicos nos falta un baño de realidad. No de verdad, pero sí de realidad. Tenemos el riesgo de vivir la fe hacia dentro. Como algo particular y como de familia. Una familia amplia que admite a los parientes, a los amigos con los que compartes la fe, o la gente de tu parroquia, o de tu movimiento, o de ese círculo más bien reducido en el que hablar del rosario no escandaliza a nadie, o que si vas a misa los domingos no te miran mal. Y fuera de ese círculo es posible que la gente piense que el Rosario esté anticuado…
¿Será que la Virgen María está anticuada? ¿Es que la devoción a la Virgen, el amor filial que me enseñaron desde pequeño en el cole, tiene fecha de caducidad, como un yogur o una medicina? Con ese criterio, el amor a mi mamá, la que me trajo al mundo, también tendrá fecha de caducidad. El amor de un marido a su esposa, ¿también tiene fecha de caducidad? No te digo ya el amor de un padre por sus hijos…
Me resulta extraño que el Rosario sea algo anticuado. Puede ser repetitivo, y si se hace sin gran devoción, monótono y aburrido. No lo niego, pero anticuado, no. A mí anticuado me parece que es tener un montón de defectos y caer una y otra vez, y no hacer nada por cambiar. A mí anticuado me parece criticar siempre a la Iglesia, como si fuera una piñata a la que a base de golpes esperas que algún día cambie ella (yo no, ¡claro!).
Yo creo que es todo lo contrario: podríamos hablar de cómo cada vez hay un resurgir del rezo del Rosario. En movimientos, seminarios, parroquias, asociaciones…, se va imponiendo el rezo del Rosario e, incluso con él, el rezo por parte de los laicos de la Liturgia de las Horas. Cuando uno escucha hablar de los mensajes marianos “antiguos” o “modernos”, se insiste siempre en la eficacia del Rosario. Podría parecer también anticuado, por la misma regla, la adoración eucarística, sin embargo se van ampliando en muchas diócesis las capillas de adoración perpetua, y las iglesias abiertas las 24 horas.
Siento que si el Rosario a algunos les puede parecer anticuado es porque afortunadamente en nuestros templos sigue habido un ejército incontable de viejitas rezándolo todas las tardes. Algún día, quizá, nos enteraremos de las almas que se salvan gracias a sus rosarios, y quizá no nos parezca tan anticuado sino un motivo de agradecimiento.
Quizá nos falte, ponerle “alma, vida y corazón” a nuestro antiguo rezo.
Quizá recordando el origen del Rosario, éste se nos haga más fácil de rezar. Nace en torno al año 800 como una plegaria para los laicos, ya que estos no sabían leer, y de alguna forma emulaba a la lectura de los salmos que sí rezaban los monjes. 150 salmos… 150 padrenuestros. Con el tiempo aparecieron otros “salterios”, esta vez de 150 Aves Marías y 150 alabanzas en honor de Jesús y de María.
Santo Domingo de Guzmán, el fundador de los dominicos, tuvo una aparición de la Virgen en 1214 pidiendo que se rezara el Rosario. Originalmente, el santo desarrolló estos misterios como un método catequético para encausar a los descarriados por la herejía albigense, para quienes Cristo fue un ángel, y su muerte y resurrección tenían un sentido meramente alegórico.
Hubo diversas formas de rezarlo, hasta que en 1500 quedó establecido como lo conocemos ahora: quince misterios, cada misterio una decena y una meditación sobre algún hecho de la vida de Jesús o de María. Posteriormente, san Juan Pablo II, en 2002, añade además los Misterios Luminosos, los cuales hacen referencia directa a la vida de Cristo. En total, veinte misterios.
Todo esto me lleva a pensar que el Rosario está compuesto de dos elementos: una parte de oración mental, que nos lleva a meditar en la vida de Cristo (A Cristo por María) y, por supuesto, la oración verbal, la belleza de la alabanza con las palabras marianas más hermosas jamás dichas.
Quizá para muchos esté en desuso, pero no anticuado. Sería como decir que la fe cristiana, esa que es capaz de cambiar vidas, de trasformar corazones, de crear las mejores obras artísticas de las historia, está anticuada. Es como decir que las obras de misericordia: desde vestir al desnudo, a dar de comer al hambriento o enseñar al que no sabe, sean algo que está anticuado.
Quizá nuestro estilo de oración sí esté viejo, y nuestro corazón reumático y esclerotizado. Pero eso ya es otra historia, y para eso, magnífica idea sería rezar el Rosario para que la Santísima Virgen nos ayude en la conversión.