
Tomás Moro, Santo
Memoria Litúrgica, 22 de junio…
- Hoy también se festeja a:
- • María Inés Teresa Arias, Beata
- • Nicetas de Remesiana, Santo
- • Albano de Inglaterra, Santo
- • Inocencio V (Pedro de Tarentasia), Beato
- • Juan Fisher, Santo
Entrar por la puerta angosta
Santo Evangelio según san Mateo 7, 6. 12-14. Martes XII del Tiempo Ordinario
Por: Cristian Gutiérrez, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Te adoro, Señor, porque eres mi Dios y porque todo lo que tengo lo he recibido de ti. Quiero compartir contigo estos momentos de mi día. Te agradezco todo lo que me has dado y todo lo que has hecho por mí. Tú me conoces mejor que nadie y sabes qué es lo que más necesito. Concédeme, Señor, eso que necesito y que no me atrevo a pedirte. Aumenta mi fe, mi confianza y mi amor por ti. Ayúdame a llevar tu Evangelio al mundo entero y a ser un apóstol incansable de tu Reino.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 7, 6. 12-14
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No den a los perros las cosas santas ni echen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y después se vuelvan contra ustedes y los despedacen.
Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes. En esto se resumen la ley y los profetas.
Entren por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta y amplio el camino que conduce a la perdición, y son muchos los que entran por él. Pero ¡qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que conduce a la vida, y qué pocos son los que lo encuentran!”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
¡No echar las perlas a los cerdos! Ésta es una imagen muy elocuente. Me has dado una perla el día de mi bautismo; una perla preciosa, costosa, imposible de conseguir por mí mismo. Pero a veces no me detengo a considerar este regalo. Es como quien ha recibido un regalo, pero no lo abre para ver qué hay dentro, no lo disfruta, no le saca provecho. Simplemente lo tiene y basta.
La vida de gracia es uno de los grandes regalos que has hecho a mi vida. Es el regalo de la amistad, de la constante relación y sintonía contigo. Pero a veces no retiro del cofre este regalo, no lo contemplo, no lo aprovecho. Y en ocasiones considero este regalo como una carga difícil de soportar. ¡Qué mala visión de un regalo es ésta! Ayúdame, Señor, a valorar el regalo de mi vida de gracia. Concédeme disfrutarlo, contemplarlo, cuidarlo como el tesoro más grande que poseo y jamás arrojarlo, o perderlo en las algarrobas del pecado.
El sacrificio es el otro tema del que podríamos conversar este rato. El sacrificio, si vamos a su etimología, proviene de sacro (sagrado) y de facere (hacer). El sacrificio es un acto sagrado, es hacer sagrado lo que hago. Desde esta perspectiva es que me invitas a seguir el camino estrecho, ése en el que todos mis actos del día se van convirtiendo en sacrificios (actos sagrados) agradables a ti.
Concédeme, Señor, un espíritu capaz de sacrificarse por ti y por los demás en cada acción de mi vida, desde las cosas más grandes como orar, amar, ayudar, servir, hasta aquellas más sencillas, trabajar, conducir, lavar, conversar, leer, estudiar. Toda mi vida puede ser sacrificio para ti.
«Recordemos la regla de oro: “Hagan ustedes con los demás como quieran que los demás hagan con ustedes”. Esta regla nos da un parámetro de acción bien preciso: tratemos a los demás con la misma pasión y compasión con la que queremos ser tratados. Busquemos para los demás las mismas posibilidades que deseamos para nosotros. Acompañemos el crecimiento de los otros como queremos ser acompañados. En definitiva: queremos seguridad, demos seguridad; queremos vida, demos vida; queremos oportunidades, brindemos oportunidades. El parámetro que usemos para los demás será el parámetro que el tiempo usará con nosotros».
(Discurso de S.S. Francisco, 24 de septiembre de 2015).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Haré una visita al Santísimo y en mi oración le ofreceré algún acto del día que me cueste por una intención apostólica.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Las mascotas van al cielo?
Esto dice la Iglesia católica
Nuestros animalitos merecen cariño, pero no deberían distraer el amor debido a nuestros semejantes.
Por: Pbro. Sergio G. Román | Fuente: Desde la Fe

Amamos tanto a nuestras mascotas que las consideramos miembros de la familia y quisiéramos que al morir también ellas fueran al cielo.
No faltan los dueños de mascotas muertas que desean que se celebre misa por su eterno descanso y llevan las cenizas para que el sacerdote las bendiga. En qué apuros nos vemos para explicarle a los dolientes que su animalito amado no tiene una vida sobrenatural y que no hay necesidad de orar por él. Ellos nos dicen que fue muy bueno y que casi, casi, era humano.
Lo que creemos los católicos
En el Génesis (2,18) leemos que Dios creó los animales como compañía y ayuda para el hombre. La historia de la humanidad nos enseña cómo ese mismo hombre aprendió a convivir con los animales y los hizo parte de su vida.
Dicen los que saben que el primer animal domesticado fue el perro, después vinieron las ovejas, las vacas, el caballo, el camello, el noble burro y otros animales que conviven con nosotros. También dicen que el gato no se domestica, que tan sólo hace un trato con los humanos pero que sigue conservando su libertad, ¡vaya usted a saber!
El hecho es que, aún en nuestros días, necesitamos de los animales para nuestro sustento, para que nos ayuden en nuestro trabajo y para que nos hagan compañía. ¡Gracias a Dios por tan hermoso regalo!
Pero los hombres somos crueles con los animales y nos portamos mal con ellos, por eso ha sido necesario que la comunidad ponga leyes que los proteja del maltrato.
La Iglesia nos enseña también que es pecado la crueldad con los animales y con la creación en general. San Francisco de Asís que amaba mucho a su Padre Dios, amaba también a las creaturas de Dios y las consideraba sus hermanas. Por eso el día de san Francisco es también el día universal de los animales y él es patrono de la ecología.
¿Los animales tienen alma?
Nuestra mascota, cualquiera que sea, es casi, casi humana; pero no es humana.
El alma del hombre sobrevive a la muerte del cuerpo porque es el mismo espíritu divino insuflado por Dios a su creatura (Gen 2, 7) para hacerlo a su imagen y semejanza.
El hombre tiene comienzo, Dios le crea una alma nueva cuando sus padres le crean un cuerpo, pero el hombre es inmortal. Muere su cuerpo y descansa hasta el día de la resurrección el que se volverá a unir con su alma. El alma humana, al morir el cuerpo, sigue viviendo.
Los animales no son humanos, no son imagen y semejanza de Dios, aunque reflejan maravillosamente la bondad de Dios. Al morir, también muere el alma que les daba vida.
Ya sólo permanecen en nuestro recuerdo agradecido porque en ellos vislumbramos la providencia del Creador que nos los dio como compañía y ayuda.
No exageren
El amor que algunas personas tienen a sus mascotas nos hace pensar que sufren de una carencia de amor humano. A mí me encantan los esposos que, en lugar de adoptar perros, adoptan niños y los aman como sus verdaderos padres.
Nuestros animalitos merecen cariño, pero no deberían distraer el amor debido a nuestros semejantes.
Cada vez que vemos a una persona exageradamente encariñada de su perro o de su gato debemos reflexionar sobre el vacío de afecto humano que sufre y preguntarnos si nosotros no podríamos poner nuestro granito de arena para llenar ese vacío con nuestro amor humano.
Mientras tanto, nuestra fe y nuestro amor a Dios como Padre, nos deben llevar a amar y respetar la naturaleza toda, obra de nuestro mismo Creador y hermanada a nosotros por habitar esta misma casa que es nuestro mundo.