
Macrina la Joven, Santa
Virgen, 19 de julio …
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- • Macrina la Joven, Santa
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Cumplir la voluntad de Dios
Santo Evangelio según san Mateo 12, 46-50. Martes XVI del Tiempo Ordinario
Por: Jose Torres | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, te pido la gracia de poder ser fiel y perseverante en mi vocación de cristiano.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 12, 46-50
En aquel tiempo, Jesús estaba hablando a la muchedumbre, cuando su madre y sus parientes se acercaron y trataban de hablar con él. Alguien le dijo entonces a Jesús: “Oye, ahí fuera están tu madre y tus hermanos, y quieren hablar contigo”. Pero él respondió al que se lo decía: “Quien es mi madre y quienes son mis hermanos?”. Y señalando con las manos a sus discípulos, dijo: “Éstos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumple la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
En el Evangelio de hoy, Jesús no propone una sola cosa que es esencial para la vida de un cristiano, hacer la voluntad de Dios. Es algo que parece simple de decir pero es muy difícil de concretar, mas no imposible cuando se quiere hacer esa voluntad. Debemos tener muy presente que Dios jamás no pedirá algo que no podríamos alcanzar y, por ende, su voluntad es siempre algo que podemos lograr.
Todos los días hacemos cientos de cosas, una cierta cantidad de obligaciones como padres, como hijos, como jefes, como empleados… , pero ahora pensemos cuántas veces las hacemos pero en nuestro interior, antes de comenzarlas, las ofrecemos a Dios como ofrenda y le decimos: «Señor esto es lo que soy, esto es lo que tengo para darte hoy», y seguro el Señor las recibe pues sabe que lo hacemos, no como simples operarios, sino que buscamos hacer su voluntad y, además, lo ofrecemos para nuestra santificación y la de los que nos rodean.
Pidamos a María, el ejemplo más perfecto de quien busco hacer la voluntad de Dios, que nos aliente y nos ayude para poder decir como ella: «Hágase en mi según tu palabra».
«Somos discípulos, pero también somos misioneros y portadores de Cristo allí donde él nos pide estar presentes. Por tanto, no podemos encerrar el don de su presencia dentro de nosotros. Por el contrario, estamos llamados a hacer partícipes a todos de su amor, su ternura, su bondad y su misericordia. Es la alegría del compartir que no se detiene ante nada, porque conlleva un anuncio de liberación y de salvación. María nos permite comprender lo que significa ser discípulo de Cristo».
(Palabras de S.S. Francisco, 8 de octubre de 2016).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy rezaré el Ángelus con la intención especial de pedir a mi madre del cielo que me ayude a cumplir siempre la voluntad de Dios.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Combatir la obesidad ¿es gordofobia?
Es evidente que la aceptación de la propia imagen física no es contraria a la búsqueda de un mejor estado de salud.
Por: Fernando Morales | Fuente: Fernando Morales

El grupo terrorista Estado Islámico reivindica el atentado de Orlando, Florida, que masacró a 50 personas en un club gay. Acto seguido, muchos medios acusan al cristianismo y a la Iglesia por promover el odio hacia los homosexuales. Más allá de lo ridículo de esta reacción, es interesante la resistencia a comprender la postura católica sobre este asunto particular. Baste un símil para explicarnos:
Muchas personas obesas sufren discriminación, burlas y acoso, sobre todo entre los más jóvenes. Pero ¿es injusto o discriminatorio decir que la obesidad es un desorden?
Hipertensión, colesterol, diabetes, cardiopatías, derrames cerebrales, apneas, problemas óseos o de hígado, son algunas de las consecuencias físicas de la obesidad, sin mencionar las psicológicas que se dan en muchas personas obesas, como problemas de autoestima, estados depresivos y otros desórdenes emocionales.
¿El gordito nace o se hace? La mayoría de las personas con sobrepeso no eligieron ser así. Algunos sufren de ansiedad al comer o simplemente son sedentarios. Otros tienen predisposiciones físicas o emocionales. Otros más fueron educados con pésimos hábitos alimenticios. Y lo peor: muchos han intentado cambiar y no lo han logrado.
