
103 mártires de Corea, Santos
Memoria Litúrgica, 20 de septiembre …
- Hoy también se festeja a:
- • Lorenzo Han I-hyong, Santo
- • Adelpreto de Trento, Beato
- • Juan Carlos Cornay, Santo
- • Teresa Cejudo Redondo, Beata
- • María Teresa de San José, Beata
Escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica
Santo Evangelio según san Lucas 8, 19-21. Martes XXV del Tiempo Ordinario
Por: Manuel Frutos, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, enciende mi corazón con el fuego de tu amor a fin de que, amándote en todo y sobre todo, pueda obtener aquellos bienes que no puedo por mí mismo ni siquiera imaginar y que has prometido Tú a los que te aman. Hoy vengo a ti con el corazón dispuesto a ser llenado de todo tu ser. Tú sabes cuantas veces te utilizo para mi provecho personal, y una vez conseguido lo que busco me olvido de ti. Concédeme el don para que no te vea como una mera herramienta sino como verdadero Camino, Verdad y Vida. Por nuestro Señor Jesucristo que vive y reina por los siglos de los siglos. Amen.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 8, 19-21
En aquel tiempo, fueron a ver a Jesús su madre y sus parientes, pero no podían llegar hasta donde él estaba porque había mucha gente. Entonces alguien le fue a decir: “Tu madre y tus hermanos están allá afuera y quieren verte”. Pero él respondió: “Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
En el texto del Evangelio de hoy, Jesús nos pone de manifiesto que hacer la voluntad de Dios significa, ante todo, escuchar la palabra de Dios y ponerla en práctica. Los que actúan así se convierten en la verdadera familia de Jesús. La escucha atenta de su palabra y el cumplimiento de la voluntad de Dios son los rasgos característicos de quien sigue los pasos del Señor.
«Aquí está la esclava el Señor, hágase en mi según tu palabra» (Lc 1, 38). Con estas palabras María da ejemplo para aquellos que queremos ser auténticos seguidores del Señor. Jesús en ningún momento quiso desmerecer a María y su familia, todo lo contrario, con sus palabras: “Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica”, quiso poner de manifiesto que María era y es, aún hoy, ejemplo a seguir para todos aquellos que queremos iniciar o continuar el camino de su seguimiento serio: Ser auténticos discípulos de Cristo. María es sin lugar a dudas el primer y más auténtico seguidor de Jesucristo y se manifiesta en su sencillez de vida, aceptación de las dificultades e incomprensiones durante toda su existencia, y fidelidad mostrada por Jesucristo incluso en el instante de su muerte y Resurrección. La contemplación de lo vivido por María en estos momentos tan duros nos muestra a una mujer que permaneció firme en la fe a pesar de la dureza del momento y que no comprendía.
El ejemplo de esta actitud de aceptación de la voluntad de Dios en nuestras vidas sólo se puede darse si tenemos un encuentro real y auténtico con Jesucristo. Nuestra vida de oración, de prácticas de piedad, de entrega al hermano, de generosidad en nuestra vida cotidiana, de aceptación de las dificultades que Dios pone en nuestras vidas… deben marcar nuestro rumbo y horizonte. Somos de Cristo y para Cristo, y sólo Él es la razón de nuestra existencia. Y todo ello se traduce en una sola palabra: Amor. Todo por amor.
Ante estas reflexiones podemos preguntarnos: ¿Cómo el ejemplo de María está actuando en mi vida ordinaria? ¿Estoy siguiendo una vida ordenada según lo que Dios y el Evangelio me orientan? ¿Actúo por amor auténtico, desinteresado por la salvación de las almas que me rodean? ¿Busco que Dios reine en mi vida o más bien intento asegurar mis gustos y caprichos?
«Un solo hombre y una sola mujer, capaces de arriesgar y de sacrificarse por un hijo de otros, y no solo por el propio, nos explican cosas del amor que muchos científicos no comprenden más. Donde están estos afectos familiares brotan estos gestos del corazón que nos hablan más fuerte que las palabras, el gesto del amor, esto hace pensar. La familia que responde a la llamada de Jesús devuelve la dirección del mundo a la alianza del hombre y de la mujer con Dios».
(Homilía de S.S. Francisco, 2de septiembre de 2015).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Uno de los grandes peligros de la vida cristiana es vivir siempre hacia afuera. No miramos nuestro interior. Somos hipócritas, decimos creer y vivir al estilo cristiano y, sin embargo, hacemos lo contrario. Por ello hoy me voy a esforzar mucho por vivir como auténtico cristiano: realizaré un acto de amor desinteresado a alguna persona de mi entorno.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿La Biblia considera impuro a algún alimento?
