
Pedro Damián, Santo
Memoria Litúrgica, 21 de febrero …
- Hoy también se festeja a:
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El secreto para ser el mejor
Santo Evangelio según san Marcos 9, 30-37. Martes VII del Tiempo Ordinario
Por: Bertha Del Toro Rodríguez, CRC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Comienzo este momento de oración recogiendo mis pensamientos, mi imaginación y preocupaciones y las abandono en ti. Descanso en tu misericordia y en tu mirada para dedicarme solo a ti y me dispongo con fe a escuchar tu palabra.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Marcos 9, 30-37
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará». Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó: «¿De qué discutíais por el camino?». Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos». Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: «El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Me llama la atención en este pasaje donde Tú vienes anunciando tu próxima pasión y los discípulos vienen discutiendo sobre quién es el más importante. Les hablabas de lo íntimo de tu corazón y ellos no conseguían entender, quizá porque habían visto tu gloria en el tabor o se deslumbraban ante tus milagros. ¿Será que yo también evado tu voz cuando me hablas de la cruz? ¿Cómo acojo yo tu palabra cuando no coincide con mis planes?
Tú sales al paso de sus miedos y dudas. Pasas por alto su incomprensión y les formas con paciencia. Me pregunto: ¿sé confiarte mis miedos y dudas cuando no entiendo lo que permites en mi vida? ¿A quién recurro si no? ¿Creo en los momentos de duda y actúo a pesar del miedo?
Los discípulos querían ser los primeros en todo, buscaban un lugar de privilegio y ser tenidos en cuenta más que los demás. Es una tendencia muy humana que ha logrado entrar en mí también. El deseo de figurar, de lucir, de ser tenido en cuenta, de ser honrado…se disfraza y me nubla mis buenos propósitos de servir a todos.
Cuando me pones el paradigma de ser el último para ser el primero y de servir para reinar, entiendo el secreto de la grandeza y me pongo en camino para tomarme en serio la virtud del servicio para ser agradable al Padre. Dame tu gracia.
«Si quieres ser el primero, tienes que ir al final de la fila, ser el último y servir a todos. Con esta frase lapidaria, el Señor inaugura una inversión: da un vuelco a los criterios que marcan lo que realmente cuenta. El valor de una persona ya no depende del papel que desempeña, del éxito que tiene, del trabajo que hace, del dinero que tiene en el banco; no, no depende de eso; la grandeza y el éxito, a los ojos de Dios, tienen otro rasero: se miden por el servicio. No por lo que se tiene, sino por lo que se da. ¿Quieres sobresalir? Sirve. Este es el camino».
(S.S. Francisco, Ángelus del 19 de septiembre de 2021).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Haré un acto de servicio con quien más me cueste, recordaré que así seré grande a los ojos de Dios.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cómo el primer día de la Cuaresma se convirtió en Miércoles de Ceniza
El austero rito del miércoles de ceniza se celebra al menos desde el siglo XI aunque sus orígenes se remontan al Antiguo Testamento
Por: M.A., Madrid | Fuente: www.abc.es

«Polvo eres y al polvo volverás». Millones de personas en todo el mundo escucharán hoy estas palabras del libro del Génesis o la invitación a arrepentirse y creer en el Evangelio, al tiempo que se les impone una cruz de ceniza en la frente. Atrás queda el carnaval. Ya se ha enterrado la sardina. El miércoles de ceniza abre el tiempo de reflexión de la Cuaresma, «un camino de conversión, de lucha contra el mal, con la fuerza de la oración y de la misericordia», según ha recordado el Papa Francisco.
Es día de ayuno para los católicos de entre 18 y 59 años y abstinencia de carne para los mayores de 14 años, en un ejercicio de desprendimiento. «La Cuaresma es un tiempo adecuado para despojarse; y nos hará bien preguntarnos de qué podemos privarnos a fin de ayudar y enriquecer a otros con nuestra pobreza», señala el Pontífice en su mensaje para la Cuaresma 2014 en el que añade: «No olvidemos que la verdadera pobreza duele: no sería válido un despojo sin esta dimensión penitencial. Desconfío de la limosna que no cuesta y no duele».
El austero rito del miércoles de ceniza se celebra al menos desde el siglo XI aunque sus orígenes se remontan al Antiguo Testamento. La ceniza, del latín «cinis», tenía ya un sentido simbólico de muerte y caducidad, así como de humildad y penitencia. Jonás 3,6 describe la conversión de los habitantes de Nínive con ceniza. Rociarse la cabeza con cenizas manifestaba el arrepentimiento y la voluntad de convertirse en la tradición judía. En muchas ocasiones la ceniza se unía al «polvo» de la tierra. «En verdad soy polvo y ceniza», dice Abraham en Génesis 18,27.
La Cuaresma comenzaba para la Iglesia primitiva seis semanas antes de la Pascua de forma que sólo había 36 días de ayuno, ya que los domingos se excluían. Para imitar el ayuno de Cristo en el desierto se agregaron en el siglo VII cuatro días antes del primer domingo, hasta el miércoles.
En los primeros siglos de la Iglesia, quienes querían recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo eran salpicados de ceniza y se vestían con un sayal el primer día de Cuaresma mostrando así su voluntad de convertirse. Debían mantenerse lejos hasta la Semana Santa. Estas prácticas cayeron en desuso a partir del siglo VIII hasta el X, siendo sustituidas por el símbolo de la ceniza en las cabezas de todos los cristianos.
«No cabe duda que la costumbre de distribuir las cenizas a todos los fieles surgió de una imitación devota de la práctica observada en el caso de los penitentes públicos», señala la Enciclopedia católica.
Las cenizas resultan de la quema de las palmas del Domingo de Ramos del año anterior. En la bendición de las cenizas, que se rocían con agua bendita y luego se sahúman con incienso, se usan cuatro antiguas plegarias. El propio celebrante de la misa recibe las cenizas de algún otro sacerdote, generalmente del de mayor dignidad entre los presentes.
En épocas antiguas el rito de la distribución de las cenizas era seguido por una procesión penitencial, pero ya no está prescrito, recuerda la Enciclopedia Católica.
Esta tradición ha quedado como un simple servicio en la Iglesia anglicana y la luterana. La Ortodoxa comienza la cuaresma desde el lunes anterior y no celebra el Miércoles de Ceniza.