Por tanto ¿no será mejor desclasificar la obesidad de la lista de enfermedades y comenzar a considerarla un estado normal? Al ser tan común en muchos países, ¿no sería mejor hablar sólo de aceptación social y normalización? Tal vez sería un gran servicio a aquellos que se sienten acomplejados o rechazados por su figura. Abrir la mente a la diversidad es lo que hoy se predica. Se podría pensar en un desfile del «Fat Pride» u «Orgullo Gordo».
Muchos factores influyen en esta condición, y hay muchos tipos de obesidad, pero ante este fenómeno lo importante es ser tolerantes. Ofrecer dietas o terapias para bajar de peso quizá sólo aumente la discriminación; hablar de las consecuencias de la obesidad tal vez contribuya a reafirmar los estereotipos sobre la gordura y las burlas hirientes de los intolerantes. Y sería una crueldad pretender que estas personas vivieran siempre reprimidas con dietas y ejercicios. Obeso: acéptate como eres, sé feliz, vive libremente tu condición…
Hablando en serio: es evidente que la aceptación de la propia imagen física no es contraria a la búsqueda de un mejor estado de salud.
De manera semejante, hoy es un tabú hablar de las consecuencias de la conducta homosexual. Las estadísticas revelan que la esperanza de vida de los homosexuales ronda los 52 años, 20 menos que los heterosexuales, y no por las agresiones homofóbicas. El 78% de las personas que practican la homosexualidad aceptan haber tenido enfermedades de transmisión sexual.
El siguiente párrafo es del informe gubernamental de la CDC de los Estados Unidos, de febrero de 2016:
«Los hombres gay, bisexuales y otros hombres que tienen relaciones sexuales con hombres representan aproximadamente el 2 % de la población en los Estados Unidos, pero son el grupo más gravemente afectado por el VIH. En el 2010, los hombres jóvenes gay y bisexuales (entre 13 y 24 años) representaron el 72 % de las nuevas infecciones por el VIH en todas las personas de 13 a 24 años y el 30 % de las nuevas infecciones en todos los hombres gay y bisexuales. Al final del 2011, un número estimado de 500 022 personas (57 %) que vivían en los EE. UU. y habían recibido un diagnóstico de VIH eran hombres gay y bisexuales, u hombres gay y bisexuales que además usaban drogas inyectables».
Y aquí no se habla con detalle de los desproporcionados porcentajes de drogadicción, alcoholismo y suicidio entre quienes han «salido del armario», lo cual se suele atribuir únicamente a la homofobia, sin querer ver la realidad completa.
Que la Iglesia califique las conductas homosexuales como «pecaminosas» o «antinaturales», según su vocabulario tradicional, tal vez dificulta a muchos comprender lo que esto significa. Así como nadie quiere atacar a las personas con sobrepeso cuando se advierte de los peligros, del mismo modo la Iglesia no quiere humillar a los homosexuales cuando señala el desorden, las consecuencias y peligros de ese estilo de vida, incluso antes de insistir en su aspecto moral, que es lo que más le compete.
El sexo es reproductivo como el comer es nutritivo. Que también tengan un aspecto placentero, innegable y necesario, no es motivo para ponerlo en primer lugar. Desechar lo reproductivo en el sexo es dañino, de manera similar a descuidar lo nutritivo del comer. Sin embargo hoy se promueve el sexo sin procreación y la procreación sin sexo.
Las palabras «matrimonio» y «familia» designan el modo como el ser humano pone su vida al servicio de la sociedad: amando, procreando, educando, cuidando al niño y también al anciano. Querer extender estos conceptos a las relaciones homosexuales es una falsificación. Sería como querer incentivar u otorgar certificados de donación deducibles de impuestos a quienes apuestan en los casinos, porque tienen derecho a usar su dinero como les plazca. Significa equiparar lo que es benéfico y vital para la existencia de la humanidad con lo que es una conducta atípica y estéril, además de peligrosa y dañina para los que la practican.
Respetemos a las personas con sobrepeso, combatamos la discriminación hacia ellos, pero también luchemos contra la obesidad. Amemos a las personas con tendencia homosexual, condenemos la homofobia, pero digámosles la verdad sobre su conducta. Aplaudir o exaltar este estilo de vida no beneficia a nadie, y daña a muchos.