Jenaro de Benevento, Santo
Memoria Litúrgica, 19 de septiembre…
Hoy también se festeja a:
- • Francisca Cualladó Baixauli, Beata
- • María de Jesús de la Iglesia y 2 compañeras, Beatas
- • Jacinto Hoyuelos González, Beato
- • Carlos Hyong Song-mun, Santo
- • Pomposa, Santa
¿Creo en Ti, Señor?
Por: H. Iván González, L.C. | Fuente: missionkits.org
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, mira este corazón inquieto, tan lleno de deseos, de ilusiones, de metas e ideales. Llénalo Tú. Dirígelo Tú. Enséñalo a amar.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 7, 11-17
En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío. Cuando se acercaba a la entrada de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba. Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: «No llores.» Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: «¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!» El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre. Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo: «Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.» La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
¿Cómo es mi confianza en Ti, Señor?, ¿qué se pasa por mi cabeza cuando escucho este tipo de evangelios?, ¿es todo ficción?, ¿son parábolas?, ¿invento de los evangelistas?, ¿o son quizá verdad? Tu testimonio es a veces tan fácil de aceptar pero otras veces te sales de todo esquema. ¡Resucitar un muerto! ¿Es que me pongo de verdad a pensar lo que eso significa? ¿Alguna vez me he detenido seriamente a intentar pensar en los evangelios como algo más que tan sólo relatos maravillosos? ¿Cuál es mi actitud frente a cada pasaje del evangelio? ¿Cuál habría sido, por ejemplo, el estupor que habría yo experimentado si me hubiese encontrado en esta escena?… Es que, si de verdad soy sincero conmigo mismo, no puedo ni siquiera imaginármelo.
Debo hacer un ejercicio de conciencia, un fuerte intento de abrirme a la experiencia de unos evangelios «vivos». No son fábulas, no son historietas; ni siquiera son leyendas o narraciones que me buscan hacer crecer en la virtud. No, no son nada de eso. ¡Qué pobres habrían quedado si fueran considerados sólo como eso! Mejor me busco un libro de virtudes, un libro de superación personal, etc., etc. No, no son eso. Los evangelios van más allá, mucho más allá.
Los evangelios, en breve, son el testimonio de Dios y el puente hacia Él mismo. Sin embargo, cada uno de nosotros -yo- debemos aprender por nosotros mismos a leerlos así. Debo pedir también la gracia de poder acogerlos así. Si me vuelvo a topar con un pasaje en el que leo sobre la resurrección de un muerto, es que entonces un muerto fue verdaderamente resucitado. Dios se me ha manifestado una vez más en tal pasaje y querrá actuar también así en mi vida.
Evangelizar es dar este testimonio: vivo así, porque creo en Jesucristo; yo despierto en ti la curiosidad de la pregunta «¿por qué haces estas cosas?». Y la respuesta del cristiano debe ser esta: «Porque creo en Jesucristo y anuncio a Jesucristo y no sólo con la Palabra -hay que anunciarlo con la Palabra-, sino sobre todo con la vida». O sea hacerse todo a todos, ir donde tú estás, en el estado del alma en el que te encuentres, en el estado de crecimiento en el que estés».
(Homilía de S.S. Francisco, 9 de septiembre de 2016, en santa Marta).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy leeré un pasaje del Evangelio y meditaré qué me dice a mí y cómo puedo aplicarlo en este momento de mi vida.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
La compasión no es lo mismo que la pena
Homilía de la Misa celebrada en la Casa Santa Marta
Por: Redacción | Fuente: ACI Prensa/19 de Septiembre 2017
Durante la Misa celebrada en la Casa Santa Marta, en el Vaticano, este martes, el Papa Francisco subrayó que la compasión no es lo mismo que la pena, “la compasión te implica con el que sufre, te remueve las entrañas y te lleva a acercarte a esa persona”.
“La compasión es un sentimiento que te implica, es un sentimiento del corazón, de las entrañas, que te implica por completo. La compasión no es lo mismo que la pena, no es lo mismo que decir: ‘qué pena, pobre gente’. No, no es lo mismo”.
Por el contrario, “la compasión hace que te impliques. Es un ‘compartir con’. Eso es la compasión”. El Pontífice explicó que eso es lo que hace Jesús en el Evangelio del día, cuando camino de Naín, rodeado por una multitud que esperaba sus palabras, se encontró con el entierro de un niño. Jesús, al ver a la madre, una mujer viuda, sintió lastima, se acercó al ataúd y al tocarlo el niño resucitó.
“El Señor se implicó con aquella viuda, con aquel huérfano –observó Francisco–. Estaba rodeado por una multitud: ¿Por qué dedicarle el tiempo a aquella viuda, a aquel huérfano pudiendo hablar a toda una multitud? Podemos pensar que lo que le pasó a aquella viuda es la vida: ‘Así es la vida, son tragedias que suceden…’. ¡No! Para Él era más importante aquella viuda o aquel huérfano muerto que la multitud a la cual estaba hablando y que le seguía. ¿Por qué? Porque su corazón, sus entrañas, se habían implicado. El Señor, con su compasión, se implicó en este caso. Tenía compasión”.
La compasión también exige acercarse al que sufre: “acercarse y palpar la realidad. Tocar esa realidad. No limitarse a mirarla desde lo lejos. Primera palabra: ‘tuvo compasión’. Segunda palabra: ‘se acercó’. Después hace el milagro y no dice: ‘Hasta pronto, yo continúo mi camino’. No. Toma en brazos al muchacho, ¿y qué hace?: ‘Lo restituye a su madre’. ‘Restituir’, esa es la tercera palabra. Jesús hace el milagro para restituir, para devolver a la persona a su lugar. Y eso es lo que hizo mediante la redención. Tuvo compasión, se acercó a nosotros en su hijo, y nos restituyó a todos la dignidad de los hijos de Dios. Nos ha rehecho a todos”.
Con esta acción, Jesús incita a que sus discípulos a que hagan lo mismo, que muestren esa compasión que exige acercarse al que sufre, implicarse en su sufrimiento. “Tantas veces miramos en los telediarios o en las portadas de los periódicos las tragedias que suceden en el mundo: ‘En aquel país los niños padecen hambre, en aquel otro los niños son reclutados como soldados, en aquel otro las mujeres sufren la esclavitud, en aquel otro… ¡Cuánta calamidad! Pobre gente… ‘. Pero luego paso de página, o cambio de canal y me pongo una serie o la telenovela. Eso no es cristiano”.
“La pregunta que debo hacerme al ver todas esas tragedias –concluyó el Papa– es: ‘¿Soy capaz de tener compasión? ¿De rezar? Cuando veo todas esas cosas que me llegan a casa a través de los medios de comunicación… ¿se me remueven las entrañas?”.