Lo que entra por la boca no hace impura a la persona (Mt 15, 11)
Por: Monseñor Jorge De los Santos | Fuente: elpueblocatolico.com

La prohibición de consumir ciertos alimentos es algo habitual en la inmensa mayoría de las sectas. La dieta de las sectas no viene provocada por razones higiénicas o culturales, como es el caso del judaísmo o del islam, sino que es consecuencia directa de una política de sus dirigentes, encaminada a conseguir que el adepto adquiera una identidad claramente diferenciada. A ello se debe que haya prescripciones dietéticas en los mormones, los adventistas, los testigos de Jehová y en prácticamente todas las sectas orientalistas. Pocas cosas sirven mejor para marcar distancias que la diferencia en la dieta o en la manera de vestir.
El Antiguo Testamento no prohíbe a los no judíos ningún alimento: El Antiguo Testamento establece una diferencia evidente entre los hijos de Israel y el resto de la humanidad. Ciertamente, los primeros se hallan sometidos (a partir de Moisés) a una dieta que se ha denominado convencionalmente levítica, en la que no sólo entra en juego la prohibición de ciertos alimentos, sino también de ciertas formas de sacrificarlos y cocinarles.
Ahora bien, para el no-judío, o sea, el no adepto no existía ninguna obligatoriedad de guardar esas normas dietéticas. Como dice Dt 14,21, incluso podían comer animales que no habían sido sacrificados ritualmente y que, por tanto, resultaban impuros por estar sin desangrar.
Jesús declaró puros todos los alimentos: Pablo nos ha transmitido la clara convicción de la Iglesia primitiva de que Cristo había nacido bajo la ley y la había cumplido para rescatarnos de la misma: “Al llegar la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley y para que recibiéramos la filiación adoptiva” (Gal 4,4-5).
Por lo tanto, el que Jesús cumpliera con las leyes dietéticas de la ley de Moisés está fuera de discusión; como también lo está el que ciertamente fue circuncidado y el que celebró las fiestas judías. Ahora bien, lo que sí es evidente es que Jesús se preocupó de marcar los senderos por los que discurrirá con posterioridad la Iglesia apostólica; y entre ellos se hallaba el de la emancipación de la ley de Moisés, que no tenía sentido teológico tras su venida. Que esto incluía abolir las distinciones entre alimentos puros e impuros se desprende de los mismos evangelios: “Luego llamó de nuevo a la gente y les dijo: «Escuchadme bien todos y entended. Nada hay fuera del hombre que, cuando entra en él, pueda convertirlo en impuro. Lo que sale del hombre es lo que hace impuro al hombre. El que tenga oídos para oír que oiga». Y luego, tras retirarse de la gente, cuando entró en casa le preguntaron sus discípulos sobre la parábola. Él les dijo: «¿Tampoco vosotros lo entendéis? ¿No comprendéis que todo lo que entra en el hombre desde fuera no puede hacerle impuro, porque no penetra en su corazón, sino en el vientre y va a dar en el retrete?» Así declaraba puros todos los alimentos. Y añadía: Lo que sale del hombre es lo que hace impuro al hombre” (Mc 7,14-20).
Los apóstoles enseñaron que los cristianos podían tomar todos los alimentos: “Al día siguiente, mientras iban de camino y se acercaban a la ciudad, Pedro subió a la terraza para hacer oración. Le dio hambre y sintió deseos de comer algo. Mientras se lo preparaban le sobrevino un éxtasis y vio los cielos abiertos y una cosa que se asemejaba a un gran lienzo que descendía hasta la tierra, atada por sus cuatro extremos. En su interior había todo tipo de animales de cuatro patas, reptiles de la tierra y aves del cielo. Y una voz le dijo: «Levántate, Pedro, mata y come». Pedro respondió: «De ninguna manera, Señor; jamás he comido nada profano e impuro». La voz le dijo por segunda vez: «Lo que Dios ha purificado no lo llames profano». Aquello se repitió por tres veces e inmediatamente la cosa fue elevada hacia el cielo” (Hech 10,9-16).
La abstinencia y el ayuno, por otra parte, son sanas costumbres bíblicas practicadas en el Antiguo y Nuevo Testamento que seguimos los católicos a ejemplo de Jesús y los Apóstoles – durante la Cuaresma y a lo largo del año.